Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     





¿A QUÉ NOS MUEVE EL PESEBRE DE BELÉN?

Lunes 24 – martes 25 de diciembre de 2018, Navidad

Lucas 2,1-14.

 

Carlos Pérez B., Pbro.

 

Cada semana, en las primeras vísperas del domingo, en la Iglesia recitamos un cántico que encontramos en la carta de san Pablo a los filipenses que expresa muy bien el misterio que estamos celebrando en este día.

 

"Tengan entre ustedes los mismos sentimientos que Cristo: El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es SENOR para gloria de Dios Padre”. (Filipenses 2,6-11).

 

Es el misterio de la encarnación del Verbo eterno, del Hijo de Dios que ha vivido en la comunión eterna con el Padre y el Espíritu Santo pero que en un momento de la historia se dignó, por voluntad del Padre, tomar un cuerpo como el nuestro, para vivir fantásticamente la vida humana, como debe ser vivida. Él es nuestro modelo de ser humano, él es nuestra fuerza, nuestra salvación, la gratuidad, la compasión, el amor y la misericordia de Dios.

No celebramos hoy sólo el nacimiento de Jesús en Belén, sino su encarnación. Todo esto empezó en una aldea de Galilea, desconocida y sin renombre llamada Nazaret, cuando el ángel Gabriel se presentó con una jovencita para revelarle que ella sería la madre del Salvador, por el poder de Dios, no por el poder de los hombres. Nueve meses después, a José y a María les tocó andar fuera de casa, fuera de Nazaret, por lo que el Hijo eterno de Dios tuvo que nacer en el más absoluto desamparo social y económico. Nos produce escalofríos meternos en los zapatos de esta pareja tan sencilla y tan creyente. Nos estremece que hayan tenido que buscar un lugar donde dar a luz al pequeño Jesús y que se hayan tenido que refugiar en un portal, posiblemente donde había animales domésticos puesto que estaba ahí un pesebre, una especie de cajón donde se le pone pastura a los animales para que coman.

¿Qué nos inspira el nacimiento de Jesús en un pesebre, a qué nos mueve? Es posible que para todo mundo el pesebre de Belén les inspire sentimientos de ternura, nada más, que los mueva al romanticismo. Pero a nosotros los creyentes nos llama a la conversión. Si no siendo dioses tenemos aspiraciones de ser como tales, o de vivir como tales, el movimiento descendente del Hijo de Dios, nos cautiva, nos mueve a hacer lo mismo, a tomar el mismo camino, a seguir los pasos de Jesucristo, desde su concepción, nacimiento, caminos de Galilea, hasta su crucifixión. ¿No es así?

 

 

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