Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     





(Trabajemos para que todos nuestros católicos escuchen a Jesús en los santos evangelios, como María, la modelo del discípulo. El Papa Francisco nos pide: "tomemos el Evangelio en la mano, cada día un pequeño pasaje para leer y releer”. 24 enero 2022).

 

DISCÍPULOS EN LA ESCUCHA DEL MAESTRO

Domingo 17 de julio de 2022, 16° ordinario

Génesis 18,1-10 y Lucas 10,38-42.

Carlos Pérez B., pbro.

 

Si me permiten hacerle al fatuo (ver 2 Corintios 11,16), les diré que, estos pasajes del Génesis y de Lucas, me remiten a mis años de cura rural, especialmente en La Perla y en Ojinaga, pero también en San Lorenzo, Belisario Domínguez y otras parroquias urbano-rurales. Cuántos hogares, cuántas mesas, cuántos cueros duros (así le llamaba la gente del campo a las camas (‘le ofrezco un cuero duro para que pase la noche’) me tocó compartir, o que ellos compartieran conmigo. Casas tan acogedoras como la sombra de aquellos árboles a las afueras de la tienda de Abrahán, como aquella casita de Martha y María que Jesucristo encontró a su paso hacia la ciudad de Jerusalén, hacia su entrega de la vida. Y su compartir no se reducía a los muebles y a los alimentos, sino a su conversación, su espíritu de pobres, su sencillez, sus personas. Cómo agradezco a Dios aquellos años, aquellas casas, aquellas gentes. Me engañaría a mí mismo si dijera o pensara que yo ocupaba el centro de su atención. Claro que ellos acogían a Jesús, mi representado, yo era un simple portador de esa buena Noticia. Pero era yo el que aprovechaba los frijolitos tres veces al día, con tortillas hechas a mano.

No dice san Lucas que se tratara de Betania, como lo consigna san Juan (12,1), sino al parecer de algún pueblito entre Samaría y Judea, por el camino del Jordán.

¿No nos parece fantástica la manera de presentarse de Jesucristo entre nosotros? No viaja como los reyes de aquel tiempo, arropado por ejércitos, no lo hace como un político o una persona del Dinero, rodeado de guaruras; no es un eclesiástico encumbrado que es recibido con honores y comitivas para adentrarlo en el pueblo. ¡Es el Hijo de Dios! Ya le habían negado hospedaje en un pueblito de samaritanos (ver Lucas 9,53). Y ahora sí hay unas mujeres que con gusto lo reciben en su casa. Es un pobre de Nazaret que viaja a pie como todo peregrino.

En Martha y María nos vemos a nosotros mismos, no sólo en cuestiones de fe sino también humanas. Quien se enfrasca en sus quehaceres como Martha, es papá y mamá que trabajan mucho para sus hijos, por ofrecerles todo lo que materialmente necesitan, pero les conceden poco tiempo para escucharlos, para atender sus sentimientos, para alimentar su fe.

Martha son todos aquellos seres humanos que sólo se hacen espacio para los trabajos exteriores. Son muy serviciales pero se dedican poco a las personas. En cambio, María son todos aquellos seres humanos o creyentes que acogen a la persona y ponen su corazón ella.

Qué bella imagen la de María, la que se sienta a los pies del Maestro para escuchar su palabra. Eso es lo que todos los obispos y sacerdotes, incluidos nuestros líderes laicos, tenemos que fomentar en todos los católicos: sentarse a los pies de Jesús para escuchar su palabra, la mejor parte, la única.

Estamos dejando pasar mucho tiempo del Concilio para acá. ¿Por qué no les pedimos a todos los católicos que por encima de sus rezos (ciertamente que son buenos y necesarios, pero…) dediquen por lo menos unos diez minutos diarios a leer una página o un capítulo de los santos evangelios? Invitémoslos constantemente, de una y de otra manera, insistentemente, a tiempo y a destiempo (ver 2 Timoteo 4,2), en misa, en cada funeral, en cada bautismo, en nuestros encuentros y conversaciones personales. El verdadero discípulo es aquel, aquella que escucha a Jesús como María, la modelo del discípulo. El 95% de nuestros católicos ni siquiera saben que la Biblia tiene cuatro evangelios. Favorezcamos que se vayan haciendo poco a poco discípulos de Jesús.

No se trata de meramente leer unas páginas sagradas, de lo que se trata es de entablar una relación viva de escucha con el Maestro. Quien entra en los santos evangelios se encuentra con una Persona, una persona que habla, que educa, que forma, que conduce, que fortalece, que ofrece la gracia y el amor de Dios Padre, que nos hace entrar en el proyecto del reino, que también de vez en cuando regaña. En los evangelios te encuentras con un Jesucristo vivo, no con una imagen plástica que no te habla. (Y considero que las imágenes son muy bellas y catequéticas).

Si me permiten el comercial, les diría que el p. Antonio Chevrier, que le tocó vivir una espiritualidad y religiosidad muy anterior al Concilio Vaticano II, a diferencia de las espiritualidades preconciliares que tiene tantas nuestra Iglesia, este fundador del Prado contó con esa clarividencia que le venía de Dios, de dejarnos el Estudio de Jesucristo en los santos evangelios y toda la Biblia. No se apoyaba en revelaciones místicas (aunque claro que él sí lo era) sino en lo que encontraba con toda sencillez en los santos evangelios, eran su alimento cotidiano, como lo debe ser para todo católico. Decía: "Quiero escuchar tu divina palabra porque sé que viene del cielo. Quiero escucharla, meditarla, ponerla en práctica, porque en tu Palabra está la vida, la alegría, la paz y la felicidad”.

 


 

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