Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     




("Testigos, ciertos buenos campesinos, algunos buenos obreros, algunas buenas obreras, mujeres que enseguida comprenden las cosas de Dios y saben explicarlas mejor que muchos otros”. Beato Antonio Chevrier, El Verdadero Discípulo, p. 218).

 

LOS POBRES, LOS ELEGIDOS DE JESÚS

Domingo 17 de noviembre de 2024, 33° ordinario, ciclo B

Daniel 12,1-3; Marcos 13,24-32.

Carlos Pérez B., Pbro.

 

Celebramos la jornada mundial de los pobres, por convocatoria del Papa Francisco. Lo hacemos para tomar conciencia del lugar que deben tener los pobres en nuestra vida y en nuestra espiritualidad cristiana. La evangelización de los pobres es el signo más claro de la auténtica misión (mesianismo) de Jesucristo y de todo cristiano: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos…” (Lucas 4,18). ¿Por qué esta decisión de Dios? Porque así es como aparece más nítida la misericordia de Dios nuestro Padre, manifestada en la persona de Jesucristo, y a manifestarse también en nosotros. El amor de Dios se muestra con toda su gratuidad en ellos, en los pobres, los pecadores, los pequeños, los últimos. Y así nos lo enseña Jesucristo: porque no tienen con qué pagarte, porque no tienen méritos con qué corresponder, es sólo por el amor de Dios (ver Lucas 14,13). El lema de este año es: "La oración del pobre sube hasta Dios” (Eclesiástico 21,5).

No son los rezos los que nos distinguen como cristianos, sino la caridad con los más necesitados. Esta jornada no es para idealizar a los pobres, son tan humanos como nosotros, pero si este mundo no pone sus ojos en los excluidos, en los que están al margen de la sociedad, estaremos perdidos. Los católicos tenemos que aprender poco a poco a vivir como vivió Jesucristo su vida. Para ello lo tenemos que estudiar en los santos evangelios.

 

En el capítulo 13 san Marcos nos sitúa en la ciudad de Jerusalén, en su santo templo, el único que tenía la religión judía, el que supuestamente le daba unidad al pueblo. Los invito a ustedes a leer todo el capítulo completo. Jesús había llegado desde Galilea para vivir un enfrentamiento con esa estructura material, legalista, cultualista, excluyente centralizada en el templo. Nosotros hemos venido caminando detrás de nuestro Maestro. Uno de sus discípulos, al salir del templo, le dice a Jesús: "Maestro, mira qué piedras y qué construcciones”. Es como cuando alguno de nosotros visita una gran ciudad y se queda admirado por sus construcciones grandiosas. Pero Jesús, mirando al templo, les hace un anuncio sorprendente: "¿Ves estas grandiosas construcciones? No quedará piedra sobre piedra que no sea derruida”. Los judíos tenían en mucho aprecio el templo de Jerusalén porque era el signo visible de su presencia en medio de ellos. Así se lo enseñaban sus escribas. El anuncio de Jesús no se refiere solamente a esa construcción material, sino a toda la estructura religiosa. Porque, tal como lo leemos en san Juan 2, este templo como centro de la religión, sería sustituido por la persona de Jesús, el Hijo de Dios. Por eso, esta enseñanza termina refiriéndose a su persona, el culmen, el fin de la obra de Dios.

En realidad, el fin de nuestra caminata detrás de Jesús, no era la ciudad de Jerusalén, sino el reino de Dios, el que Jesús anunció como profeta y con toda su persona, el reino que él encarnó, el reino que hizo presente en cada uno de sus milagros, es decir, la transformación radical y completa de cada uno de los seres humanos y de toda la humanidad en conjunto.

En este capítulo 13, Jesús nos habla de calamidades, guerras, persecuciones, engaños, todo lo que en triste realidad hemos vivido a lo largo de la historia y estamos viviendo hasta nuestros días. Es que a los hombres nos cuesta entrar en el entendimiento del camino que nos puede conducir a la salvación, a la armonía, a la plena felicidad: Jesucristo nuestro Señor. Falta de entendimiento que hemos experimentado en carne propia en nuestra caminata desde Galilea, por eso nos ha llamado fuertemente la atención nuestro Maestro: ‘¿todavía no entienden? ¿Tienen ojos y no ven?’ Queriendo encontrar nuestra propia felicidad, nos damos topes en la pared y empeoramos las cosas, porque la verdad es que estamos volteados cada quien hacia sí mismo. Por ahí no es. Jesucristo es nuestro camino, el que no vino para recibir culto sino a servir.

La buena noticia (evangelio) de hoy es esta frase que hemos escuchado: "entonces verán al Hijo del hombre que viene entre nubes con gran poder y gloria” (Marcos 13,26). El reinado de Jesús, el establecimiento de su poder y de su gloria, es lo que vamos a celebrar el próximo domingo, la meta de nuestro caminar, la fiesta de Jesucristo rey del universo. No será un gobierno humano, de esos que ya nos tienen hasta el copete, porque sólo buscan sus intereses, sino el reinado del amor, de la paz de Dios, de su gratuidad, de su justicia, de su verdad, el reinado donde los pobres tengan su lugar de privilegio. Estos valores ya los estamos viviendo de manera real, aunque no plena. Si no los vivimos, entonces no somos cristianos.


 

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