Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     




DAR TESTIMONIO DE JESÚS CON TODA LA PERSONA

Domingo 2° ordinario, 18 de enero de 2026

Isaías 49,3-6; Mateo 3,13-17.

 

Juan 1,29-34.-

En aquel tiempo, vio Juan el Bautista a Jesús, que venía hacia él, y exclamó: "Éste es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo he dicho: ‘El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo’. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua, para que él sea dado a conocer a Israel”.

Entonces Juan dio este testimonio: "Vi al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y posarse sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja y se posa el Espíritu Santo, ése es el qué ha de bautizar con el Espíritu Santo’. Pues bien, yo lo vi y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios”.

 

Un comentario. -

En la liturgia, se le llama tiempo ordinario al espacio que hay entre el tiempo de navidad y la cuaresma, lo mismo que al que se da entre el tiempo de pascua y el adviento. Así es que lo hemos comenzado el pasado lunes. Hoy comienza la segunda semana del tiempo ordinario.

El presente año litúrgico estamos leyendo los domingos, preferentemente pasajes del evangelio según san Mateo. De los 52 domingos de este año litúrgico, leeremos 40 a san Mateo. Les pregunto: ¿Ya le hemos dado una leída a este evangelio completo? Este evangelio tiene 28 capítulos. Qué de desear sería que todos los católicos recorriéramos esas páginas sagradas, no sólo una vez, sino siempre, para encontrarnos ahí con Jesucristo, un Maestro que nos habla, que nos enseña, que nos enseña a vivir como Dios quiere, para entrar en sus caminos de salvación, de la salvación de todo nuestro mundo. Decirlo de esta manera suena como muy devocionista, pero Jesucristo no se va por ahí, nos dirá que la prioridad de nuestra vida cristiana es la caridad, si queremos ser parte del reino de Dios, y ahí Jesús nos envía a todo el mundo a llevar su buena noticia.

Pero hoy no leemos a san Mateo, sino a san Juan. Siempre, el segundo domingo ordinario, comenzamos con un pasaje de san Juan para luego quedarnos con el evangelio sinóptico correspondiente. Ahora nos toca acoger el testimonio de Juan Bautista. Parece como una repetición del pasaje que escuchamos el domingo pasado en san Mateo: el bautismo de Jesús en el Jordán. Si examinamos ambos textos con cuidado, nos damos cuenta que san Mateo dice que Jesús sí fue bautizado por Juan, y el evangelista san Juan no nos dice que fue bautizado sino sólo que el bautista dio testimonio de Jesús.

Veamos. Juan el bautista fue, con toda propiedad un testigo de Jesucristo. La palabra ‘testigo’ se dice en griego ‘mártir’. El Bautista puso toda su persona al servicio de Jesús, para que fuera conocido por el pueblo. Desde antes de nacer, en el vientre de Isabel, saltó de alegría, según san Lucas, cuando recibió la visita del Salvador en el vientre de la virgen María. Y ya de grande, en vez de irse a servir en el culto, en el templo de Jerusalén, mejor se fue al desierto, a vivir una espiritualidad profunda en completa renuncia a sí mismo, con toda clase de privaciones. Luego bajó al Jordán para servir a Dios y al pueblo como profeta, de los buenos profeta, para llamar a la conversión o cambio radical de vida, a los pecadores que se le acercaban, y bautizarlos. Finalmente entregó su vida, sin disfrutar materialmente de ella, cuando el rey Herodes lo mandó decapitar.

Con total coherencia de vida, porque no era una persona religiosa superficial, de rezo y devoción, predicó a la persona de Jesús, lo que debemos hacer todos los cristianos, anunciar a Jesús al mundo, a todos los que nos rodean, y hacerlo no sólo de palabra, sino con toda nuestra persona.

Lo nuestro no es predicarnos a nosotros, ni la Iglesia ha de predicarse a sí misma. ¿Qué le podemos presentar al mundo, a este mundo no creyente si nos predicamos a nosotros? Nuestras limitaciones y fragilidades irían por delante. Mejor le presentamos al mundo a este ser excepcional que es Jesucristo, tal como lo encontramos en los santos evangelios, no en nuestra imaginación, no según nuestras estructuras eclesiásticas. Le llevamos al mundo a este galileo pobre, que nació en un portal de Belén, desamparado social y económicamente; le presentamos al mundo a este galileo que fue rechazado por los principales del pueblo como un criminal. Nosotros también decimos como Juan: "Éste es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo”. Es el hombre más espiritual del planeta y de la historia, porque es un hombre que se deja conducir enteramente por el Espíritu de Dios. Nosotros también afirmamos, porque lo conocemos en los santos evangelios, no sólo porque hemos oído comentarios sobre él: "Éste es el Hijo de Dios”.

Así expresa Juan Bautista su misión de toda su vida: "para que él sea dado a conocer a Israel”. Todos los cristianos-católicos hemos de vivir nuestra vida en esa dirección: dar a conocer a Jesús a todo el mundo. Por eso hemos de ser asiduos estudiosos de los santos evangelios, asiduos estudiosos de la Persona de Jesús. No nos conformemos con ser católicos meramente devotos, o de devociones y de rezos. Nuestra religión no es ésa. También nosotros, al estudiar a Jesucristo en los santos evangelios, nos convertimos en verdaderos testigos de Jesucristo, mártires con toda propiedad. Le llevamos al mundo nuestra convicción de Jesucristo, tal como lo conocemos en los santos evangelios, ese pobre galileo marginado y amigo de los marginados, es la salvación, el camino de la salvación para todos.

 

Su hermano: Carlos Pérez B., Pbro.

 


 

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