Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     




EL REINO DE LA VIDA SE HACE A PARTIR DE LOS POBRES

Domingo de Resurrección, 4-5 de abril de 2026

 

El Evangelio: Mateo 28,1-10.-

Transcurrido el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. De pronto se produjo un gran temblor, porque el ángel del Señor bajó del cielo y acercándose al sepulcro, hizo rodar la piedra que lo tapaba y se sentó encima de ella. Su rostro brillaba como el relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve. Los guardias, atemorizados ante él, se pusieron a temblar y se quedaron como muertos. El ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: "No teman. Ya sé que buscan a Jesús, el crucificado. No está aquí; ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde lo habían puesto. Y ahora, vayan de prisa a decir a sus discípulos: ‘Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de ustedes a Galilea; allá lo verán’. Eso es todo”.

Ellas se alejaron a toda prisa del sepulcro, y llenas de temor y de gran alegría, corrieron a dar la noticia a los discípulos. Pero de repente Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas se le acercaron le abrazaron los pies y lo adoraron.

Entonces les dijo Jesús: "No tengan miedo. Vayan a decir a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allá me verán”.

 

Un comentario. -

La Palabra que hemos escuchado es abundante y muy rica. Les recomiendo que la lean en su lectura personal, aprovechando estos días de la semana santa. Primero está Mateo 21: la entrada de Jesús a Jerusalén, acompañado de su gente desde Galilea. La primera lectura es el tercer cántico del Siervo de Yahveh, en Isaías 50. Esta semana repasaremos los cuatro cánticos del Siervo: el primer cántico, el lunes; el segundo cántico, el martes; el tercer cántico, hoy domingo y el miércoles santo; el cuarto cántico, el viernes santo. El salmo responsorial de hoy fue el salmo que comenzó recitar Jesús ya crucificado, según san Mateo y Marcos: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” La segunda lectura es uno de los tres himnos cristológicos de san Pablo. El de ahora es Filipenses 2. Y la pasión son casi dos capítulos del evangelio según san Mateo. No hay espacio para comentar toda la Palabra proclamada y escuchada.

Yo sólo quiero acentuar esto:

Sobre la pasión, muerte y resurrección de Jesús se pueden hacer varias lecturas, como también de todo su ministerio y de su vida encarnada, todas muy legítimas. Por ejemplo, san Pablo, en sus cartas, hace su propia lectura de la pascua de Cristo, así como la carta a los Hebreos, o el Apocalipsis; también los santos padres, los primeros siglos del cristianismo, o la Iglesia medieval, y no se diga nuestra Iglesia, en estos tiempos modernos, el magisterio, los pensadores actuales, la teología de la liberación. Pero lo necesario, es ir a las raíces, a los santos evangelios. ¿Cómo nos presentan éstos el ministerio y la entrega de la vida de nuestro Señor?

Jesucristo vino a este mundo con una misión encomendada por Dios nuestro Padre: el inicio y establecimiento de su Reino. Repasemos los santos evangelios y constatemos cómo insiste nuestro Señor en esa encomienda: "comenzó Jesús a predicar y decir: Conviértanse, porque el Reino de los Cielos ha llegado” (Mateo (SBJ) 4,17). Con esta clave hay que leer toda la labor de Jesús: su predicación, sus parábolas, sus milagros, sus encuentros con las multitudes, sus conflictos, su pasión y crucifixión, su resurrección. La voluntad del Padre es la construcción de un reino de paz, de amor, de justicia, de fraternidad universal. En otras palabras, la edificación de un mundo nuevo, de una humanidad nueva, como Dios, desde el principio de la creación lo ha querido. Jesucristo predicó y vivió e hizo vivir a aquellas gentes ese Reino, de manera inicial y entusiasta: ahí están sus milagros, sus parábolas: qué bellas experiencias anticipadas del Reino vividas entre los pobres, los pecadores, los excluidos.

Si ésta ha sido la voluntad del Padre, el Hijo la ha vivió con todas sus consecuencias. Se entregó plenamente a transformar su entorno como un signo de lo que Dios quiere universalmente. Los seres humanos, de muy diversas maneras a lo largo de los siglos, nos hemos opuesto a los planes de Dios. Así lo tuvo que vivir y sufrir nuestro Señor Jesucristo. La pasión y la muerte en cruz, como lo hemos escuchado en estos dos capítulos del evangelio, fue la consecuencia de esta firme decisión de cumplir con el proyecto del reino del Padre, como salvación para todos los seres humanos.

Así como lo vivió Jesucristo, con toda su persona, lo hemos de vivir todos nosotros, sus discípulos. Jesucristo nos invitó a colaborar en ese proyecto con esta palabra: Síganme.

 

Su hermano: Carlos Pérez B., Pbro.


 

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