("Es preciso que se vea a Jesucristo en nuestro exterior, en nuestro
estilo, en nuestra compostura, en nuestra palabra, en nuestras acciones, en
nuestras manos, en nuestros pies, en nuestro ojos, nuestra cabeza, en todo
nuestro ser, porque todo nuestro ser debe revelar a Jesucristo y esparcir el
buen olor de sus virtudes”. Beato Antonio Chevrier, El
Verdadero Discípulo, p. 198).
A DIOS LE PERTENECE TODO
Domingo 29° ordinario - A, 18 de octubre de 2026
Mateo 22,15-21.-
En aquel tiempo, se reunieron los fariseos para ver la manera de hacer
caer a Jesús, con preguntas insidiosas, en algo de que pudieran acusarlo.
Le enviaron, pues, a algunos de sus secuaces, junto con algunos del
partido de Herodes, para que le dijeran: "Maestro, sabemos que eres sincero y
enseñas con verdad el camino de Dios, y que nada te arredra, porque no buscas
el favor de nadie. Dinos, pues, qué piensas: ¿Es lícito o no pagar el tributo al
César?”
Conociendo Jesús la malicia de sus intenciones, les contestó:
"Hipócritas, ¿por qué tratan de sorprenderme? Enséñenme la moneda del tributo”.
Ellos le presentaron una moneda. Jesús les preguntó: "¿De quién es esta imagen
y esta inscripción?” Le respondieron: "Del César”. Y Jesús concluyó: "Den,
pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”.
Un comentario. -
Después del encuentro conflictivo de Jesús con los sumos sacerdotes y
los ancianos del sanedrín, como lo hemos escuchado en los domingos pasados, y mientras
ellos se van para tramar su muerte, enseguida se presentan los fariseos junto
con los partidarios de Herodes para ponerle una prueba. Después de algunos
falsos halagos, le preguntan por el impuesto al César, ¿lo considera lícito o
no? El pueblo de Israel, como todos los pueblos conquistados, tenían que pagar
impuestos a Roma. ¿Qué piensa la religión de eso?
La trampa consistía en poner a Jesucristo entre la espada y la pared: o
te manifiestas en contra del César y de Roma, y los herodianos te pueden acusar
de eso ante las autoridades romanas impuestas, o te muestras a favor de Roma, y
con eso te pones en contra de los pobres, de los oprimidos, y de la misma
religión judía.
Los falsos halagos dirigidos a nuestro Maestro en realidad a nosotros
nos parecen verdades incontrovertibles. Cualquier cristiano los afirmaría
categóricamente: "eres sincero”,
claro que sí; "enseñas con verdad el
camino de Dios”, claro que también, por eso estudiamos todos los días los
santos evangelios; "nada te arredra
porque no buscas el favor de nadie”, pues así contemplamos a Jesús, no
busca el favor de nadie, no busca quedar bien con las gentes del poder o del
dinero, hasta con el pueblo es claridoso y directo. Y nosotros diríamos muchas
cosas más de nuestro Maestro: eres un hombre libre, libre de toda atadura
humana, eres profundo en tu ser y en tu obrar, eres el camino, la verdad y la
vida, eres la luz del mundo, etc., etc.
Por eso precisamente Jesús les dice "hipócritas”, porque conoce bien sus
intenciones. No necesita Jesús que le lancen adulaciones para contestarles con
toda franqueza. La respuesta de Jesús es de una sabiduría impresionante que
nosotros tenemos que analizar, entender y acoger con su misma profundidad.
Les pide la moneda con que pagan el impuesto al imperio romano. Esa
moneda de un denario traía la imagen y la inscripción de "Tiberio divino
César”. La frase lapidaria de Jesús, "den al César lo que es del César, y a
Dios lo que es de Dios”, se ha hecho sumamente famosa, con la cual los
políticos, y los partidarios del poder político, que no saben nada de Biblia,
pretenden decirnos que el mismo Jesús está separando claramente la religión y
la política, como si la intención de Jesús hubiera sido que la religión se
practicara en lo privado de la casa y de los templos, y las realidades de
afuera, nada tuvieran que ver con la religión. ¿Estamos de acuerdo con esto
último?
Desde luego que nuestro Señor no está diciendo que hay que separar la
religión de la política. Esto es completamente ajeno al cristianismo, como
también al judaísmo, al islam y a nuestras religiones americanas de antes de la
conquista. Todos queremos vivir la vida, en sus muy diversos aspectos, con
integralidad, con coherencia, no con esquizofrenia. En el Concilio Vaticano II,
dejaron dicho los obispos ahí reunidos, en 1965: "Los gozos y las esperanzas,
las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de
los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y
angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no
encuentre eco en su corazón” (Documento Gaudium et Spes, # 1).
Jesucristo va a lo profundo, y cada quien, según sus convicciones, tiene
que responder, no tanto con pensamientos o palabras, sino con toda su vida: ¿Qué
es lo que le pertenece al César, a los mandatarios políticos? Nosotros decimos
que sólo su sueldo, si es que trabajan, y no un sueldo elevado, porque no lo
merecen más que el pueblo sencillo que batalla para ganarse el pan de cada día.
Lo que sí afirmamos contundentemente es que el mundo, la naturaleza, esta
maravillosa creación, no le pertenece al poder mundano, sino a Dios. Las
personas, sus derechos humanos (que se tienen mucho antes que las leyes e
instituciones temporales), la vida, desde su concepción hasta su muerte
natural, la espiritualidad (no sólo la religiosidad), el matrimonio, la
familia, niños y niñas, su felicidad, su futuro, educación, el trabajo, etc.,
etc., todo le pertenece a Dios. Ésta es la respuesta de todo cristiano.
Su hermano: Carlos
Pérez B., Pbro.