Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     


 
ANTECEDENTES COMO OBISPO
 
Chihuahua recibió la noticia de un coadjutor para monseñor Almeida con cierta sorpresa. A don Adalberto le faltaban todavía dos años y medio para presentar su renuncia canónica al gobierno de la diócesis y, además, gozaba de buena salud. Pero siendo un pueblo obediente a la Santa Sede, todos aceptamos al nuevo obispo con la típica hospitalidad chihuahuense y sin ninguna clase de prejuicios contra su persona, ya que ni siquiera se le conocía.
 
Muy pronto, sin embargo, comenzaron a circular en Chihuahua informaciones que nos hicieron sentir a muchos al temor de que JFA no era "el más adecuado ni el más garante de la continuación del Plan de Pastoral que durante los últimos 20 años ha guiado a los católicos de esta arquidiócesis”, como escribió entonces un periodista, del cual vamos a reproducir el siguiente texto:
 
"Las razones de tal hipótesis pueden resultar tan relativas como el testimonio de 4 sacerdotes: Uno capellán, otro académico; uno más, párroco, y otro, miembro del Consejo Presbiteral, todos de la diócesis de Colima (la diócesis de donde venía JFA) Ellos aseguran que de los 100 integrantes del presbiterio de esa diócesis, presidida durante 8 años por el Obispo José Fernández Arteaga, por lo menos la mitad coinciden en la misma actitud de impugnación, cuestionamiento o rechazo a la conducta pastoral de quien el próximo miércoles 25 será presentado en la catedral metropolitana de esta capital, como nuevo obispo coadjutor de la arquidiócesis, con derecho a sucesión. Los entrevistados, de tres lugares distintos de la diócesis de Colima, coinciden en mucho: ‘Estamos felices porque monseñor se va, pero estamos tristes por lo que les espera a ustedes’. Apenas iniciado el contacto, sin mayor protocolo y como si les diera lectura, uno de los presbíteros inició, sin piedad, las revelaciones que los otros secundaron al referirse al que ha de venir:
 
· Va como palero del PRI.
· Miente; se desmiente.
· Es muy indiscreto.
· No pone interés en la evangelización y le disgusta que sus sacerdotes estudien.
· Trata con mucha saña a las religiosas. Las ve como segundonas y les da trato de sirvientas.
· Desde que llegó, hace 8 años, suprimió todo tipo de informe de la economía diocesana.
· Colocó a muchos de sus allegados en parroquias pingües. Sostenía que el sacerdote que no ahorrara por lo menos 800 mil pesos (viejos) al mes, fuera de sus gastos habituales, era un tonto.
· Periódicamente recibe dinero del gobernador del estado Elías Zamora Verduzco para remodelar su casa episcopal.
 
La lista siguió... Los sacerdotes y algunos laicos de Cursillos de Cristiandad y de Comunidades Eclesiales de Base, continúan hablando de quien les deja: ‘Aquí dejó mucho sufrimiento’, ‘con su salida se nos acabó por fin la expiación de nuestros pecados’.
Más cauto en la intención, uno de los presbíteros aseguró: ‘Monseñor es honesto en cuanto que actúa lo que alcanza a ver’, pero de inmediato apostilló: ‘El problema estaría en lo poco que alcanza a ver’...
Desde que llegó a Manzanillo, sede de la diócesis colimense, su praxis pastoral fue lo que algunos consideran el reflejo de lo que vivió como cura párroco en Tulancingo, Hidalgo, ‘donde hay una excesiva veneración al sacerdote al que consideran muchos como amo y señor’. A los cursillistas les hacía entender que el sacerdote y el obispo son prácticamente sus dueños, según la expresión de un laico del movimiento cursillista.
Monseñor Fernández se hizo de tres hermanas religiosas para que le sirvieran como sus cocineras particulares de tiempo completo en su residencia, afuera de la cual tiene tres automóviles para su servicio...
Continúa el testimonio: ‘Tiene una visión muy especial. Siempre le interesa más mantener las cosas como están para conservar su imagen allá arriba (con la alta jerarquía)’. ‘En el reciente Sínodo, que concluyó en octubre pasado, siempre que platicaba con nosotros no era para animarnos sino para controlarnos’.
Aseguran que un día por fin nombró una especie de vicario para las Comunidades Eclesiales de Base pero que en vez de animarlo a que las promoviera, le dijo claramente que quería que se dedicara a controlarlas.
Otro de los presbíteros que más relación tiene con los laicos colimenses relata que al obispo ‘no le interesa dar pasos ni tomar decisiones para tomar rumbos nuevos; él quiere las cosas tal y como ya están. A todos, sacerdotes y laicos, con frecuencia nos dice que sí, pero en la práctica no hay nada’. ‘Para nosotros es algo muy triste’, insiste alguno, al tiempo que los demás ilustran con hechos:
 
· En Aquila, Michoacán, antes de que se formara la diócesis de Lázaro Cárdenas, un grupo de sacerdotes tomó la defensa de varias comunidades indígenas ante abusos del Grupo Monterrey. La reacción del obispo fue de condena a los sacerdotes a quienes calificó de comunistas.
· A pesar de que casi todo el presbiterio le pedimos que publicara una carta denunciando el creciente narcotráfico en nuestra región, el Obispo se negó a hacerlo.
· Las religiosas de la Congregación de Damas del Sagrado Corazón, que en Copala realizaban importantes labores de promoción integral, fueron corridas por el obispo en junio pasado.
· No sólo las CEB sino grupos tan institucionales como los cursillistas, fueron materialmente ignorados por el alto mando eclesiástico.
· Cuando algunos sacerdotes le confiábamos opiniones, especialmente contra el gobierno, él se las contó al delegado apostólico Jerónimo Prigione...
· El obispo Fernández Arteaga pidió audiencia con el entonces candidato Salinas de Gortari y desayunó con Miguel de la Madrid”. Un retrato ciertamente poco halagüeño el que nos trazaron nuestros hermanos de Colima, pero ¡qué ajustado a la realidad! En Chihuahua, con tristeza, iríamos comprobando al paso del tiempo que ni los colimenses ni el reportero exageraban. Todo se repitió como si fuera una copia. Posteriormente, cuando chihuahuenses tenían ocasión de entablar algún contacto con gente de Colima, sea en visitas a esa entidad, sea en encuentros pastorales en algún otro punto de la República, el comentario invariable de los colimenses era el mismo: "¡Gracias a Dios que nos libramos de él, pero ¡Pobres chihuahuenses”! Uno te tantos ejemplos es el testimonio dado por un conocido profesionista de Chihuahua, católico practicante y padre de un sacerdote, quien por otra parte trató siempre de llevar buenas relaciones con JFA. En una ocasión que visitaba Colima, le expresaron: "Durante un año estuvimos haciendo oración para que se lo llevaran de aquí”.
 

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