Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     


 
ESPIRITUALIDAD
 
Suele suceder que cuando una persona carece de los grandes valores fundamentales de la vida que conforman una personalidad realizada, y sobre todo realizada dentro del cristianismo, sustituye esos valores auténticos por otros valores de relumbrón. En otras palabras, cuando no se ha puesto énfasis en el ser, entonces se desarrolla más el tener. Cuando faltan los valores interiores, se desarrollan más los exteriores. Esta es una característica en JFA. A falta de una autoridad moral, subraya su autoridad jurídica hasta la exacerbación para hacerse valer. Su apego al lujo, a la comodidad, al prestigio social, a relacionarse con gente de dinero y sobre todo de poder, son sustitutos de otros valores de que carece. En estas actitudes y en la manera en que trata a la gente se nota su falta de espiritualidad.
 
Falta de oración Por otra parte, a JFA no lo ven sus sacerdotes como un hombre de oración.
 
No se le ve nunca en esa actitud, ni con la Liturgia de las Horas en las manos. A sus sacerdotes los apremia para que hagan retiros y ejercicios espirituales, pero él nunca los acompaña en ellos. A lo más va a checar quien los está haciendo, pero no participa con ellos. A propósito de esto, en la última tanta de ejercicios, realizada en Torreón, JFA sorprendió a los participantes al entregarle a cada uno un diploma en que constaba que había hecho los ejercicios. No se supo cuál era la finalidad de ese diploma: si era una forma encubierta de controlar quién había ido o una felicitación por haber ido. De todos modos, es un detalle inédito que más bien se prestó a broma entre los presentes y los ausentes. Pero aparte del rezar o no rezar, o si lo hace en privado cuando nadie lo ve, ¿no es una prueba manifiesta de falta de espiritualidad todo lo que se ha dicho en este libro-testimonio sobre su manera de tratar a la gente, su falta de ímpetu apostólico, su amor al lujo, su carácter vengativo, su falta de humildad para reconocer sus errores y corregirlo, etc. etc.?
 
Remodelación de la Curia Diocesana

Su forma ostentosa de vida es evidente. Apenas tomó posesión de la diócesis, en 1991, lo primero que hizo no fue organizar la pastoral, potenciar la unidad, la espiritualidad, la evangelización, sino que se dio con todo entusiasmo a remodelar las oficinas de la Curia Diocesana y la casa en que iba a vivir. De las oficinas de la Curia se dijo en aquel momento que eran unas de las más lujosas de la ciudad, capaces de rivalizar con las oficinas de las principales empresas de la ciudad.
 
Exigencias para una casa

Unos hermanos decidieron donar a la arquidiócesis su casa de familia, en la que habían vivido ellos con sus padres cuando éstos vivían. Una casa muy bella y confortable. JFA aceptó la donación y decidió irse a vivir a esa casa, pero antes pidió a los donantes que le hicieran ciertas modificaciones, entre ellas, sustituir la reja que protege la casa por una barda que la sustrajera a los ojos de la gente, así como la instalación de una tina de agua caliente o jacuzzi. Esto provocó entre JFA y los dueños una diferencia de pareceres, pues éstos deseaban que la casa se mantuviera sin modificaciones, al menos mientras ellos vivieran. Todo este asunto trascendió y mucha gente se escandalizó, pues interpretó el hecho como una falta de sencillez del obispo y como una señal de su tendencia al lujo y a la comodidad. Incluso algunos de los vecinos se comenzaron a sentir "nerviosos” por la perspectiva, indeseable para ellos, de tener como vecino a JFA. Otras personas pasaron de los simples comentarios rasposos y se atrevieron a escribir a JFA una carta, fechada el 2 de junio de 1999, con copia al nuncio. Transcribimos esa carta:
 
"Excmo. Sr. Arzobispo: Somos un grupo de católicos de la ciudad de Chihuahua y hace poco nos enteramos que usted y unas religiosas irán pronto a vivir en la casa que fue de don Federico y Doña Margarita Terrazas, situada en la calle Ernesto Talavera de esta ciudad. Mientras admiramos el gesto noble y generoso de los señores Terrazas en donar la propiedad para uso y beneficio de la arquidiócesis, debido a unos comentarios negativos, no nos parece oportuno que se use como casa-habitación, ya que usted dispone de una residencia que fue hecha con la aportación de los fieles de Chihuahua y las religiosas que están al servicio del Arzobispado, tienen también una casa-habitación en la colonia Mirador. Considerando que como parte de su ministerio es ser administrador de los bienes eclesiales para servicio de la Iglesia y como pastor podría convocar a todo su presbiterio y aún a una representación de la comunidad laical y el Espíritu Santo los asistiría a discernir el buen uso de este bien. Nosotros con nuestro compromiso al Señor lo exhortamos para que el señor arzobispo y religiosas dando buen testimonio de cristianos no dispusieran de tantas posibilidades económicas, cuando en Chihuahua hay tantas carencias y hace muchas falta una casa para sacerdotes ancianos y enfermos, centro para laicos, casa de oración o aún recibir sacerdotes foráneos y para muchas más actividades apostólicas que usted, como pastor de la arquidiócesis, mejor que nosotros conoce. Como católicos queremos mucho a nuestra Iglesia de Chihuahua, pero queremos a una Iglesia, que a través del testimonio de sus pastores nos vaya indicando y enseñando el camino de la sencillez y de la sobriedad evangélica”.
 
Festejos de aniversario

Consciente JFA de que su figura como obispo está sumamente deteriorada en la comunidad cristiana, ha intentado aprovechar diversos aniversarios suyos para compensar esa falta de popularidad bien merecida. El esfuerzo que nunca ha dedicado a promover obras de apostolado lo ha dedicado a dar lustre y esplendor a sus fiestas personales, promoviendo, o al menos permitiendo, que éstas se organicen con pompa exagerada. Un ejemplo de esto es la forma en que se organizó el XXV aniversario de su ordenación episcopal, en septiembre de 1999.
 
Se nombró para tal efecto una comisión formada por diez sacerdotes y numerosos laicos. Los festejos abarcaron del día 11 al 14 de septiembre. El día 13 se tuvo una celebración artística en la Catedral y el 14 una misa en un gimnasio, a la cual se invitó al nuncio y a numerosos obispos de la República. Desde el mes de marzo se convocó a todas las parroquias a reflexionar en grupos sobre la figura del obispo mediante unos esquemas preparados para tal ocasión. Ya comentamos antes (ver capítulo 9 El Sínodo de los Obispos) que se hizo caso omiso de los esquemas enviados por la Santa Sede para meditar sobre la figura del obispo en vistas al próximo sínodo universal que se iba a celebrar en Roma precisamente sobre ese tema. Estos esquemas propiciaban un examen muy libre y abierto sobre la personalidad y el desempeño del obispo, cosa que JFA o sus organizadores consideraron peligroso y en cambio elaboraron unos esquemas en que se promovía con fuerza la obediencia al propio obispo y se invitaba a no juzgarlo o a ser complacientes con sus defectos.
 
La celebración culminó, como dijimos, con una Misa celebrada en un gimnasio. Ese gimnasio tiene un cupo para 4,000 personas y que, por cierto, le faltó mucho para llenarse, a pesar de que se hizo asistir a grupos enteros de niños de escuelas católicas de la ciudad. El nuncio Mullor, que estaba invitado, no asistió. En su lugar vino un representante suyo, que leyó el tradicional mensaje de felicitación del papa en el que se destacaba "su excelente labor al frente de la Diócesis de esta capital, además de poner en alto su característica entrega, tanto a la fe como a la madre Iglesia Católica”, según reportó El Heraldo de Chihuahua el día 15. Este fue el oropel, lo que se vio a simple vista. Más aún, la brillante pantalla con que se pretendió cubrir una triste realidad de mediocridad en el festejado y comunión herida en el presbiterio y en la comunidad en general. Quien dio el toque contrario, con su acostumbrada franqueza, fue otra vez el padre Carlos Pérez, que en una carta a los organizadores del festejo dijo lo que muchos pensábamos pero que nadie se atrevió a decir:
 
"9 de junio de 1999. Estimados hermanos: Me ha llegado una carta donde se nos asigna a todas las parroquias y a los movimientos diocesanos una cuota para solventar los gastos de los festejos por el 25 aniversario de ordenación episcopal de nuestro obispo don José, además para regalarle una camioneta Suburban. Todo esto, aunado a las actividades culturales y religiosas que se están promoviendo en verdad que me duelen más que invitarme a entrar en el gozo de estas celebraciones. ¿Por qué? Las razones son de todos sabidas y vividas.
 
Tal pareciera que entre nosotros no pasa ni ha pasado nada. Como si no se hubieran cumplido ya dos años de que un grupo de 26 sacerdotes enviamos una comisión, de la cual yo fui miembro, para solicitarle una entrevista al obispo con todo el grupo. Él no ha querido enfrentar las cosas. A ninguno de los que fuimos nos ha llamado para darnos a conocer qué fue lo que decidió respecto a dicha invitación. Yo fui el que le leí la carta, y el que más le insistió en que sacara su agenda y nos pusiera una fecha. Él, bastante apachurrado por cierto, casi me suplicaba que le diera tiempo, que tenía que buscar dinámicas y maneras de realizar la entrevista que le pedíamos.
 
Pero se pasa el tiempo y ya se pasó bastante y él no dice esta cara es mía. Esto la verdad a mí se me hace algo muy vergonzoso. Que nadie me quiera dar clases de Comunión Eclesial cuando yo he dado la cara con todos los riesgos que eso implica. En todo caso, todos aquellos que me quieran dar cátedra de Comunión, que primero vayan con el obispo y le suelten su rollo teológico, a ver si capta lo que es eso. Porque la Comunión que nos expone la Palabra de Dios es una comunión que se da en el diálogo, en la confrontación de posturas, en la acalorada o fuerte discusión de ideas y convicciones, como lo leemos por ejemplo en Hechos 15. Esto es lo que en aquella ocasión le pedimos al obispo, y es algo bueno, y es algo sumamente cristiano. Como eso no se ha dado, pues todo esto de los festejos me parece una completamente apariencia. ¿Qué les queremos decir a nuestros laicos, a los visitantes ?
 
"Aquí todos estamos contentos, felices”. Yo creo que como Iglesia diocesana sí debemos celebrar los 25 años de nuestro obispo, pero las celebraciones deben ser en otro tono, si queremos ser sinceros con Dios y con nosotros mismos, estas celebraciones tendrán que ser fuertemente penitenciales, porque nos hemos portado mal, tanto el obispo como nosotros los sacerdotes, porque la Comunión Eclesial podrá ser teológica pero de ninguna manera real, y ante Dios lo que cuenta no son nuestras ideas, sino lo que hay en el fondo del corazón. Yo los invito a que recapacitemos y seamos coherentes con lo que hemos pedido en otras ocasiones. Por mi parte, y comentando con otros compañeros, no estoy dispuesto a aportar la cuota que se me ha asignado. No soy el dueño de la economía parroquial, pero como no se trata de una disposición del obispo sino de una propuesta de presbíteros, pues he tomado esta determinación. Yo sé que todos estos comunicados nos incomodan un poco o un mucho, te pido disculpas por ello, pero la situación real es todavía más incómoda. No le envío esta carta a todos los presbíteros, pero puedes mostrársela a quien gustes, incluso al mismo don José, no para fanfarronear de valiente, sino porque no quiero tirar piedras por la espalda.
Carlos Pérez Barrera, Pbro. Párroco”.
 
Hay que aclarar que la extraña iniciativa de regalarle a JFA una flamante camioneta Suburban finalmente no se realizó, por la incomodidad que despertó en los sacerdotes
 
 
 
 
 
 

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