Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     


 
Respondiendo a los Desafíos de Justicia y Paz
 
Por Juan Martín TORRES La Iglesia católica se ha sentido profundamente interpelada para trabajar por la justicia y la paz en el mundo. Con el fin de ayudar a los católicos en este campo, la Iglesia ha creado una estructura que le permite sistematizar, analizar y responder a los asuntos de justicia y paz mundiales. Veamos la historia de esta estructura que ahora se pone a nuestro servicio y nos invita a colaborar en ella.
 
A partir del Concilio
Durante el Concilio Vaticano II (1962—1965) los obispos decidieron que la Iglesia debía estar más involucrada con el mundo para comprender lo que en él estaba sucediendo. Por eso, hacia el final del mismo, los obispos acordaron que la Iglesia necesitaba trabajar más por la justicia y la paz. Uno de sus documentos llamado Gaudium et Spes, aborda este tema: «El Concilio, considera las inmensas calamidades que oprimen todavía a la mayoría de la humanidad, para fomentar en todas partes la obra de la justicia y del amor de Cristo a los pobres, juzga muy oportuno que se cree un organismo universal de la Iglesia que tenga como función estimular a la comunidad católica para promover el desarrollo de los países pobres y la justicia social internacional». (OS, 90). El resultado de esta reflexión fue la creación de la Comisión Pontificia de Justicia y Paz establecida en Roma en 1967, y dirigida hoy en día por el cardenal Renato Raifaele Martino. Más tarde, en el Sínodo por la Justicia, que tuvo lugar en Roma 1971, los obispos discutieron cómo la Iglesia debía trabajar por la justicia y la paz y, al final, decidieron fortalecer esta Comisión. Dijeron también que cada Conferencia episcopal y cada diócesis debían establecer una Comisión de justicia y paz en sus respectivas circunscripciones. Fieles a este compromiso, las Conferencias episcopales del mundo, en sus cartas pastorales, han condenado las injusticias, la guerra, la violencia y han hablado valientemente a favor de la justicia y la paz en nombre del Evangelio.
 
La voz de los obispos
Obispos de 11 países industrializados de Europa Occidental, Canadá y Estados Unidos han formulado propuestas de justicia socioeconómica en los últimos 30 años, con el propósito de hacer realidad una sociedad en la que todos puedan participar de manera proporcional. Grandes problemas como el desempleo, la pobreza y la migración exigen muchísimo de la comunidad de los fieles, y los obispos piden una respuesta adecuada y enérgica a la luz del mensaje bíblico. Los jerarcas de la Iglesia emplean una variedad de expresiones—cartas pastorales, informes, entre vistas, conferencias de prensa, etcétera— con el fin de influir en la opinión pública y orientar hacia las soluciones propuestas por ellos. La Asamblea especial para África del Sínodo de los obispos que se reunió en Roma en 1994 fue franca en su condena de la injusticia en ese continente. Los Padres del Sínodo hablaron acerca del tribalismo, el nepotismo, la sed de poder, la intolerancia religiosa y la existencia de cámaras de tortura. Reclamaron la creación de Comisiones de justicia y paz en África. Instaron a los gobiernos africanos a alejarse de los gastos militares y a poner más énfasis en la educación, la salud y el bienestar de sus pueblos. Los Padres del Sínodo criticaron también los intereses foráneos en la manipulación y apoyo a líderes africanos corruptos, la descarada venta de armas para lucrar y las condiciones casi imposibles impuestas a los países a través de préstamos. Exhortaron a las instituciones bancarias internacionales a «aliviar las deudas aplastantes» de las naciones africanas: Además, pidieron a las Conferencias episcopales de todo el mundo, y a toda la gente de buena voluntad, desarrollar «una opinión pública de apoyo» a los temas mencionados (Cf Mensaje del Sínodo nn 41-42).
 
Desde América
En la Exhortación apostólica Ecclesia in America (1999), Juan Pablo II propone, en primer lugar, «que los cristianos católicos, pastores y fieles fomenten el encuentro de los cristianos de las diversas Conferencias, en la cooperación en nombre del Evangelio, para responder al clamor de los pobres, con la promoción de la justicia, la oración común por la unidad, la participación en la Palabra de Dios y la experiencia de la fe en Cristo Vivo» (E in A n 187). «La economía globalizada debe ser analizada a la luz de los principios de la justicia social, respetando la opción preferencial por los pobres, que han de ser capacitados para protegerse en una economía globalizada y ante las exigencias del bien común internacional. En realidad, la Doctrina Social de la Iglesia es la visión moral que intenta asistir a los gobiernos, a las instituciones y a las organizaciones privadas para que configuren un futuro congruente con la dignidad de cada persona. A través de este prisma se puede valorar las cuestiones que se refieren a la deuda externa de las naciones, a la corrupción política interna y a la discriminación de la propia nación y entre las naciones» (E in A n 203).
 
La visión
La visión del ministerio de Justicia y Paz e Integridad de la Creación (JPIC) se inspira en el plan de Dios para el mundo e invita a todos los cristianos a la acción para una justa transformación de nuestro mundo. JPIC trabaja para construir un mundo en donde todos puedan vivir como una familia que se ama. JPJC hace esto para contribuir a la transformación del mundo y prepararle el amino al reino de Dios.
 
Las metas de JPIC son:
— Ayudar a los individuos y a los grupos a concienciarse sobre los sufrimientos, las injusticias, las divisiones y la violencia en nuestra sociedad.
— Hacer conciencia entre la gente acerca de las causas de los sufrimientos y la pobreza, y reconocer las implicaciones sociales de la fe.
— Empodera a la gente, para trabajar por una sociedad más justa a donde sean respetados los derechos humanos básicos que incluyen comida, agua, salud y participación política y social.
—Ayuda a la Iglesia en la predicación y en la acción promotora de a Justicia y la Paz a favor de los pobres, los marginados, los minusválidos y los oprimidos. Es un espacio favorable que nos invita a entender el concepto de la justicia y la paz y nos invita a compartir nuestras experiencias personales en este campo, a la luz de la fe.
 
Algunas realidades
— En un barrio pobre de las afueras de Lima, Perú, Valentino corta piedra en la ladera de un cerro para construir un hogar para su esposa encinta y sus dos hijos. Desterrado primero por los terroristas y luego por los militares, se unió a una multitud de gente desplazada. Refugiado en su país, sin empleo y enfermo de tuberculosis, pero con espíritu indomable, Valentino cultiva plantitas en latas.
— Durante la guerra de Bosnia 80 mil niñas y mujeres de 8 a 80 años de edad fueron violadas.
— Acurrucada en una choza de paja, yace una joven refugiada muriendo de sida. Ella es el único sostén de sus dos hermanitas y de su hija pequeña.
— Más de la mitad de los bosques tropicales del mundo han desaparecido desde 1950. Están desapareciendo a razón de una hectárea por segundo. Ellos son el hogar de muchos pueblos indígenas y de millones de especies vegetales y animales. Regulan climas, impiden inundaciones y deslizamientos de tierra. Son la fuente de más de la mitad de nuestras medicinas. La acción en favor de la justicia y la participación en la transformación del mundo son una dimensión constitutiva de la predicación del Evangelio y son esenciales para la misión de la Iglesia de liberar a la raza humana de toda situación opresiva (Justicia en el Mundo n 5). Justicia y Paz no son palabras nuevas en el vocabulario, ni son conceptos nuevos en Teología y Misionología, sin embargo, han asumido un nuevo significado a medida que continuamos buscando el porqué, el qué y el cómo de la misión y de una nueva evangelización, en el amanecer de un nuevo milenio. La expresión «integridad de la creación» es relativamente nueva, pero está creciendo en importancia debido al precario estado actual de nuestro planeta. El compromiso de JPIC difiere de la acción social y del ministerio social en cuanto que se trata de un modo de vida que conduce a que sea una dimensión integral de todos nuestros ministerios/actividades.
 
Esquila Misional marzo 2007
 

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