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¡ESTÉN SIEMPRE ALEGRES!
Comentario a Sofonías 3,14-18 y Filipenses 4,4-7, primera y segunda lecturas el domingo 13 de diciembre del 2009, 3º de Adviento.
Pbro. Carlos Pérez Barrera
 
     Contrastando con los gritos de Juan Bautista quien sin pelos en la lengua nos dice: "raza de víboras,… conviértanse”, en esta misma celebración la Palabra de Dios nos hace una invitación muy bella: "Canta, hija de Sión, da gritos de júbilo, Israel, gózate y regocíjate de todo corazón, Jerusalén”; "Estén siempre alegres en el Señor”.
     Éste es el tono del tercer domingo de Adviento, representado por la velita rosa de la corona, ya muy cercanos a la Navidad, la fiesta grande de la Encarnación en el seno de María y del Nacimiento del Hijo de Dios en un pesebre de Belén. Este acontecimiento es el inicio de una obra grandiosa preparada por Dios desde la antigüedad.
     Qué bella invitación, lo quiero repetir yo también como san Pablo, siguiendo la traducción de la Biblia de Jerusalén: "Estén siempre alegres en el Señor; se lo repito, estén alegres”, tan bella como difícil de poner en práctica por este tiempo que estamos viviendo de violencia, de miedos y angustias, de privaciones y sufrimientos de tantas personas. ¿Cómo hacerle para estar alegres?
     Nuestra alegría cristiana no la posponemos para cuando el Señor nos recoja en su santo Reino celestial. El motivo de nuestra alegría presente está en el Señor, lo dice el mismo apóstol. Los seres humanos tenemos la capacidad de conjugar varios sentimientos a la vez. No dejamos de padecer los tormentos de nuestro tiempo, en carne propia y también en solidaridad con los sufrientes, más sin embargo, tenemos un motivo muy grande para vivir en la alegría: no estamos alegres porque ya viene el santo clós con regalos, comidas, música y aguinaldos, sino porque el Hijo de Dios, en toda su grandeza, ha querido venir a poner su casa en medio de nosotros.
     Lo que nos falta a tantísimos católicos es poner todo nuestro corazón y toda nuestra mente en Jesucristo, así espontáneamente mantenemos viva nuestra alegría. La vida del cristiano transcurre en la alegría. Esa imagen de los santos tan serios y de los católicos mustios y permanentemente tristes como que no corresponde a quien vive en el Señor. Pobres y maltratados pero felices.
    Porque nos puede servir mucho, les ofrezco estos versículos de san Pablo, el mismo que hoy nos invita a alegrarnos y que presume en otra de sus cartas:
 
     "También presumo yo… ¡Yo más que ellos! Más en trabajos; más en cárceles; muchísimo más en azotes; en peligros de muerte, muchas veces. Cinco veces recibí de los judíos cuarenta azotes menos uno. Tres veces fui azotado con varas; una vez apedreado; tres veces naufragué; un día y una noche pasé en el abismo. Viajes frecuentes; peligros de ríos; peligros de salteadores; peligros de los de mi raza; peligros de los gentiles; peligros en ciudad; peligros en despoblado; peligros por mar; peligros entre falsos hermanos; trabajo y fatiga; noches sin dormir, muchas veces; hambre y sed; muchos días sin comer; frío y desnudez. Y aparte de otras cosas, mi responsabilidad diaria: la preocupación por todas las Iglesias… Si hay que gloriarse, en mi flaqueza me gloriaré. El Dios y Padre del Señor Jesús, ¡bendito sea por todos los siglos!” (2 Corintios 11,21-31).

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