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MARÍA ES MADRE DE DIOS
Comentario a Lucas 2,16-21, evangelio del día primero de enero del 2010, solemnidad de María Madre de Dios.
Pbro. Carlos Pérez Barrera
 
     Continuamos celebrando litúrgicamente el Nacimiento del Salvador del mundo, el nacimiento de Jesús en el establo de Belén. Como parte de esta grande fiesta, están otras que la circundan y le dan más relevancia. Ya celebramos a la Sagrada Familia, el domingo pasado. Ahora queremos celebrar, en este primer día del año civil, la maternidad de María, fiesta que además es la patronal de nuestra parroquia. El domingo que viene celebraremos la Epifanía del Señor, y para cerrar este tiempo de Navidad, al otro domingo, el 10 de enero, la fiesta de su Bautismo.
     Así es que, para seguir en este ambiente festivo del misterio de la Natividad de Jesucristo, contemplamos a su madre. Decimos que es la Madre de Dios porque con esta frase confesamos nuestra fe en la divinidad de Jesucristo. Él es el Hijo de Dios, la segunda Persona de la santísima Trinidad. Un solo Dios verdadero viviendo en comunión eterna de tres Personas.
     Nos dejamos ser conducidos a las entrañas de este misterio con toda alegría. Una muchacha pobre y sencilla, de un pueblito insignificante como era Nazaret en aquellos tiempos, caserío enclavado en la marginada Galilea, esta jovencita fue elegida para ser la madre del Hijo de Dios, por obra de la misteriosa acción del Espíritu Santo en ella, para prescindir, según los designios de Dios, del recurso del varón, que se había adueñado y constituido señor, por sí mismo, de la sociedad de aquel tiempo, como sigue sucediendo en muchos otros tiempos y lugares. Así el hombre no podrá decir que la salvación de este mundo es mérito suyo. Sí la realizará un hombre, un verdadero hombre, de carne y hueso como nosotros, nacido de mujer, como leemos en la segunda lectura, pero un Hombre confeccionado personalísimamente por Dios en su Hijo, en el vientre de María.
     Cuando contemplamos a Jesús en los santos evangelios, sanando a los enfermos, consolando a los afligidos, levantando a los caídos, enfrentándose a los poderes de este mundo, tenemos que echar nuestra mirada retrospectiva a las entrañas de María, a sus brazos que lo acogieron y llenaron de cariño cuando recién nacido. Esta Criatura que ahora vemos en su imagen recostado en un pesebre, es el regalo más grande que Dios nos pueda dar.
     Por ello no nos cansamos de celebrar su Encarnación, su Nacimiento. Y no reducimos nuestra mirada a una sola Persona, por más que ocupe el central y primer lugar entre todos, sino que paseamos nuestros ojos a los que lo rodean, de manera especial a su madre, esta jovencita que nos roba el corazón más por su sencillez que por los adornos que con el tiempo han vestido sus imágenes, más por su obediencia de creyente que por unos poderes humanos que no consignan los evangelios.
     Cumpliendo con la misma profecía de María, inspirada por el Santo Espíritu, digamos también nosotros con ella: "desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada” (Lucas 1,48).
 
     El primer día del año civil, el Papa también nos hace un llamado, a todo el mundo, para orar y trabajar por la paz. Éstas son sus palabras con que comienza su mensaje para la jornada de este año 2010:
« Con ocasión del comienzo del Año Nuevo, quisiera dirigir mis más fervientes deseos de paz a todas las comunidades cristianas, a los responsables de las Naciones, a los hombres y mujeres de buena voluntad de todo el mundo. El tema que he elegido para esta XLIII Jornada Mundial de la Paz es: Si quieres promover la paz, protege la creación. El respeto a lo que ha sido creado tiene gran importancia, puesto que «la creación es el comienzo y el fundamento de todas las obras de Dios», y su salvaguardia se ha hecho hoy esencial para la convivencia pacífica de la humanidad. »
 
     Tengamos presente que el Hijo de Dios quiso ser creatura, materia de esta misma creación que compartimos. Cuidar y amar a la naturaleza que Dios creó tiene su fundamento en el Creador. Amamos lo que él creó, amamos la naturaleza que su Hijo asumió. El mensaje completo lo pueden leer ustedes en la página electrónica del Vaticano.

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