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(Los artículos de esta sección pueden ser reproducidos por cualquier medio, citando la fuente)
 
HAITÍ. UNA MIRADA CREYENTE
Jueves 21 de enero del 2010
Carlos Pérez B., Pbro.
 
     A más de una semana del terremoto que lo devastó, Haití sigue permaneciendo en las primeras planas de los medios de comunicación. Es posible que en unos días más, o semanas, pase a segundo término, no así en nuestras mentes y en nuestros corazones. El país, su población tardará años en retomar al menos el nivel de pobreza que ya tenía desde antes del sismo. Como lo proclamaremos en el evangelio del domingo que viene, los pobres, los cautivos, los disminuidos están en el primer lugar de atención en la obra del Hijo de Dios, por impulso del Espíritu. Quisiera echar una mirada escudriñadora y creyente a esta desgracia haitiana que nos ofrecen los noticiarios.
 
1.- El misterio de la creación.- Cuando tenemos noticia de guerras y ejecuciones, no tardamos en decir que eso no es culpa de Dios sino de los hombres. El afán de poder y de tener es causa de sufrimientos y muerte para tantas gentes. Y ahí está Dios, a lo largo de los siglos, contemplando con paciencia lo que se hace con la obra de sus manos. Y cuando sucede un temblor, un huracán, ¿qué diremos? Que no somos nada, simplemente, que no somos dioses, que somos tan pequeños en esta inmensidad del universo creado tan maravillosamente por Dios. Si conociéramos, y ya nos hemos aproximado un poquito en el conocimiento del misterio de este universo y de la vida, tomaríamos con más decisión y serenidad nuestro lugar en este mundo creado. No hablemos de los grandes cataclismos que suceden en el corazón de las galaxias y de las estrellas, cosas que rebasan con muchísimo las capacidades de nuestra mente, tan sólo miremos la formación de nuestro pequeñísimo planeta. Gracias a esos movimientos telúricos han subido las montañas y bajado los valles para hacer de esta esferita un mundo tan lleno de vida. La ciencia nos ha enseñado que nuestro suelo sigue en movimiento, los continentes se desplazan. ¿Qué tenemos que hacer? Dejar de lado otras pretensiones de poder, de consumo, para ofrecerle a la población un acomodo más seguro ante esas fallas que presenta la superficie de la tierra. Y si alguna vez nuestro planeta se viera amenazado por algún cataclismo astronómico, como el que sucedió probablemente hace millones de años, cuando se extinguieron los dinosaurios, pues encomendémonos a Dios con las palabras de su Hijo: "Habrá señales en el sol, la luna y en las estrellas… entonces verán venir la Hijo del hombre… cobren ánimo y levanten la cabeza porque se acerca su liberación” (Lucas 21,25). Mientras tanto, pongámonos a tono con la creación.
 
2.- Una llamada a la conversión y a la solidaridad.- Cuando a Jesús le llevaron la noticia de que Pilato había mandado ejecutar a unos galileos que estaban ofreciendo animales en sacrificio, Jesucristo comentó: "¿ustedes piensan que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos porque han padecido estas cosas? No, se lo aseguro; y si no se convierten, todos ustedes perecerán del mismo modo” (Lucas 13,2). Lo mismo tenemos que decir ahora. Y lo estamos viendo. Cuanta gente en todo el mundo ha vuelto a mirar su corazón ante esta tragedia, cuánta solidaridad. Y no sólo son buenos sentimientos o intenciones. Lo vemos en Haití, cuánta ayuda se ha canalizado desde regiones remotas del mundo, ahí están las brigadas de socorristas rescatando gentes, compartiendo con ellos alimento y lágrimas. Lo mejor de los seres humanos brota en estos momentos. No en vano creó Dios al ser humano a su imagen y semejanza. Estas desgracias deberían ser aprovechadas para que los gobernantes del mundo tomaran conciencia de que ya es hora de no gastar tanto dinero en armamentos. Si esos recursos se destinaran, si no para evitar, al menos para salir al paso de estas fuerzas de la naturaleza, otra sería nuestra suerte.
 
3.- Terremoto y pobreza, la peor combinación.- Haití ya era una nación maltratada por varios siglos, por la ocupación de España, luego de Francia, finalmente del que nunca puede faltar, Estados Unidos. Haití ha sufrido las dictaduras depredadoras de sus gobernantes. Cuánta pobreza han generado los amantes del poder en una isla que bien podría ser un paraíso por su clima y sus recursos naturales. No cabe duda que uno de los males más grandes de nuestra civilización es el afán de poder.
 
4.- Los pobres en primer lugar.- Esto lo vamos a proclamar este próximo domingo: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva” (Lucas 4,18). Ahí está este pequeño país para recordarnos que no habrá verdadera fe sobre la tierra mientras tantos seres humanos estén sumidos en tanta pobreza y sufrimiento.

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