Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     


 
EL AMOR DE DIOS Y EL AMOR DEL MUNDO
Comentario a Primera Corintios 13,1-13, segunda lectura del domingo 31 de enero del 2010, 4º ordinario.
Carlos Pérez Barrera, pbro.
 
     El amor es una palabra sumamente gastada en nuestro vocabulario. Le llamamos amor a cualquier sentimiento, por superficial o falso que sea. Del amor nos hablan las canciones, las películas, la televisión. Las gentes del espectáculo, especialistas en la actuación y el fingimiento, se envían con frecuencia saludos llenos de amor, aunque sabemos que lo hacen sólo por adquirir imagen. Cuántas parejas se unen o se casan porque dicen amarse, y sin embargo, en dos tres años se separan y se unen con otras personas.
     Hay que distinguir entre dos clases de amores. El amor que pregona el mundo es generalmente egoísmo, es amor a sí mismo. Por eso un hombre se enamora de una mujer bella, y viceversa, porque le reporta beneficios. Te quiero, habría que decirlo de esta manera, porque me quiero a mí mismo. El que ama con el amor del mundo no se entrega ni se da desprendidamente al amado o amada, sino que se apropia de ella. Por eso podemos ver que un amante puede ser capaz hasta de arrebatarle la vida a la persona que ama, por celos.
     En cambio, el amor de Dios es entrega generosa, desprendida, es dar la vida por la persona que se ama. Jesús nos lo dice de esta manera: "nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos” (Juan 15,13). También el apóstol Pablo, en otra de sus cartas, nos dice: "la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros”. Por eso decimos nosotros, y repitámoslo con fuerza este próximo 14 de febrero, que la mejor imagen del amor no es una pareja de enamorados encerrados en el trazo lineal de un corazón, no, la imagen más impactante del amor es la de aquel que yace clavado en una cruz.
     Esto es lo que nos expresa tan radicalmente el apóstol en la segunda lectura: "El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no es presumido ni se envanece; no es grosero ni egoísta; no se irrita ni guarda rencor; no se alegra con la injusticia, sino que goza con la verdad. El amor disculpa sin límites, confía sin límites, espera sin límites, soporta sin límites. El amor dura por siempre”.
 

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