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LAS TENTACIONES DE JESÚS
Comentario a Lucas 4,1-13, evangelio del domingo 21 de febrero del 2010, 1º de cuaresma
Carlos Pérez Barrera, pbro.
 
     Con el pasaje de las tentaciones del diablo a Jesucristo en el desierto, celebramos siempre cada año el primer domingo de cuaresma. Este año lo proclamamos en el evangelio según san Lucas.
     El evangelio nos habla de 40 días. Esta cifra en la Biblia siempre está llena de simbolismo. Cuarenta días puede ser un tiempo largo, quizá años que pasó nuestro Señor en el desierto, en el discernimiento humano de su mesianismo, de su misión encomendada por el Padre, de sus alcances y sus costos. Este tiempo debió haber culminado con 40 días de ayuno. Cada vez les recuerdo a las gentes que un ser humano saludable puede muy bien pasar 40 días sin tomar alimento, sólo agua. Jesucristo no hizo algo superior a lo humano, se mantuvo dentro de los límites de su humanidad.
     San Lucas nos puntualiza que Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, no por el diablo, y que el Espíritu es el que lo conducía por el desierto. Así tenemos que verlo en cada una de las tentaciones, fortalecido no por sus fuerzas humanas, sino abandonado en las fuerzas del Espíritu Santo. Ésta es la pauta para nosotros, para vencer las tentaciones, para transitar firmemente por los caminos de Dios, para cumplir su voluntad: no atenernos a nuestras fuerzas, o a nuestra mente, o a nuestro corazón, sino a la fuerza del Espíritu.
     Fijémonos atentamente a cada detalle de las tentaciones. Es de destacar que hay una tentación que no se hace presente, y que curiosamente es la que más llama la atención de la Iglesia desde hace siglos y de nuestro mundo en la actualidad: el sexo. Es que las tentaciones están de cara a la misión de Jesucristo, son los obstáculos que le interesan al diablo. Veamos en las tentaciones la lucha no sólo externa sino también interna que libra cada ser humano contra sí mismo, contra las inclinaciones del Yo.
     La primera tentación no consiste solamente en romper un ayuno prolongado. Comerse un pan después de cuarenta días de no comer, no es pecado, es una necesidad humana. Sin embargo, la tentación del diablo y de nuestro yo interno es más aguda: "si eres Hijo de Dios, di a esta piedra…” La tentación consiste en que Jesús quiera ejercer su divinidad, su poder de Dios de la manera que al diablo y a todo ser humano se le antoja. Jesucristo dice No a esta inclinación. En el capítulo 9, Lucas nos dirá que Jesús le dio de comer a una multitud necesitada, como lo tenemos que hacer todos nosotros, lo cual no puede ser pecado, sino un acto de justicia divina. Pero no estaba en los planes de Dios usar el poder para satisfacer al Yo. No podemos imaginarnos ni a Cristo ni a un cristiano o cristiana haciendo alarde de la bendición de Dios convirtiendo piedras en panes, y papeles en billetes, y adquiriendo boletos premiados… Esto sería magia, no la Obra de Dios.
     En la segunda tentación el diablo (como está en el interior de todo ser humano) le pide ponerse al servicio del poder y la gloria del mundo. ¡Ojo, cristianos laicos y sacerdotes! ¡Ojo, Iglesia nuestra! Jesucristo se niega rotundamente a tomar este camino. "Los reyes de las naciones las dominan como señores absolutos… no así ustedes”, nos enseñará Jesús estando sentados con él en la Última Cena (Lucas 22,25). El camino de Dios es la pobreza, la humildad, el despojo de sí mismo.
     En la tercera tentación el diablo también apela a la condición divina de Jesucristo: "si eres Hijo de Dios”, tírate de cabeza que al cabo que no te va a pasar nada. Pero Jesús rechaza tentar a Dios. ¡Ojo, nuevamente, cristianos todos! No le pongamos tentaciones a Dios: si de veras eres Dios, sana a mi ser querido, levanta mi negocio, dame una casa. No somos cristianos para que no nos pase nada malo en este mundo. Al contrario, Jesús nos pedirá que sirvamos a la obra de Dios hasta el martirio. Cuántas sectas cristianas promueven la religión con estas promesas: tu negocio va a prosperar, te van a llegar las llaves de esa casa o de ese auto que deseas,.. El camino que el Padre le ha preparado para su Hijo es la cruz y la muerte, lo demás es tentación diabólica.
     Con esto tenemos mucho material para trabajarnos en esta cuaresma para acompañar a Jesús en su Pascua, que es también la nuestra.

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