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(Los artículos de esta sección pueden ser reproducidos por cualquier medio, citando la fuente)
 
COMENTARIO AL COMUNICADO DE LOS OBISPOS
Lunes 8 de marzo del 2010
Carlos Pérez B. Pbro.
 
     Dice el secretario general del episcopado que como Iglesia nos apenan y nos duelen las notas que recientemente se han publicado sobre la doble vida que llev√≥ el P. Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo.
     En su comunicado, el obispo auxiliar de Texcoco s√≥lo alcanza a decir que "nos apena y nos duele‚ÄĚ. Lo mismo ha expresado el Papa Benedicto XVI en diversas ocasiones sobre los casos de pederastia en Estados Unidos, Irlanda, Alemania, etc. A toda la Iglesia nos averg√ľenzan todas esas notas, y no porque nosotros nos creamos santos, sino porque comprendemos que en el clero es donde menos se espera tener esos casos.
     Sin embargo, esta confesi√≥n de pena y dolor me parece por dem√°s insuficiente si nuestros pastores, a los que les compet√≠a hacer algo, no se tocan a s√≠ mismos en su fallida responsabilidad. Lo vergonzoso no est√° solamente en haber cometido esos actos tan graves, sino la postura que hemos asumido todos los que formamos la Iglesia. ¬ŅPor qué no somos capaces de decir?:
     NOS AVERG√úENZA el silencio que hemos guardado como jerarqu√≠a, desde el Papa hasta los obispos, ante todos esos casos. En aquel tiempo nos dio verg√ľenza tomar al toro por los cuernos, ahora lo que nos averg√ľenza es haber callado.
     NOS AVERG√úENZA la complicidad que ha conllevado nuestro silencio. Las v√≠ctimas se han sentido desprotegidas por la jerarqu√≠a de la que un d√≠a sintieron que era su propia Iglesia.
     NOS AVERG√úENZA haber hostigado, denigrado a quienes tuvieron el valor de haber denunciado ser v√≠ctimas de abuso sexual. Algunos hasta fueron enviados a la c√°rcel, con lo que se convirtieron doblemente en v√≠ctimas de su propia Iglesia.
     NOS AVERG√úENZA habernos aliado con los poderes civiles para protegernos a nosotros mismos, en vez de proteger a los agredidos. Y esa VERG√úENZA debe alcanzar a sacerdotes y laicos, porque instintivamente nos hemos hecho al lado de quienes gozan de "dignidad" eclesi√°stica, y defendemos hasta el grado de la ceguera al Papa, a obispos y dem√°s clérigos, cuando éstos faltan a su responsabilidad de pastorear al reba√Īo que les fue encomendado por el Buen Pastor.

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