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CELEBREMOS EL TRIDUO PASCUAL
1-3 de abril del 2010
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     Nuestra Iglesia celebra la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo en una celebración que dura 72 horas. Leyó usted bien, tres días completos. Es como un domingo muy largo. Y vale la pena hacer una celebración tan larga por tratarse del acontecimiento y sobre todo de la Persona que se trata: el Hijo de Dios que entrega su vida generosamente, sin limitación y sin medida por la salvación de este mundo. No se trata de un dispositivo mágico de salvación, sino de todo un plan de vida que Dios viene realizando y que tiene su momento culminante precisamente cuando Cristo fue crucificado y resucitó de entre los muertos.
     Esta celebración comienza el jueves civil por la tarde y se extiende hasta el sábado civil por la noche. Distingamos, para no confundirnos, entre los días civiles y los días litúrgicos. El viernes litúrgico comienza desde la víspera, la tarde o noche de lo que civilmente llamamos jueves, pero que litúrgicamente se considera viernes, es el momento en que Jesús se sienta a cenar la pascua con sus discípulos, o sea nosotros; y concluye el domingo litúrgico, el cual comienza desde la noche del sábado civil.
     No son tres celebraciones sino una sola. No podemos permanecer (qué bueno que pudiéramos) los tres días en el templo, pero aún sin permanecer en el templo, lo ideal sería que viviéramos en espíritu celebrativo esos tres días, momentos en el templo, momentos en la casa o en la calle. Así es que los invitamos a vivir intensamente esos tres días con sus celebraciones, porque el Hijo de Dios se sometió a este sacrificio por ti, por mí, por todo el mundo, para que todos tengamos vida en él.
     Yo insisto siempre que todo mundo deberíamos ponernos en espíritu de recogimiento y de celebración en estos días. Los que nos decimos cristianos principalmente, pero también los no creyentes, porque aunque no acepten la religión y menos la vida de la Iglesia, de todas maneras no creo que haya ser humano que no reconozca la obra inmensa que Jesucristo ha venido realizando en este mundo. Así como decimos que frente a Jesucristo todos nos quitamos el sombrero, así decimos que estos días cualquiera debería ponerse de rodillas el viernes santo por la tarde, así como levantarse al tercer día por este ser tan extraordinario, un regalo de Dios o un regalo de la vida, que es Jesucristo.

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