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EL PODER NO ES PARA NOSOTROS
Comentario a Marcos 10,35-45, lectura evangélica del Domingo 29º ordinario.
Pbro. Carlos Pérez Barrera
 
La celebración del Domingo Mundial de las Misiones, este 18 de octubre, nos ha cambiado las lecturas que corresponderían al domingo 29º ordinario. En nuestra lectura continuada del evangelio de san Marcos nos tocaría proclamar Marcos 10,35-45. En los versículos 32-34 el evangelista nos ofrece el tercer anuncio de la pasión, muerte y resurrección que le hace Jesús a sus discípulos. Para ilustrarnos de manera muy viva la falta de entendimiento de ellos, Marcos nos cuenta esta escena bastante extraña: Santiago y Juan le piden al Maestro que les conceda sentarse en su gloria uno a su derecha y el otro a su izquierda. Los otros diez discípulos se indignaron contra Santiago y Juan. ¿Qué nos parece?
 
Nos parece como una escena más propia del mundo que de la comunidad que Jesucristo va formando en torno suyo y educando en la enseñanza evangélica, en su seguimiento por un camino contrario al de la mentalidad dominante de los seres humanos. Jesús denuncia esta mentalidad de dominio con estas palabras: "los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder”.
 
Nuestra experiencia de Iglesia nos hace sentir la fuerza de las palabras de Jesús como una pedrada en la cabeza. ¿Acaso no nos regimos, no nos dejamos conducir al interior de ella con criterios de dominio? ¿Acaso los clérigos no nos hemos metido a esa corriente mundana de conseguir puesto tras puesto? ¿Acaso no hemos copiado del mundo mecanismos y estructuras de poder?
 
Por ello categóricamente nos dice nuestro Señor: "NO HA DE SER ASÍ entre ustedes, sino que el que quiera llegar a ser grande entre ustedes, será el servidor, y el que quiera ser el primero entre ustedes, será el esclavo de todos”. Y nos ofrece Jesús nuestra más fuerte motivación, su misma Persona: "que tampoco el Hijo ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos”.
 
Esta enseñanza evangélica debe ser todo un programa de formación en nuestra Iglesia para todos los cristianos, empezando por los pastores.
En el hogar y en el catecismo, con qué delicadeza debemos formar a nuestros niños y jóvenes en el camino de Jesús, no en el camino que les ofrecen los medios de comunicación y el ambiente del mundo.
En el seminario, con qué cuidado se debe formar a los futuros sacerdotes en estos criterios de Jesús.
En el presbiterio, con qué cuidado debe un obispo seguir moldeando en el modelo de Jesús a los ya ordenados.
Y el Vaticano, no debe dejar al garete a los obispos que ha elegido, sino con mucha vigilancia debe cuidar que operen con los criterios del único Pastor. Y si resultan más del mundo que del evangelio, pues debería de tener el valor de cambiarlos por otros, en bien de toda la Iglesia, para seguir siendo salvación del mundo por el camino de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.

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