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"MIS OVEJAS ESCUCHAN MI VOZ"
Comentario a Juan 10,27-30, evangelio del domingo del Buen Pastor, 4º de pascua, 25 de abril del 2010.
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     Aunque el evangelista cambia la escena de lugar a partir del versículo 22, de todas maneras este pasaje es continuación o un eco de lo que nos venía diciendo en los versículos anteriores de este mismo capítulo 10: los líderes de los judíos no eran buenos pastores del pueblo más pobre, representado en el ciego de nacimiento al que Jesús le devolvió la vista y la dignidad de ser humano. Frente a ellos, Jesucristo se presenta como el buen Pastor. Y no son meras palabras, porque ahí están sus obras, sus señales palpables que verifican su discurso. Así lo dice en el versículo 25 que no se lee en la liturgia: "las obras que hago en nombre de mi Padre son las que dan testimonio de mí”. Y les echa en cara su incredulidad, una incredulidad que no es aceptable precisamente porque las cosas son evidentes. Jesucristo denuncia su mentalidad tan cerrada.
     En cambio, hay otra parte de gente que sí abre su mente y su corazón a la oferta que Dios hace en este Hijo suyo. ¿Quiénes son? Nosotros nos apuntamos ahí, los que nos decimos cristianos. Jesús habla de dos signos que identifican a los suyos:
     "Mis ovejas escuchan mi voz”.- Diga cada uno de nosotros qué tan abiertos mantenemos nuestros oídos a la voz, a la Palabra de nuestro Pastor. Revisemos nuestro interior y nuestros hábitos: ¿qué tanto tiempo le dedicamos a la lectura de los santos evangelios? ¿Ya los conocemos un poco mejor? ¿Qué tanto podemos identificar las enseñanzas de Jesús? ¿Estudiamos, no sólo leemos, los evangelios? Y en la oración, ¿ya tenemos cierta facilidad para entrar en comunión con él, para escucharlo? En la medida que crezcamos en estos puntos, podremos considerarnos más discípulos u ovejas suyos.
     En la primera lectura, tomada del libro de los Hechos, constatamos el entusiasmo de aquellas primeras comunidades cristianas por escuchar y proclamar la Palabra de Dios, escucha y proclamación por las que estaban dispuestos a sufrir injurias y persecuciones, y hasta la muerte.
     "Ellas me siguen”.- No basta con escuchar la Palabra, con leer y estudiar los evangelios. Jesucristo muchas veces nos ha insistido en que tenemos que poner por obra lo que escuchamos. En este caso, hay que seguir sus pasos. Jesucristo no nos está pidiendo una especie de enciclopedismo, es decir, un saber mucho de los evangelios, o de la oración, sino que nos pide ponernos en camino, y precisamente detrás de él. Ser cristiano, como su nombre lo dice, es ser seguidor de Cristo. Así es que, si él nos pide salir a proclamar el evangelio, pues tenemos que buscar la manera de hacerlo. Si él nos pide que nos amemos unos a otros como él nos ha amado, pues tenemos que buscar maneras de hacerlo palpable en nuestras vidas y comunidades. Si él nos pide salir al encuentro de las necesidades de nuestros prójimos, pues esto tiene que ser real en nuestra Iglesia y en cada cristiano. Y así cada una de las enseñanzas que escuchamos en los evangelios. Se trata de que cada uno de nosotros sea buena noticia para este mundo, como Jesucristo y junto con Jesucristo.
     El Apocalipsis, segunda lectura de hoy, nos ofrece esa imagen de los que pertenecen a Jesús, imagen en la que tanto insistimos en la ceremonia bautismal, en las Primeras Comuniones y especialmente en el tiempo de pascua: la vestidura blanca es la vestidura de los cristianos: "Todos estaban de pie, delante del trono y del Cordero; iban vestidos con una túnica blanca y llevaban palmas en las manos”. A mí me da gusto ver a los niños, a los ministros laicos vestidos con sus túnicas blancas. El alba no es una vestidura clerical, es la vestidura del cristiano.
     Finalmente, por parte de él, porque Jesucristo no sólo nos pide compromisos a nosotros, sino que él empieza por poner su parte, por parte de él están estas palabras que nosotros los creyentes hemos experimentado continuamente, y que hemos celebrado intensamente en esta pasada semana santa:
     "Yo les doy la vida eterna y no perecerán jamás”.- San Juan, en la segunda lectura de hoy, en sintonía con las palabras de Jesús, nos ofrece un mensaje de consuelo para este tiempo de tribulaciones que estamos viviendo, como lo fue también aquel: "Ya no sufrirán hambre ni sed, no los quemará el sol ni los agobiará el calor. Porque el Cordero, que está en el trono, será su pastor y los conducirá a las fuentes del agua de la vida y Dios enjugará de sus ojos toda lágrima”. Hay que interiorizar profundamente estas palabras del evangelio y del Apocalipsis. Cómo quisiéramos, frente al clima de violencia que padecemos, que ese momento de consuelo se apresurara, lo decimos sobre todo pensando en nuestros niños, en las personas más indefensas. Y esto que queremos no lo vamos a esperar con los brazos cruzados, sino en una activación intensa de nuestra fe cristiana, hasta dar la vida como Jesús por ello.

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