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AL QUE MUCHO AMA, MUCHO SE LE PERDONA
Comentario a Lucas 7,36 a 8,3, evangelio de la Misa del domingo 13 de junio del 2010.
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
Me uno a la protesta enérgica ante el artero asesinato de un adolescente en Cd. Ju谩rez por parte de un agente de migraci贸n estadunidense. Las autoridades son las que m谩s deben tener en alto aprecio la vida de las personas, sea de la raza o nacionalidad que sean.
 
     Todo el evangelio de Jesucristo es una Buena Noticia para este mundo, pero hay algunos pasajes evangélicos que tienen una fuerza m谩s impactante, como éste que proclamamos hoy. La Buena Noticia para este mundo es el mismo Jesucristo en persona. Nos deja sorprendidos con sus posturas, sus comportamientos, sus respuestas, su sabidur铆a que discierne tan bien el coraz贸n y la vida de las personas. Y no quisiéramos acostumbrarnos nunca a la personalidad fascinante de nuestro Se帽or, no queremos salir nunca de la sorpresa. Él es el modelo de todo cristiano, de laicos, sacerdotes y obispos. 驴Somos como él?, preg煤ntese cada uno de ustedes.
     Primero quisiera notar que Jesucristo comparte la mesa con muy diversas personas. Los escribas y fariseos se escandalizaban porque lo ve铆an comer con publicanos y pecadores. Pero no nos dicen los evangelios si los publicanos y pecadores se escandalizaban porque lo ve铆an comer con escribas y fariseos. Jesucristo es completamente libre de prejuicios y normas sociales y religiosas. Quisiéramos ser como él.
     Luego, en esa libertad y seguridad que le son tan propias, lo vemos acoger a esta mujer que ten铆a fama de ser una mujer pecadora. 驴Sinti贸 Jes煤s escalofr铆os cuando esta mujer se le acerc贸, tom贸 sus pies, los ba帽贸 con sus l谩grimas? 驴O cuando los sec贸 con sus cabellos y los ungi贸 con perfume y derroch贸 afecto sobre él? Nos lo imaginamos muy seguro de s铆 mismo, de su misi贸n para con los pecadores. Pod铆a él haber temido ser confundido con uno de los amantes de esa mujer. Pero Jesucristo no le tem铆a a las malas lenguas, era completamente libre. Nuestra gente, hay que decirlo aqu铆, le tiene m谩s miedo a las lenguas que al mismo diablo. En serio que quisiéramos ser como él.
     El segundo personaje que aparece en escena es la mujer. Nos fijamos primeramente en su arrepentimiento. Es un arrepentimiento intenso y sincero: hay l谩grimas, hay atrevimiento de meterse a una comida de gente distinguida, y sobre todo hay muestras de amor. La correspondencia del arrepentimiento es el perd贸n. Dios siempre est谩 dispuesto a perdonar a los pecadores, que somos todos, pero se hace efectivo su perd贸n cuando el pecador se arrepiente. Es condici贸n indispensable. Hay veces que hablamos del perd贸n sin su contraparte. Esto no es cristiano, es telenovela, no evangelio. Con nuestras consideraciones sentimentalistas lo que hacemos es trivializar el perd贸n de Dios. El perd贸n de Dios es algo muy serio, muy responsable, salvador. No deja en el pecado al pecador, al contrario, busca rescatarlo.
     Pero encima del arrepentimiento hay que poner el acento en el amor. El amor es el supremo mandamiento de la ley de Dios. Esta mujer, que seguramente hab铆a tenido muchos "amores鈥, en realidad hab铆a sido objeto de placer, una cosa usable y desechable, como acostumbran hacerlo los hombres, se valen de las personas para su satisfacci贸n personal. Ahora se encuentra con un hombre que la recibe como persona, que la ama, que le da su lugar. En definitiva, se encuentra con Dios.
     Todos los cristianos, sea clérigos o laicos, tr谩tese de obispos o hasta del mismo Papa, debemos sentirnos llamados a este arrepentimiento intenso. Muchos lamentamos esa mec谩nica que sigue nuestra jerarqu铆a eclesi谩stica de ocultar los malos comportamientos de los sacerdotes, seg煤n esto para no escandalizar a nuestros laicos. Pero lo que conseguimos con el encubrimiento, con el ocultamiento, con ese tratar de salvar las apariencias, es bloquear el verdadero camino de la reconciliaci贸n, que est谩 tan bellamente plasmado en esta mujer en su encuentro con Jes煤s.
     Detr谩s del perd贸n est谩 el amor. En realidad nadie perdona verdaderamente si no ama. Puede haber borr贸n, olvido, indiferencia, pero el verdadero perd贸n se da en el amor.
     El tercer personaje, no hay que olvidarnos de él, es el hombre religioso, Sim贸n el fariseo, cumplidor de la Ley de Dios, apartado del pecado,鈥 y de los pecadores鈥 pero vac铆o de lo principal, el amor. Nos lo imaginamos como una persona r铆gida, cuadrada de mente, con coraz贸n de piedra, como lo somos tantos clérigos en esta Iglesia nuestra, que gustamos hablar mucho de perd贸n, pero s贸lo cuando nos conviene. Jesucristo es su absoluta contraparte.
     Acojamos en la oraci贸n y en la celebraci贸n esta tan bella Buena Noticia que hemos proclamado.

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