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NO SE PUEDE SERVIR A DIOS Y AL DINERO
Comentario a Lucas 16,1-13, evangelio de la Misa del domingo 19 de septiembre del 2010, 25潞 ordinario.
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     Perm铆tanme seguir insistiendo en el lugar que debe ocupar la Palabra de Dios en nuestra vida cristiana y en nuestra vida de Iglesia: es el cimiento sobre el que se debe de construir. La Palabra de Dios que hoy nos ofrece la Iglesia es un ejemplo muy claro de c贸mo debemos ir haciendo nuestra vida seg煤n las ense帽anzas de nuestro Se帽or. Y hay ense帽anzas, como la de ahora, que nos dejan perplejos, pero que requieren de un discernimiento detenido para conducirnos de acuerdo a ellas.
     Para empezar, en la primera lectura nos topamos con la denuncia de un gran profeta, Am贸s, un campesino al que Dios llam贸 para que pusiera su voz al servicio de la Palabra divina. Es un grito que no s贸lo sacude nuestra vida personal, sino toda nuestra vida colectiva, el sistema econ贸mico de este mundo, para que veamos c贸mo Dios quiere moldear hasta nuestra estructura social: "Escuchen esto los que buscan al pobre s贸lo para arruinarlo y andan diciendo: "驴Cu谩ndo pasar谩 el descanso del primer d铆a del mes para vender nuestro trigo, y el descanso del s谩bado para reabrir nuestros graneros?" Disminuyen las medidas, aumentan los precios, alteran las balanzas, obligan a los pobres a venderse; por un par de sandalias los compran y hasta venden el salvado como trigo鈥. 隆C贸mo siguen siendo actuales estas palabras del profeta que son un grito del mismo Dios! Nuestra Iglesia, hay que repetirlo cuantas veces sea necesario, ha perdido su calidad profética. El magisterio s铆 nos llama a crear una sociedad m谩s igualitaria, m谩s humanista, menos monetarista, pero lo hace desde el nivel de los poderosos, amoldados perfectamente en esta econom铆a tan injusta; y as铆, ni fuerza tiene el llamado. Si fuéramos pobres, sacud铆amos la conciencia del mundo.
     La fuerza de la palabra del profeta le viene de Dios ciertamente, pero su coherencia de vida la afianza. Vean a Am贸s, vean al pobre de Nazaret.
     La par谩bola que hoy nos propone Jesucristo puede prestarse a confusi贸n. 驴Est谩 dando como positivas las trampas del administrador? 驴Nos lo est谩 poniendo de ejemplo? S铆, pero s贸lo su habilidad y su astucia. Jesucristo no nos dice que seamos as铆 en los negocios del mundo, sino que seamos astutos y de iniciativa en las cosas de la luz, o del Reino. Es una denuncia que lanza el Maestro a sus disc铆pulos, sobre todo los de hoy: tan pasivos la mayor铆a, tan carentes de inventiva. Fijémonos c贸mo las empresas, la ciencia y la tecnolog铆a avanzan tan r谩pido, c贸mo se abren camino, c贸mo colocan sus productos, hasta nos convencen de qué jab贸n debemos usar o qué alimentos tomar. Y en las cosas de la Iglesia nosotros no sabemos colocar nuestro gran "producto鈥, a Jesucristo, la buena noticia de la salvaci贸n para este mundo.
    Luego sigue una frase dif铆cil, muy comprometida en estos tiempos de lavado de dinero: "Con el dinero, tan lleno de injusticias, g谩nense amigos que, cuando ustedes mueran, los reciban en el cielo鈥. Hay que tomarse esta ense帽anza por el lado bueno. El dinero es aqu铆 catalogado por nuestro Se帽or como dinero de injusticia. 驴Hay dinero justo? En aquellos tiempos los pobres no ten铆an dinero, s贸lo se ganaban su denario por jornada para alimentar ese d铆a a su familia. Hoy d铆a los obreros y campesinos pueden presumir que lo que traen en la bolsa se lo han ganado con el sudor de su frente. Pero hay muchos otros, sobre todo entre los pol铆ticos, empresarios, eclesi谩sticos, y no se diga los del crimen organizado, a los que les queda bien esta consideraci贸n de nuestro Se帽or. De todos modos, él nos pide que lavemos nuestro capital, gan谩ndonos a los amigos de Dios que son los pobres.
     Y la frase lapidaria con que concluye este pasaje nos deja de una pieza: no se puede servir a Dios y al dinero. Para que veamos, lo repito, que la vida cristiana consiste en dejarse hacer por la Palabra del Maestro, no por la palabra del mundo.

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