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(Los artículos de esta sección pueden ser reproducidos por cualquier medio, citando la fuente)
 
MES DE LA BIBLIA. NUESTRA VIDA CRISTIANA COMO OBEDIENCIA AL PADRE
Miércoles 29 de septiembre del 2010
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     A través de estos temas hemos querido dejar bien clara esta convicción: que no es lo mismo portarse bien y hacer cosas buenas, que cumplir la voluntad de Dios. Y la vida cristiana, nos lo ha enseñado nuestro señor Jesucristo, el Hijo por excelencia, consiste precisamente en cumplir cabalmente la voluntad del Padre. No se trata tanto de hacer "actos” de obediencia, sino sobre todo vivir la obediencia con toda la vida, poner toda nuestra vida cristiana personal y nuestra vida de Iglesia en sintonía con los planes de Dios; lo vemos en Jesucristo crucificado, lo vimos en María, en los santos.
     Escuchen las siguientes precisiones:
     Leer la Biblia es cosa buena. ¿Están de acuerdo? Sí, leer la Biblia es bueno, pero no es lo mismo saber algo o bastante de Biblia, que dejarse conducir por la Palabra de Dios. Nuestros católicos ya conocen la Biblia, aunque sea por fuera, y hay bastantes que ya la saben manejar y que la leen, pero su conocimiento no llega hasta el grado de dejarse conducir por ella. Lo que sucede es que nos dejamos conducir por la moral que hemos aprendido, por las normas de esta sociedad "cristianizada”, que no es lo mismo que conocer a Jesús, escuchar su Palabra, seguir sus pasos y trabajar para él.
     Los escribas y fariseos, por ejemplo, del tiempo de Jesucristo, leían asiduamente el Antiguo Testamento, sin embargo, Jesús los reprobó porque conocían la Biblia pero no cumplían con la Palabra de Dios. La voluntad de Dios era salvar a los pecadores, eso lo tenía nuestro Señor muy claro, pero ellos preferían cumplir al pie de letra otros preceptos menores de la Biblia. Así lo vemos en Mateo 23,23: "¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que pagan el diezmo de la menta, del aneto y del comino, y descuidan lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe!”.
     Otro ejemplo de cómo podemos hacer un acto piadoso de lo que debería ser nuestra vida entera creyente:
     Es bueno ir a Misa los domingos. ¿Cierto o no cierto? Claro que es cierto. Sin embargo, no es lo mismo ir a Misa sólo por ir a Misa o por otras razones, que atender la invitación que Jesús nos hace en el Evangelio. Él nos dice: "Tomen, esto es mi Cuerpo… hagan esto en memoria mía”. Y nos sentamos a la mesa para estar reunidos dos o tres, o muchos más en su nombre. Más aún, hacemos de nuestra vida una vida eucarística, como la de él, que se entrega permanentemente para la salvación de los demás. Lean Lucas 22,14-20. Jesucristo dice: "con ansia he deseado comer esta pascua con ustedes antes de padecer”. Y cuántos católicos vamos a Misa arrastrando los pies.
     Otro ejemplo:
     Rezar es cosa buena, ¿no es así? Cierto, es bueno rezar. Pero hay de maneras a maneras de hacer oración. Hay quienes gustan de recitar muchas oraciones aprendidas. Y a veces rezamos de recorrido y sin tropiezo. Hay otros católicos que rezan oraciones libremente, dejando que la lengua y el corazón hablen. Y Jesucristo nos dice en Mateo 6,7-13: "Y al orar, no hablen mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No sean como ellos, porque su Padre sabe lo que necesitan antes de pedírselo”.
     A los cristianos nos interesa orar como Jesús nos enseña no tanto como a nosotros nos gustaría, es más, queremos orar así como él oraba, y llevar una vida de entera oración, como la de él, para estar constantemente en sintonía con el Padre de los cielos. Estudiemos por eso a Jesucristo, estudiemos su Persona en los santos evangelios.
     Un ejemplo más:
     Todos estamos convencidos que lo más importante para todo ser humano es amar a Dios y al prójimo. Todas las religiones coincidimos en eso. Y hasta los no creyentes están de acuerdo con nosotros en el amor al prójimo. Sin embargo, nuestro Maestro nos enseña cómo hay que amar a Dios y cómo hay que amar al prójimo. Que no es lo mismo amar, que amar como Jesucristo nos enseña. Veamos Marcos 12,28-34. Y el amor a Dios y al prójimo, Jesucristo lo completa con su mandamiento nuevo, un amor radical al hermano: vean Juan 13,33-35.
     Así es que en conclusión debemos decir que cada uno de nosotros es católico y cristiano porque estamos seguros del llamado de Jesucristo que nos dice: "Sígueme”. Y el servicio que cada uno de nosotros presta o debe prestar en la Iglesia y para el mundo, lo hacemos como una respuesta al llamado de Jesús, que en el estudio de su Palabra vamos descubriendo día con día.
     Al verdadero discípulo de la Palabra de Jesús se le nota palpablemente: no solamente lee la Biblia sino que la estudia; la lleva consigo, la lleva en la mente, en el corazón; la lleva a Misa, la vive con toda su vida y su corazón.

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