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(Los artículos de esta sección pueden ser reproducidos por cualquier medio, citando la fuente)
 
CÓMO ESTUDIAR LA SAGRADA ESCRITURA
Miércoles 6 de octubre del 2010
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     Según nuestras estadísticas, más o menos la décima parte de la población católica, o un poquito más, asiste a Misa los domingos. Este es un porcentaje muy bajo, porque debería ser al revés, que la parte que no asistiera fuera sólo el 10% y no el 90%. No tenemos el dato de la lectura de la Biblia, pero fijándonos en los que asisten a Misa los domingos, que son una décima parte, y a según las veces en que hemos preguntado, son mucho más pocos los que leen con cierta frecuencia la Biblia. Pensamos que de seguro los que no van a Misa tampoco lo hacen. Esto no es una recriminación, sino una preocupación pastoral. Nos preguntamos, ¿qué es lo que tenemos que hacer para que la Palabra de Dios sea conocida y estudiada?
     1. ¿Están de acuerdo ustedes en la anterior afirmación?
     2. ¿Con qué frecuencia se ponen ustedes a leer la Biblia?
     3. ¿Han leído los evangelios completos, o algún otro libro de la Biblia?
 
     La Biblia se puede leer desde el principio, desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Hay quienes así lo hacen, y duran como un año para hacerlo. Esto es bueno, sin lugar a dudas, pero yo dejaría esta lectura para los ya iniciados, los que ya conocen los santos evangelios y el resto del Nuevo Testamento. Para una persona que comienza, esta lectura puede quedar en un abandono de la lectura, porque en esa lectura continuada se va a topar por largas temporadas, y con muy poco provecho espiritual, con libros difíciles de leer, como el Levítico, Números, que traen muchas leyes que ya no están vigentes para nosotros los cristianos, y muchos ritos; y además hay otros libros como los de Samuel, Reyes, Crónicas, que nos hablan de muchas guerras, muertes, infidelidades, traiciones, etc. Todo esto será necesario conocerlo posteriormente, para entender mejor al pueblo de Dios, a Dios mismo, a Cristo y nuestro cristianismo, pero para los que empiezan, quizá no sea lo mejor.
     Yo, como párroco, le recomiendo siempre a las personas, que se propongan estudiar los santos evangelios, no exclusivamente, porque sí pueden leer cada vez que lo quieran, cualquier otro pasaje de la Biblia, como los salmos, los profetas, las cartas de los apóstoles. Pero como estudio pausado, es mejor entrar a los evangelios y permanecer ahí buen tiempo, para empezar por Jesucristo, que es, en su persona, la Palabra de Dios hecha carne. A partir de Jesucristo es como podemos llegar a conocer, así como los círculos concéntricos de una espiral, o de un rollo como los que ustedes cocinan en su casa, los demás libros de la Biblia: las cartas de los apóstoles, los salmos, los profetas, en ese orden.
     Todos los versículos de la Biblia son Palabra de Dios, pero cada uno de ellos debe entenderse a partir de Jesucristo. No es válido sacar un versículo de la Biblia para darle un valor absoluto. Para los cristianos esto no es así. Nosotros tenemos puesta nuestra fe absoluta en Jesucristo, sólo a partir de él podemos ponernos a la obediencia de la Palabra de Dios. No leemos la Biblia como si fuéramos escribas o fariseos de los tiempos de Jesús, ellos no entendieron que Jesucristo, en sus enseñanzas y en sus milagros, en sus actitudes, en sus preferencias, en sus conflictos, en fin, en toda su Persona, era la revelación plena de Dios. Si nosotros nos pusiéramos a estudiar la Biblia por la Biblia, seríamos como ellos. Pero no. A nosotros nos interesa cómo entendió, como interpretó o cómo aplicó Jesucristo la Biblia, cómo revela la Palabra de Dios.
     Veamos un ejemplo muy claro de esto en Marcos 2,23-28. Hay varios lugares del Antiguo Testamento en que se prohíbe hacer cualquier trabajo en sábado. Sin embargo, Jesús nos hace ver que el hombre es más importante que el sábado, más aún, que Jesucristo es el Señor del sábado. O vean también Marcos 3,1-6: el sábado se hizo para hacer el bien, para salvar una vida.
     Ahora les queremos ofrecer un pasaje un poco largo. Esperamos que por ahora no se fijen en otros detalles, que trae muchos este pasaje, sino sólo en el acento que pone Jesús, en su manera de entender los mandamientos de la ley de Dios, y lo hace con autoridad: lean Mateo 5,20-48: "han oído que se dijo a sus antepasados… pero yo ahora les digo…”
     Estos son sólo unos ejemplos de los muchos que podríamos poner. Esperamos que nos quede claro que para los cristianos toda la Biblia hay que entenderla a partir de Jesucristo.
     Ya pasando al estudio de la Biblia, les queremos proponer estos pasos sencillos:
     Primero lean en su casa un pasaje de los evangelios, puede ser el del domingo siguiente o del anterior. Segundo, traten de recordarlo sin ver el texto, o recuerden lo que puedan. Si no recuerdan casi nada, vuélvanlo a leer cuantas veces quieran. Tercero, sin distanciarse del pasaje leído, piensen en lo que nos quiere decir para nuestra vida. Las aplicaciones a la vida tienen que ser sencillas. Cuarto, se pueden aprender, por lo menos para esa semana, algún versículo leído, el que más les haya llamado la atención, y repítanlo en silencio o en voz baja, los días siguientes. Estos pasos los pueden hacer un buen tiempo. Posteriormente, nos gustaría en la parroquia enseñarles la Lectio Divina y el Estudio de Evangelio, como métodos de un estudio profundo de la Palabra de Dios.

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