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SI SE MANTIENEN FIRMES, CONSEGUIR√ĀN LA VIDA
Comentario a Lucas 21,5-19, evangelio de la Misa del domingo 14 de noviembre del 2010, 33¬ļ ordinario
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     En la primera lectura se deja ver que no somos los √ļnicos que quisiéramos la intervenci√≥n justiciera de Dios en esta situaci√≥n que estamos viviendo. Hace muchos siglos el profeta Malaqu√≠as as√≠ lo anunci√≥ al pueblo: "Ya viene el d√≠a del Se√Īor, ardiente como un horno, y todos los soberbios y malvados ser√°n como la paja. El d√≠a que viene los consumir√°, dice el Se√Īor de los ejércitos, hasta no dejarles ni ra√≠z ni rama‚ÄĚ.
     La segunda parte es ciertamente la buena noticia: "Pero para ustedes, los que temen al Se√Īor, brillar√° el sol de justicia, que les traer√° la salvaci√≥n en sus rayos‚ÄĚ.
     Nuestro Se√Īor nos ense√Īa a leer estas profec√≠as del A. T. Aquellos tiempos antiguos eran tiempos de guerra y de venganza. Ahora Jesucristo nos hace ver los planes de Dios con m√°s exactitud.
     El d√≠a de la justicia de Dios no es un d√≠a, ni se trata de una intervenci√≥n militar, como los seres humanos nos imaginamos siempre las cosas y as√≠ quisiéramos solucionarlas: ya ven c√≥mo las naciones se hacen justicia a base de sus ejércitos y sus intervenciones armadas. Ya ven también c√≥mo se quiere solucionar el problema de la inseguridad: a punta de la fuerza de la armas. No dudamos que en momentos de emergencia se tengan que usar, sin embargo, parece que no hay planes ni acciones de fondo, para llegar m√°s a lo hondo del coraz√≥n de las personas. Tampoco se quiere cambiar este modelo econ√≥mico y social tan injusto, tan consumista y tan id√≥latra del dinero que est√° detr√°s de la violencia. Y todos estamos metidos en esto, y ah√≠ est√°n los frutos o las consecuencias fatales: una sociedad destruida, conformada por personas destruidas.
     Jesucristo nos pide discernimiento. Él quiere que sus disc√≠pulos aprendan a ver y a pensar. "No se dejen enga√Īar", nos advierte, no se dejen conducir por esos pregoneros de la falsedad. No nos dejemos llevar por las se√Īales meramente externas de los acontecimientos.
     Estamos llegando al final del a√Īo lit√ļrgico, por ello la lectura evangélica de hoy. Finalmente Jesucristo ha llegado a Jerusalén, la capital del pueblo escogido, ah√≠ ha tenido su encuentro con el gran templo, lo vemos hoy frente a esa estructura, no s√≥lo f√≠sica, sino religiosa, que aglutinaba toda la vida del pueblo jud√≠o, como lugar privilegiado de la relaci√≥n del pueblo con Dios, pero que hab√≠a llegado el momento de superarlo; hab√≠a llegado el momento de cambiar esa manera de relacionarse con Dios. Precisamente Jesucristo anuncia su ruina, su desmoronamiento total, tanto del templo como de lo que éste representa.
     Nuestro Se√Īor no s√≥lo anuncia la ruina del templo, sino también los tiempos dif√≠ciles que vendr√°n sobre el pueblo y en especial sobre sus disc√≠pulos. ¬ŅPor qué lo hace? ¬ŅPara asustarlos, para hacerlos entrar en p√°nico? No. Para prepararlos. Prepararlos a su pasi√≥n y su muerte, que ser√°n momentos muy dif√≠ciles para ellos, pero también para prepararlos para la misi√≥n de ellos, porque no ser√° nada f√°cil llevarla a cabo, aunque s√≠ necesario.
     No vayamos a pensar que Jes√ļs quiere iniciarlos en una religiosidad del miedo. Todo lo contrario. Les abre los ojos, el entendimiento, la fe para que salgan valientemente al mundo. Las contrariedades y persecuciones ser√°n la oportunidad de dar testimonio de Jes√ļs.
     En aquellos a√Īos los cristianos viv√≠an tiempos muy dif√≠ciles, como los momentos por los que iba a atravesar el Maestro en su pasi√≥n. Esos tiempos eran también dif√≠ciles para aquellos primeros cristianos de la escritura de este evangelio. Y no se diga hoy, estamos viviendo tiempos muy dif√≠ciles que requieren de un especial discernimiento por parte de los disc√≠pulos de Jes√ļs, discernimiento a partir de nuestra fe y a partir de nuestra confianza absoluta en Aquel que nos ha llamado. Nada de enga√Īos, nos dice Jes√ļs, nada de ingenuidades dir√≠amos hoy. La fe no es infantilismo, es madurez, m√°s que la simple madurez humana. "No los sigan‚ÄĚ, no se dejen llevar por ellos. Seamos l√ļcidos, cristianamente l√ļcidos.
     Lo que Jes√ļs anunci√≥ para aquellos disc√≠pulos es también para nosotros. No tenemos por qué pensar que a nosotros nos toca vivir un cristianismo, o seguimiento de Jes√ļs, m√°s c√≥modo, agradable, exitoso, todo lo contrario, puede ser arduo, dif√≠cil, lleno de contrariedades y persecuciones. El que quiera seguir al Maestro, que esté sobre aviso. As√≠ es que, vivamos intensamente nuestro cristianismo en estos tiempos tan dif√≠ciles que nos ha tocado vivir. Caminemos decididamente al encuentro del Se√Īor.
     Vivamos activamente nuestra fe, sin enga√Īos pero tampoco con pasividades como escuchamos en la segunda lectura, "el que no trabaje, que no coma‚ÄĚ.

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