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EL PAPA ADMITE SER FALIBLE
Miércoles 24 de noviembre del 2010
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     Ya ha sido puesto a la venta al público el libro "Luz del mundo” que contiene las respuestas del Papa Benedicto XVI a la entrevista que le realizó el periodista Peter Seewald. El periódico vaticano L’Osservatore Romano hizo un adelanto sobre el contenido del libro. También la página electrónica Zenit nos ha ofrecido unas "cápsulas” que resumen el libro. Hay tres temas que han despertado particularmente el interés de los medios de comunicación y de gran parte de la sociedad y de la Iglesia: la falibilidad del Papa, la tardanza de la Iglesia en atender las denuncias contra el p. Maciel, y el uso del condón.
     El Papa se puede equivocar, como todos los seres humanos. Esto lo sabemos todos. Una cosa es aceptar su magisterio, su conducción de la Iglesia Universal, y otra cosa es creer que todo lo que enseña es Palabra de Dios.
     El concilio Vaticano I, celebrado en 1870, definió la infalibilidad del romano pontífice en estos términos y condiciones: "el Romano Pontífice, cuando habla ex cathedra —esto es, cuando cumpliendo su cargo de pastor y doctor de todos los cristianos, define por su suprema autoridad apostólica que una doctrina sobre la fe y costumbres debe ser sostenida por la Iglesia universal—, por la asistencia divina que le fue prometida en la persona del bienaventurado Pedro, goza de aquella infalibilidad de que el Redentor divino quiso que estuviera provista su Iglesia en la definición de la doctrina sobre la fe y las costumbres; y, por tanto, que las definiciones del Romano Pontífice son irreformables por sí mismas y no por el consentimiento de la Iglesia”.
     Poquísimas veces el Papa hace alguna declaración ex cathedra, como lo es el dogma de la purísima concepción de la virgen María, o el de su asunción a los cielos.
     Pero nos sirve esta declaración para nuestros asuntos pastorales. ¿Quién de nosotros los seres humanos puede atribuirse o apropiarse la revelación infalible que corresponde a Dios nuestro señor? Si el Papa no lo hace en todos sus documentos, que son muchos, es decir, si no los defiende o sostiene como la mismísima Palabra de Dios, ¿por qué hay católicos que así nos lo quieren hacer creer?
     Varias veces algunas personas me han preguntado, casi con cierta culpabilidad por sus dudas, si es obligación creer en las "revelaciones” que se reciben en algunos grupos de oración: alguien se pone a hablar en lenguas, luego él mismo u otra persona interpreta y los demás como que se quedan en la certeza de que efectivamente ha sido Dios el que les ha hablado, no en sentido amplio, sino letra por letra, palabra por palabra, como si la información de Dios hubiera fluido como la señal que reciben las computadoras vía internet. Mi respuesta es que si ni el Papa mismo se reserva ese privilegio de hacernos pensar que todo lo que nos transmite es la mismísima voz de Dios, ¿acaso un católico está obligado en conciencia a creerse toda otra revelación?

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