Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     



28 de noviembre 2010
Temas candentes
De héroes y de valores
Pbro. Dizán Vázquez
Con ocasión de las celebraciones del bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución, buena parte de la atención, obviamente, ha recaído en los personajes que fueron protagonistas de ambas gestas.
Volver la mirada a nuestros orígenes, a los momentos fundacionales de nuestra historia y a nuestros héroes, se supone que es para recuperar los grandes valores que deben regir hoy nuestra vida personal y social: la libertad, la justicia, el respeto a los derechos humanos, etc., valores que finalmente no son otra cosa que expresiones del amor al prójimo. Son valores que suponemos encarnados en nuestros héroes. ¿Pero será así, precisamente? ¿No será más bien que no pocos de ellos representaron antivalores que hoy nos hacen estremecer?
Pongamos por ejemplo el caso de la Revolución. Buen número de nuestros "héroes” cayeron asesinados, y no precisamente por enemigos de la patria, sino por otros "héroes” revolucionarios. La Revolución mexicana comenzó y acabó con Madero y con algunos pocos más, no todos conocidos y menos reconocidos, idealistas, honestos, que no se mancharon las manos con la sangre de sus contarios ni del pueblo indefenso. Lo demás fue una orgía de sangre, una borrachera de ambiciones desmedidas, de corrupción, de competencias desleales, y todo con el pretexto de "buscar el bien de la patria”.
Es cierto que no es lo mismo un héroe que un santo. Pero tampoco podemos irnos al otro extremo de pasar por alto las fechorías de un supuesto héroe solo porque supuestamente hizo algunas cosas buenas atropellando impunemente el principio básico moral de que "el fin no justifica los medios”.
Considerar héroes a algunos malhechores puede llevar a nuestro pueblo a no distinguir entre lo bueno y lo malo que hicieron y admirarlos aun en sus acciones más aberrantes. De hecho, uno de esos "grandes héroes” de la Revolución tiene hasta un culto pseudorreligioso dedicado a su persona, en el que se le invoca como santo y como protector, al lado de Jesús Malverde y de la Santa Muerte. ¿No es esa una muestra más de la decadencia moral que nos impide levantar el vuelo como nación?
Incluso se podría admitir que a esos grandes criminales les animaba en su lucha un sincero deseo de justicia social y de compasión por los pobres, pero en un balance final, ¿se pueden justificar por esa buena intención los brutales atropellos a los derechos humanos que perpetraron?
¿Qué fue entonces lo que les falló a esos "grandes héroes”? Creo que lo que les falló es que se lanzaron a la lucha provistos de un raquítico bagaje ético, de una pésima formación moral, de una deficiente concepción del ser humano. Cuando alguien se fabrica su propia moral sin atender a una norma universal, corre el riesgo de ser selectivo, de escoger unos valores y descuidar otros igualmente o más importantes. A un personaje que nos presenta por igual un lado oscuro y un lado luminoso le podremos reconocer discretamente este lado luminoso, pero no declararlo héroe, porque en ese caso cualquier asesino, ladrón, violador, como algunos de los mas famosos capos del crimen organizado, podría ser declarado héroe, y de hecho lo es para muchos, solo porque "ayudaba a la gente pobre”.
Por los héroes que una persona admira se puede entrever cual es su estructura moral: "Dime quiénes son tus héroes y te diré cuales son tus valores”.
 

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