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(Los artículos de esta sección pueden ser reproducidos por cualquier medio, citando la fuente)
 
MUERTES QUE DUELEN M√ĀS; NOTAS QUE NOS CUESTIONAN
Lunes 20 de diciembre del 2010
Carlos Pérez B., Pbro.
 
     Todos los asesinatos nos duelen, pero hay algunos que nos duelen m√°s. La muerte de una madre que ten√≠a a√Īos exigiendo justicia para su hija, nos conmueve hasta las entra√Īas. Quiz√° no esper√°bamos mucho de las autoridades, pero lo que menos nos imagin√°bamos era que el desenlace de toda su lucha fuera a ser su propia muerte. ¬°Qué crueldad! Esto no es de seres humanos, ni de lejos. Ahora que Dios colme sus anhelos de justicia y le recompense todos sus afanes. Y nosotros, por nuestra parte, que nos sintamos motivados por su ejemplo a unirnos al clamor de tantas madres: ni una muerta m√°s.
    
     Nos cuestionan las notas que aparecieron hace d√≠as, en las im√°genes televisivas, sobre el apoyo de algunas gentes hacia uno de los personajes del crimen organizado que supuestamente hab√≠a ca√≠do en un operativo policial, en Apatzing√°n, Michoac√°n.
     El semanario "Desde la fe‚ÄĚ de la arquidi√≥cesis de México, en su editorial titulado "La delincuencia no tiene apoyo social‚ÄĚ (tomo la nota del peri√≥dico La Jornada) afirma que "Nadie, con un poco de sentido com√ļn, puede creer que la ciudadan√≠a en general esté apoyando a los delincuentes y, por ende, la violencia que ésta provoca‚Ä̂Ķ nadie puede pensar que los delincuentes tienen una base social que esté alentando sus actividades il√≠citas‚Ä̂Ķ aunque sin duda existen autoridades y polic√≠as corruptos que hacen posible sus movimientos‚Ä̂Ķ No hemos llegado a la decadencia moral de una sociedad que esté de acuerdo con los criminales y reclame a las fuerzas del orden‚Ķ Somos una sociedad con ideales nobles y con deseos de un verdadero desarrollo‚ÄĚ.
     Podemos afirmar esto de la gran mayor√≠a de la poblaci√≥n, sin embargo, el crimen organizado s√≠ cuenta con alg√ļn grado de apoyo social, o de complicidad de personas beneficiadas, amigos o parientes cercanos.
     A gran parte de nuestra gente le falta claridad en estas cosas, claridad cristiana. Y la culpa la tenemos nosotros, los encargados de educarlos en la fe. Yo guardo ese recuerdo y ese af√°n que ten√≠a en una parroquia, que por ser de menor poblaci√≥n que las otras en las que he estado, he podido conocer a las gentes m√°s de cerca. El narcotr√°fico se apoder√≥ de pueblos y rancher√≠as, de algunas familias en especial. Mi lucha era convencer a los m√°s allegados a que no aceptaran ning√ļn beneficio de c√≥nyuges, hijos o dem√°s parientes que tuvieran que ver con esa actividad. "No acepten ni siquiera una licuadora, mucho menos el arreglo de la casa. No nos hagamos c√≥mplices por conveniencia‚ÄĚ, era mi llamado. Sufr√≠a al constatar que algunas familias se hac√≠an de los ojos cerrados ante los malos pasos de sus hijos.
     Y la parroquia, y la iglesia toda, debemos mantenernos al margen de cualquier beneficio que provenga del crimen organizado.

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