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NAVIDAD, EL LUGAR DONDE TODO COMENZÓ
Comentario y saludo de Navidad
(24 de diciembre del 2010)
 
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     El Papa Benedicto XVI nos decía el pasado miércoles, en la audiencia general, que "la Navidad es el lugar donde todo comenzó”.
     Primero fue en Nazaret, una aldea desconocida de la marginada Galilea, en un país conquistado y hecho parte del imperio romano. Fue la anunciación de la encarnación del Hijo de Dios. Ahora en Navidad nos colocamos en Belén, en una gruta, en un establo. Celebramos la Eucaristía de Navidad en esa gruta bendita, al pie del pesebre, porque ahí hay lugar para todos, lo sabemos bien. Entre animales y entre pajas, ahí nació el salvador del mundo. Aquí, en esta gruta, con este acontecimiento empezó todo esto que llamamos cristianismo, fe, iglesia. Y no debemos perder este origen. Yo lo escribía el año pasado, después de participar en una Misa muy solemne, con grandes personalidades de la Iglesia y de la política. Al estar en ella recordaba con cierta añoranza que toda esa solemnidad que llamamos liturgia e iglesia había empezado en un establo de Belén. Volvamos y permanezcamos fieles a nuestro origen.
     Estos son los protagonistas de la navidad del año 1: José y María, una pareja pobre que acogió el llamado de Dios; Zacarías, Isabel, Juan, que acogieron al Salvador del mundo antes de nacer. Los pastores, Simeón, Ana, que lo recibieron recién nacido. ¡Qué cuadro! No eran personajes de la religión o de la política de aquellos tiempos. Y sin embargo, en ese cuadro se fraguaba la salvación del mundo. Por eso hacemos fiesta y no nos cansamos de alabar a Dios por sus caminos.
     Si Jesucristo hubiera nacido rico y humanamente poderoso, no veríamos en él más que una reproducción de los caminos de este mundo. En aquellos tiempos César Augusto se proclamaba como el salvador del mundo, y mandaba hacer esta inscripción en los monumentos por todo su imperio.
     Pero si a Jesús lo vemos pobre y desposeído por completo, nos sorprendemos por esa novedad. ¿Por qué así? No lo entendemos a cabalidad, pero acogemos con toda obediencia este misterio del nacimiento del Hijo de Dios en la pobreza. En esta imagen de pobreza nos resulta más fácil reconocer el amor infinito del Padre, su ternura, su gratuidad, su compasión. Esperamos que todos los creyentes lo entendamos así, y estemos dispuestos a transitar por los caminos de Dios.
     Jesús pobre es camino de esperanza para los oprimidos. Jesús, antes de poder hablar o predicarnos, ya nos está invitando a vivir de otra manera, y ser así una buena noticia para todo el mundo, una invitación a la conversión, a cambiar nuestros criterios, nuestros caminos. Porque los caminos de poder, de dinero, de posesión, de dominio, esos caminos son los que están perdiendo al mundo. Díganlo si no todas las muertes, robos, extorsiones, secuestros que estamos padeciendo. En Belén celebramos el comienzo. Estamos dispuestos a seguir los pasos de este Niño, que recorrerá los caminos de Galilea, sus hogares, que se incrustará con los desposeídos de la tierra. Y eso es salvación, paz, justicia para toda la humanidad.
     Al celebrar su nacimiento, al acercarnos a adorar a este Niño que nació en el pesebre de Belén, vamos a estar reconociendo que lo más valioso que tenemos en la Iglesia es Jesús. Lo más valioso de nuestra historia, de nuestra sociedad, es Jesús.

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