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LA RADICALIDAD DE JESUCRISTO
Domingo 13 de febrero del 2011, 6º ordinario
Comentario a Mateo 5,17-37.
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     En el catecismo antiguo nos aprendimos los diez mandamientos de la ley de Dios. También quienes estudian la Biblia se han topado no sólo con estos diez mandamientos, sino con una multitud de mandamientos en el Antiguo Testamento. Jesucristo ha subido al monte para darnos una nueva ley, una ley más divina, la verdadera ley de Dios. Ha comenzado su discurso con las bienaventuranzas. Luego, ha retomado algunos mandamientos de la ley antigua con una nueva óptica, que nosotros llamamos evangélica, cristiana. Es una manera nueva de ver la ley de Dios, más exigente pero no estricta o detallista, al menos en la línea del legalismo según la lectura e interpretación que hacían los fariseos. Por ello Jesucristo alude a ellos y toma distancia: "si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los cielos”.
     ¿Cuál es esa justicia mayor? "Radical” no es lo mismo que "extremista”. Radical viene del latín que significa raíz. Radical es el que va hasta la raíz de las cosas, que ve con una mirada profunda. Así es que veamos las cosas como las expone Jesucristo:
     "No matarás”, se decía en la ley de Moisés. Jesucristo nos enseña una exigencia mayor: NO a las ofensas. ¿Qué les parece? Jesús equipara la ofensa, el insulto, la agresión al prójimo con el acto de matar. Fiel a esta enseñanza, san Juan dirá en una de sus cartas que el que odia a su hermano es un asesino. Con esto ya no se trata de cumplir exteriormente con una ley, sino llevar las cosas a lo más hondo del corazón, ahí donde nace el odio o el amor. Nuestro Señor fue recio en su manera de corregir al pueblo y a sus discípulos, incluso para llamarle la atención a los dirigentes, o sea que no se trata de ser "dulzones”, sino de no abrigar sentimientos negativos.
     Más aún, la exigencia de Jesucristo toca nuestras prácticas religiosas, y la manera que lo hace indica la importancia que le concede a ello: "deja tu ofrenda junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano”. Nuestra religión, nuestras prácticas religiosas no tienen sentido mientras tengamos cuentas pendientes con el prójimo, al menos si nosotros tenemos la culpa. Cuántas cosas y celebraciones tendrían que cambiar en nuestra Iglesia si siguiéramos con más fidelidad las enseñanzas del Maestro. Nuestros sacramentos los celebramos con una neutralidad culpable: "no importa si tienes cuentas pendientes con tus empleados, con la sociedad, con los más pobres…” Por eso en las misas puede estar presente el sicario, el dictador, el opresor. Y qué bueno que estuvieran presentes, pero pidiendo perdón de sus faltas. Por otro lado, Jesús no le dice NO a los conflictos, sino SÍ a las reconciliaciones y acuerdos.
     La ley de Moisés penaba severamente el adulterio, cosa que no menciona Jesucristo aquí, sólo la prohibición. La Iglesia posiblemente haya tomado base en esta enseñanza de Cristo para su rigorismo moralista. Nos enseñaron a nosotros que en cuestión de 6º mandamiento no había materia leve, todo era grave, hasta los malos pensamientos. Pero en la ley de Moisés el adulterio se veía como una lesión a los derechos del prójimo, y aquí no habla Jesús de un tema propiamente sexual. Por eso, ya que Jesucristo habla de los derechos del prójimo y de las cosas del corazón, que es de donde salen las malas intenciones, lo dirá en 15,19, yo me tomaría la libertad de extenderlo más: la manera de mirar, de atentar con el prójimo, sea mujer u hombre, adulto o menor de edad, es de respeto. Jesús nos pide no cosificar al otro, no hacerlo un objeto sexual, sino darle trato de persona, de sujeto de sí mismo.
     En relación con el divorcio, uno tiene que hacer distingos: a los jóvenes hay que hacerles ver la seriedad del matrimonio, porque no es cosa de juego, que novien lo suficiente, que se conozcan a fondo, que se amen a fondo, que no se casen ni tengan relaciones sexuales antes de tiempo, porque es un compromiso libre y personal para siempre. A los que ya están casados les pedimos que profundicen en su relación, que cultiven su cariño, que lo abonen. A las parejas que están viviendo en un segundo matrimonio de manera estable, yo pienso que ya no se puede estarles echando en cara que se encuentran en una situación de adulterio. La Iglesia, porque no le corresponde a un sacerdote, tendría que encontrar una solución a esto. El evangelista san Mateo nos transmite una tradición, de las palabras de Jesús, que admite una excepción, a diferencia de Marcos que es más tajante. Dice la excepción: "salvo el caso de que vivan en unión ilegítima”. Mateo usa la palabra "porneia”, que del griego se traduce como fornicación, adulterio o prostitución, no propiamente unión ilegítima, traducción esta última que estaría más de acuerdo con nuestro código de derecho canónico, pero no es eso lo que escribió el evangelista. Total, si comparamos la versión de Mateo con la de Marcos, sacamos la conclusión de que aquella comunidad primitiva se tomó la libertad de introducir una excepción en la enseñanza del Maestro, tratando de ser fiel a su espíritu pro humanismo. Y si ellos lo hicieron por motivos pastorales, también es legítimo para nosotros, estaríamos en sintonía con Jesús, porque su ley es evangélica, al servicio del hombre, no una ley que lo oprime. En fin, nuestro clamor queremos que llegue hasta la jerarquía. En esto yo me uno al documento que firmaron 144 teólogos de lengua alemana: que se ponga a debate el asunto de las segundas nupcias.
     Y sobre los juramentos, acojamos la radicalidad del Maestro: no juren de ninguna manera, que su sí sea sí, y su no sea no. Lo demás, viene del maligno. Esa calidad de cristianos es la que quiere Jesús, hombres y mujeres de una sola palabra.

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