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EL BUEN SEMBRADOR
Domingo 10 de julio del 2011, 15º ordinario
Comentario a Mateo 13,1-23.
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     Contemplemos a Jesucristo sentado en una barca junto a la orilla del mar enseñándole a la gente muchas cosas en parábolas. Ésta es la imagen del buen sembrador, el que sale de la sacristía, el que no se encierra en el templo o en el culto, el que tiene trato directo con las gentes, las que precisan de una buena noticia en medio de las adversidades de la vida. Jesucristo es el sembrador de la Buena Noticia del Reino.
     En este capítulo 13 san Mateo reúne siete parábolas: la del sembrador, el trigo y la cizaña, la semilla de mostaza, la levadura, el tesoro, la perla y la red. En tres domingos vamos a repasarlas todas.
     Jesucristo nos explica la parábola del sembrador. Quedémonos con la explicación del Maestro: la semilla que cayó en el camino, entre piedras, entre abrojos y en tierra buena. Su explicación es sencilla, sin teorías rebuscadas. Yo no la cambio por otra.
     La semilla es la Palabra del Reino. Jesucristo ha venido a las gentes para hacerles llegar esta palabra, la buena noticia del Reino de los cielos. Es la propuesta del Padre para esta humanidad. El mundo tal como lo tenemos no es el que quiere el Padre eterno para nosotros, él quiere un mundo distinto, una casa más acogedora, un mundo de paz, de justicia, de fraternidad, de amor, un mundo donde él reine, o gobierne, o conduzca como un padre a sus hijos. Ésta es propiamente la semilla que el Hijo ha venido a sembrar en los corazones y en las vidas de los seres humanos. ¿Cómo se recibe esa semilla, esa propuesta de Dios?
     Hay personas que son como el camino, duros para entender. A ellos se les aplica la denuncia tan dura que leemos en los versículos 10 al 17: viendo no quieren ver, oyendo se resisten a abrir sus oídos, no quieren entender, no quieren aceptar esa Palabra de Dios. En realidad todos tenemos un poco o un mucho de la dureza del camino.
     Otras gentes son como el terreno pedregoso. ¿Qué dice Jesús de ellas? Son los que oyen la Palabra y al punto la reciben con alegría. Pero no tienen raíz. Es la gente superficial, que no tiene hondura, que siempre toma las cosas por encimita. Que empieza una cosa y no la termina, que entra a un grupo y lo deja, que de repente empieza a venir a Misa pero luego la abandona. Los que siempre se quedan en los buenos propósitos, los que se entusiasman pero, a la menor contrariedad o dificultad, se echan para atrás, precisamente por falta de raíz. Son los que se desaniman fácilmente, los inconstantes. Habría que hacerle llegar esta parábola, si me lo permiten, a muchos que el mes pasado hicieron la primera comunión o la confirmación y que ya no continúan fieles al Señor, me refiero a los padres no a los niños; o algunos que se casan, o bautizan, o celebran otro acontecimiento religioso como si fuera un mero evento social. En esto ustedes pueden seguir con la lista de ejemplos. Igual hay que decir que de terreno pedregoso todos tenemos un poco o un mucho.
     Hay gentes que son como el terreno con abrojos. ¿Qué dice Jesús? Son los que oyen la Palabra pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas les impiden que esa Palabra dé fruto en ellos. Es lo que sucede con las siembras cuando el agricultor se va y deja que la hierba mala crezca más que lo sembrado. La hierba mala le resta humedad y sol a la planta y no la deja progresar. ¿Quiénes son o somos éstos? La mayoría de los católicos que nos dejamos absorber por los pendientes de la vida, como el trabajo, la escuela, las compras, los negocios, el auto, las deudas, el clima de violencia, etc. Todo esto requiere atención y tiempo, pero no podemos dejar que nos atrape toda la vida. Hay que dar tiempo a la oración, al sacramento, a la Palabra de Dios, a la caridad, al servicio, y darle un tiempo prioritario. Y no se diga quienes se afanan más por el dinero que por las cosas de Dios, como si el dinero fuera la meta de los seres humanos, según nos quieren convencer los medios de comunicación. Bueno, todos tenemos un poco o un mucho del terreno con abrojos.
     Y gracias a Dios que también todos tenemos un poco o un mucho de tierra buena, cuando damos frutos, cuando nos abrimos a los demás, cuando participamos de las iniciativas de la comunidad, cuando acogemos la buena Nueva de Dios, cuando con toda gratuidad colaboramos en ese fantástico proyecto de Dios que es su Reino por el cual Jesucristo dio la vida.

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