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JESUCRISTO: POR EL REINO DE LA COMPASIÓN
Domingo de Cristo Rey, 20 de noviembre del 2011
Comentario a Mateo 25,31-46.
Carlos Pérez Barrera, Pbro.

 
     Al final del tiempo ordinario, la Iglesia celebra la fiesta de Jesucristo rey. Hemos venido siguiendo, en una lectura continuada, las páginas del evangelio según san Mateo. Tres domingos le hemos dedicado a este capítulo 25: 1º, la parábola de las diez muchachas, 2º, la parábola de los talentos, 3º el pasaje sobre el juicio de las naciones. Es como la prueba o el examen final: quiénes pasan y quiénes no.
     Hay algunos estudiosos de la Biblia que le llaman a este pasaje "la recapitulación del evangelio”. Es cierto, si de alguna manera hubiera que resumir el evangelio, la práctica de Jesucristo en Galilea, su vida vivida humanamente, su misión, su mesianismo, yo recurriría a este pasaje; no hay mejor manera de resumir todos los capítulos del evangelio. Jesucristo nos ofrece estas maravillosas palabras antes de pasar a su pasión, muerte y resurrección.
     Primeramente nos ofrece la imagen de su venida y la congregación de todas las gentes frente a él. Dios es el creador de todo este universo, y él tiene la autoridad para recapitularlo como desee, y de acuerdo a su sabiduría, ha decidido enviar a su Hijo eterno.
     Él va a separar a unos de otros, lo dice aludiendo a una imagen que le es muy propia, la imagen del pastor que pastorea el rebaño de Dios. Lo que distingue a un pastor es su cariño, su atención por las ovejas, su compasión con las más débiles (recuerden la primera lectura tomada de Ezequiel 34 y el salmo 23). Se trata de una figura más bíblica que real, porque sólo Dios es así, sólo el Hijo ha tomado partido por las personas más necesitadas, y lo ha vivido fehacientemente en todos sus milagros.
     De nueva cuenta yo quiero insistir en esto: estamos como discípulos a la escucha del Maestro. Como religión católica tenemos muchos elementos que nos distinguen, que nos ayudan a identificarnos como tales. Sin embargo, el que tiene esa Palabra que nos conduce, que nos rige, que nos gobierna, es Jesucristo el Hijo de Dios. Hoy lo celebramos como rey; esto quiere decir que lo reconocemos como nuestra máxima y única autoridad. Somos más ciudadanos del reino que Jesucristo nos predicó en Galilea y al que nos ha convocado, que ciudadanos de algunos de los reinos o regímenes políticos de este mundo. ¿Es así? Pueda ser que muchos católicos se sientan más identificados o más pertenecientes a un sistema de gobierno de este mundo. Nosotros no. Somos de Jesús por encima de todo. Lo celebramos hoy y lo vivimos todos los días.
     Como al Pastor, lo que distingue a los ciudadanos de este reino es la compasión. Esa distinción es la que nos permite ser parte de su Reino. Qué bellas palabras le dirige Jesucristo a los suyos: "vengan benditos de mi Padre, tomen posesión del Reino preparado para ustedes…” Las razones o motivaciones están más que claras y bien sabidas por todos. No dice nuestro señor Jesucristo que los que pasan la prueba son los que rezan, los que van a Misa o leen la Biblia, los que se persignan, los que tienen todos sus sacramentos completos, los que tienen sus imágenes y devociones, los que toda la vida dijeron que eran católicos aunque no fuera a la iglesia, etc. No es eso lo que dice nuestro Señor. Lo que dice, y lo dice con autoridad, es: "porque tuve hambre… tuve sed… estuve enfermo… en la cárcel…” etc., y ustedes me asistieron. Ésta es nuestra verdadera religión, nuestra militancia, el más verdadero y perfecto culto que le podemos brindar a nuestro Dios. Repetimos: esto fue lo que realizó nuestro Señor entre aquellas pobres gentes de Galilea.
     En la escucha de esta palabra del Maestro, hay que tener una mirada más amplia. Solemos interpretar este tipo de pasajes de una manera inmediatista, muy reducida, asistencialista. Y así pensamos, hasta con cargo de conciencia, que cometemos pecado al no darles una ayuda monetaria a las personas que nos salen al encuentro en los cruceros o que tocan a nuestra puerta. Muchas veces nos quedamos con la duda si era verdadera su necesidad, si no querían la moneda para satisfacer alguna adicción. Estas personas necesitan una ayuda social, no monetaria, una atención más integral.
     Con la frase "tuve hambre”, nuestro Señor expresa no la necesidad de un momento o de una sola persona. Si nos quedamos en ese círculo estrecho, estaremos falseando el llamado de Jesucristo. No, la necesidad de los necesitados no es una necesidad particular, pasajera, es toda una situación de vida, social y religiosa. Si somos verdaderos seguidores de Jesús, tendremos que entender que el darle de comer a los hambrientos, ropa a los desvestidos, etc., es todo un programa de Dios: su Reino consiste en crear toda una administración, un sistema en el que todos los seres humanos tengan acceso a una vida digna: alimento, vestido, educación, libertad, empleo, etc., etc. Éste es su reino o reinado.
     Ahora que estamos siendo bombardeados con tantos mensajes de los precandidatos para el 2012, los cristianos, individualmente y como Iglesia, tenemos que ser más activos en exigirles a todos ellos que queremos a aquellos que pongan a las clases más necesitadas en el centro de los programas de gobierno, sin engaños, con hechos. Hoy el mundo está reclamando, en los "indignados” que vemos en la televisión, más igualdad para todos. Ésta es nuestra causa, es la causa de Dios.

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