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EN VELA Y PREPARADOS. ES LA VIDA DEL CRISTIANO
Domingo 1º de adviento, 27 de noviembre del 2011
Comentario a Marcos 13,33-37.
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     Previo a la Navidad, la Iglesia nos convoca a celebrar el tiempo del Adviento. Es un tiempo de preparación espiritual, litúrgica, material, que contrasta fuertemente con el ambiente en el que nos estamos viendo envueltos por el comercio y los medios de comunicación. Son dos maneras opuestas de vivir nuestro camino hacia la fiesta del nacimiento de nuestro Salvador, el Salvador del mundo y hacia su venida en la plenitud de los tiempos.
     En el evangelio hemos escuchado lo que Jesucristo nos pide, no sólo para este tiempo sino de aquí hasta su venida gloriosa. Leemos en el versículo 26 del capítulo 13: "Y entonces verán al Hijo del hombre que viene entre nubes con gran poder y gloria; entonces enviará a los ángeles y reunirá de los cuatro vientos a sus elegidos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo”.
     Ésta es nuestra meta, el objetivo final de nuestra caminata, el encuentro con Jesucristo, el que vino a este mundo en nuestra carne, el que nos llamó en su seguimiento, el de las enseñanzas tan llenas de la sabiduría de Dios, el que en nuestra postración nos llenó de esperanza con su anuncio de la llegada de un mundo nuevo, un mundo de Dios, el Reino de los cielos; el que no se quedó en las palabras sino que con sus milagros nos hizo ver que la llegada de ese mundo nuevo según Dios era una maravillosa realidad en él, y la entrega de su vida sería la garantía de la firmeza de la Palabra de Dios, del cumplimiento de sus promesas.
     En este capítulo 13 de san Marcos, Jesucristo nos habla de muchas señales que van a preceder tanto a la destrucción del templo de Jerusalén como sobre todo a su venida al final de las cosas pasajeras. Nos habla de guerras, terremotos y hambre; nos habla de persecución y muerte contra los suyos pero nos promete la asistencia del Espíritu Santo; nos habla hasta de señales cósmicas que tanto nos aterrorizan. Es un capítulo que contiene enseñanzas que poco nos gustan a los católicos de hoy, y sin embargo, son parte, desgraciadamente, del acontecer de los seres humanos. Es lo que tristemente vemos todos los días. Vean las matanzas del crimen organizado, realizadas con extrema crueldad, impropias de seres pensantes, de seres creados con un corazón en su interior. Esta semana fueron encontrados autos conteniendo dos veintenas de cadáveres en varios puntos de Sinaloa y en Guadalajara.
     Frente a todas estas señales terribles, Jesucristo nos llama al discernimiento, a no dejarnos engañar, a no caer en el pánico, porque ya nos conoce y sabe que somos muy crédulos, que en nuestros miedos nos podemos dejar llevar por profetas falsos. Y ya ven cómo hay personas que dicen tener comunicación directa con Dios. Pues para eso tenemos los santos Evangelios y el resto de la Sagrada Escritura, para cultivar nuestra capacidad de discernir los signos que nos presenta este mundo. Tenemos que cultivarnos, trabajarnos en el discernimiento, no esperemos que nos den las cosas hechas.
     Pues bien, ante todo esto que está sucediendo, lo que importa es que el tiempo de Dios se cumpla, que venga el Salvador cuando el Padre lo tenga dispuesto. Y en el tiempo litúrgico del adviento, y toda nuestra existencia, vamos a estar clamando: "ven, Señor Jesús”. Es la oración de los cristianos. Y mientras viene, nosotros caminamos decididos a su encuentro. Él nos enseña, para que no nos durmamos en nuestros laureles, que debemos estar alerta, preparados, en vela. Nuestra espera de la venida del Señor es una espera activa. Él, mediante sus milagros, nos enseñó a trabajar por el Reino de Dios, y en el entretanto estaremos trabajando con toda nuestra fe por su cumplimiento. En el versículo 34 escuchamos que nos dice: El dueño de la casa "da atribuciones a sus siervos, a cada uno su trabajo”.
     Todos tenemos experiencia en esto de la espera activa. En una parada de camión las gentes no se pueden descuidar, porque se les pasa el camión, no se diga si se trata de un autobús foráneo, o de un viaje en avión. Los estudiantes, en las pruebas, lo mejor para ellos es estar al corriente, porque a veces los exámenes llegan de sorpresa. En los trabajos, lo más conveniente es tener el trabajo hecho, para cuando llega el cliente, quedar con buenos resultados.
     En eso consiste nuestra vida cristiana, vivir nuestro adviento existencial a la espera de la plenitud de todas las cosas en Jesucristo (vean 1 Corintios 15,28, segunda lectura del domingo pasado). No podemos reducirnos a nuestras prácticas devotas, lo principal es cumplir con las tareas que nos ha encomendado el Dueño de la casa que es el Hijo de Dios: proclamar su Buena Noticia a todas las gentes, construir el Reino de Dios, transformar este mundo, llenarlo de la vida de Dios.
 

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