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EL COMIENZO DE LA BUENA NOTICIA
Domingo 2º de adviento, 4 de diciembre del 2011
Comentario a Marcos 1,1-8.
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     La liturgia de hoy se abre con un pasaje de la segunda parte del libro de Isaías. Con sobrada razón los biblistas le han llamado "el libro de la consolación”. Con esas palabras sale el profeta de parte de Dios al encuentro del pueblo que sufre la opresión. Cincuenta años antes habían sido invadidos por el imperio de la gran Babilonia, quienes llegaron destruyendo casas y personas, rompieron su convivencia tan religiosa, arrearon con familias como se arrea con el ganado, destruyeron su templo, el signo de la presencia de Dios en medio de ellos, y lo más grave, los arrancaron de su suelo, la tierra que Dios les había dado en posesión desde antiguo, los llevaron al extranjero para tenerlos como esclavos, y los mantuvieron lejos de ese lugar sagrado donde se encontraban con su Dios. Ante esta situación tan dramática, Dios les habla a su corazón: "Consuelen, consuelen a mi pueblo, dice nuestro Dios. Hablen al corazón de Jerusalén y díganle a gritos que ya terminó el tiempo de su servidumbre…Sube a lo alto del monte, mensajero de buenas nuevas para Sión; alza con fuerza la voz, tú que anuncias noticias alegres a Jerusalén… anuncia a los ciudadanos de Judá: "Aquí está su Dios. Aquí llega el Señor”.
     Con este fondo la liturgia nos conduce a otro pregonero de buenas noticias, san Marcos. La mayoría de los domingos de este año litúrgico, hasta noviembre del año que entra, estaremos con este evangelista. El domingo pasado proclamamos un pasaje del capítulo 13. Ahora nos vamos a la primera página, y precisamente así comienza: "comienzo del evangelio”.
     La comunidad evangélica de san Marcos nos regala este bello comienzo. No es solamente una palabra redaccional, lleva toda una intención, un mensaje profundo. Quiere decir que Jesucristo es el comienzo de las buenas noticias, quiere decir que Jesucristo es la Buena Noticia o Evangelio para este mundo. Lleva la intención también de invitarnos a todos a recorrer todas las páginas de este breve evangelio. Sólo pasando versículo tras versículo podrá uno comprobar que efectivamente Jesucristo, el Hijo de Dios, en sus palabras, en sus milagros, en toda su Persona es la Buena Noticia para el pueblo, para ese pueblo de Galilea conformado por jornaleros, artesanos, pastores, pescadores, gentes marginadas, pobres, enfermos, pecadores, excluidos. Jesucristo se insertó en ese medio y transformó la vida de esas gentes, las llenó de vida, de salud, de alegría, de esperanza. Y lo que sucedió en ese pueblo, Jesús lo continúa haciendo en todos los tiempos y lugares.
     Qué mejor noticia podíamos retomar para este tiempo de adviento. Me refiero no sólo al adviento litúrgico sino al adviento que es la caminata de los seres humanos a través de la historia. Les tenemos una buena noticia que nos llena de esperanza a todos: Jesucristo ha venido a ser el camino que nos conduce a un nuevo destino. Nuestra meta, nuestro futuro no es este ambiente de muerte que nos envuelve, no es la destrucción de unos por otros, no es el odio, la desilusión y el rencor que esa muerte provoca. Jesucristo es el camino que nos conduce a la vida, la vida en plenitud que sólo Dios puede otorgar. Jesucristo nos toma de la mano para hacernos fraternidad, para infundir el amor de Dios en nuestros corazones, para llevarnos a la paz, la justicia y la felicidad verdaderas.
     No pensemos que las cosas de Dios llegarán con ese sentido mágico que tanto nos encanta. La salvación que Dios nos envía nos convoca, por medio de sus profetas y del mismo Jesucristo, a cambiar nuestra vida tanto personal como colectiva, a vivir como corresponde a quien está esperando la llegada definitiva de nuestro Dios salvador. ¿Cómo debemos vivir? En justicia y en paz, nos insiste el apóstol san Pedro en la segunda lectura, no esperando pasivamente sino apresurando el día de su venida.
     Porque estamos más que convencidos de que Jesucristo es la Buena Noticia para este mundo, por eso nuestro clamor en nuestra caminata es: ¡ven, Señor Jesús!

 


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