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LA GRAN NOTICIA DE LA NOCHE BUENA
Domingo 25 de diciembre del 2011
Comentario a Lucas 2,1-14.
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     Leemos en el evangelio según san Lucas: "Hoy les ha nacido, en la ciudad de David, un salvador, que es el Mesías, el Señor. Esto les servirá de señal: encontrarán al niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre”.
     Ésta es la gran noticia que nos trae el ángel, san Lucas y toda la Iglesia, la noticia que hoy nos congrega en esta noche santa y día santo. No nos referimos meramente al nacimiento de un niño, cosa que en sí misma ya es un gran acontecimiento y una gran noticia. Hablamos más bien de la llegada de una persona, con todo lo que ella es, con todo lo que llegó a ser y hacer, Jesucristo nuestro Señor. Celebramos su llegada a este mundo porque en verdad es una buena noticia toda su persona. Decimos que él es el Salvador, y en verdad que toda su vida y toda su Persona es la Salvación para este mundo. La nuestra no es una frase vacía. La hemos hecho sonar como unas palabras vacías, aparentemente imaginarias, desencarnadas porque les hemos quitado toda su historicidad. Pero es todo lo contrario, Jesucristo no es una idea desencarnada, es el Hijo de Dios que se hizo realmente carne de nuestra carne. Y esa carnalidad impregnada por la divinidad del Hijo de Dios es de la que dan testimonio entusiasta, no sólo el ángel que pregonó su nacimiento, sino sus discípulos, los apóstoles y, a dos mil años de distancia, nosotros que nos hemos encontrado con él y damos testimonio que verdaderamente Jesús es capaz de cambiar este mundo de perdición en un mundo de salvación, así como a nosotros nos ha transformado radicalmente con su gracia, con su vida, con su palabra, con su amor que recibe del Padre.
     Jesucristo es salvación para este mundo egoísta porque continúa proclamando la generosidad con que fue creado el género humano. Y Jesucristo lo proclama no sólo con palabras sino con su misma vida.
     Es salvación para este mundo de odio porque continúa proclamando el amor entre los seres humanos y para con toda la creación. El amor está sembrado en el corazón de los hombres por  parte del Creador. Jesucristo lo proclama con palabras, como su mandamiento nuevo, y con su misma vida, al llegar a la cruz, la entrega total de sí mismo por los demás.
     Es salvación para este mundo materialista porque continúa proclamando, como en aquel tiempo, que el ser humano es espíritu, no sólo materia, y que, más aún, cuenta con la fuerza del Espíritu de Dios para trascenderse a sí mismo. Y Jesucristo no sólo nos lo enseñó, sino que lo vivió palpablemente en sí mismo, en toda su Persona, como el ser más espiritual de todos los hechos de carne. Su vida es un camino de salvación para todos, su vida es una fuerza para los que creemos en él.
     Jesucristo es salvación para este mundo de muerte, porque continúa proclamando la vida, al Dios de la vida, al Creador y sostenedor de este mundo tan lleno de vida. Y lo proclama con su misma vida y su persona frente a quienes le dieron muerte, representantes de todos los dadores de muerte de este mundo. Frente a ellos Jesucristo surge (resurgit, resucita) fulgurante como la vida.
     Por eso y mucho más, no nos cansamos de proclamarnos a nosotros mismos y proclamarle a todo el mundo: la buena noticia que jamás hayan oído es que la Salvación de Dios se ha hecho carne, su Hijo eterno.
     Celebremos pues la Navidad de Dios, la nuestra, la de Jesús en el pesebre de Belén.

 

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