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MAESTRO, ¿DÓNDE VIVES?
Domingo 15 de enero del 2012
Comentario a Juan 1,35-42.
 
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     El segundo domingo del tiempo ordinario siempre proclamamos un pasaje del evangelio según san Juan, para luego quedarnos con el evangelio sinóptico del ciclo dominical correspondiente. En el ciclo B, en el que estamos, haremos una lectura continuada de san Marcos, en el tiempo ordinario.

     Qué bella escena evangélica escuchamos hoy. Hay que repasarla pausadamente, es muy propia de san Juan. Los otros evangelistas nos ofrecen otra versión de las cosas. La comunidad evangélica de san Juan con toda seguridad nos está ofreciendo su propia experiencia de fe y de seguimiento de Jesucristo. Este proceso de la fe comienza con el señalamiento de un servidor, en este caso Juan Bautista. "Éste es el Cordero de Dios” les dice a dos discípulos suyos señalando a Jesús que pasaba junto a ellos. El profeta de Jesucristo a eso había venido, para presentárnoslo y para dejarnos con él. En adelante, Jesucristo será nuestro verdadero y único Maestro y nosotros, los discípulos.

     Los dos discípulos se van detrás de Jesús. ¿Qué buscan, qué quieren?, les pregunta Jesús. Los discípulos lo buscan a él, no quieren otra cosa, y lo expresan con esta frase: "Maestro, ¿dónde vives?”. Queremos entrar en tu espacio, en tu mundo, en tu morada, ahí donde tú existes, donde realizas tu ser y tu quehacer, te buscamos a ti como persona. La respuesta de Jesús no es indicarles el rumbo, sino provocarlos en su seguimiento: vénganse conmigo, vénganse detrás de mí. Se trata solamente de seguir al Maestro, no se trata de adoptar un código de leyes, de dogmas, de ritos o de prácticas religiosas. De lo que se trata es de irse con el Maestro. Todos los que nos decimos cristianos, tanto los cercanos como los alejados, tenemos que replantearnos esto: ¿estamos con el Maestro o sólo somos católicos de nombre y de ciertas prácticas devotas?

     Aquellos primeros discípulos, nos dice el evangelista, se quedaron con él aquel día. Yo siempre he querido ver en esta frase que se quedaron con Jesucristo no solamente ese día, sino que, a partir de ese día, ya se quedaron con él para siempre, porque en realidad de eso se trataba. Esto vale para todo cristiano. No vayamos a entender que éste es el proceso de la formación sacerdotal o religiosa. Si lo tomamos así, estaremos reduciendo los alcances del evangelio. Todo cristiano debe verse a sí mismo en este proceso de fe y en esta toma de decisión.

     Una vez que el discípulo se ha quedado a vivir con el Maestro, lo que sigue es comunicar su experiencia, contagiar su entusiasmo a otros, conducirlos hasta el Maestro. Andrés es lo que hace, le da la noticia a su hermano Simón de haber encontrado al Mesías, y lo lleva hasta él.

     Ahora que nuestra Iglesia está en un estado de misión permanente debemos mirar las cosas desde sus fundamentos. Somos católicos de pocas o muchas prácticas religiosas, pero la verdad es que muchos no han vivido el encuentro personal con Jesucristo, siendo que de esto se trata solamente. Y nuestra "pastoral de conservación”, como la han llamado los obispos en el documento de Aparecida, sigue en lo mismo: queremos que las personas se bauticen, que vayan a misa, que cooperen con la iglesia. ¿Cuándo nos va a "caer el veinte” de que lo primero es dar a conocer a Jesucristo y lo demás vendrá por sí solo? Si una persona llega a conocer a Jesucristo tal como lo presentan los cuatro evangelistas, si se deja cautivar por él, entonces será capaz de dejar atrás muchas cosas para quedarse a vivir con él. Ésta es nuestra misión permanente, que todo mundo conozca personalmente a Jesucristo, tomar a cada persona de la mano para conducirla hasta él. Será entonces cuando cada quien, por experiencia personal, pueda decir: "Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel” (Juan 1,49); "tú tienes palabras de vida eterna, nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios” (Juan 6,68-69).
    
     Usted mismo, busque en el evangelio de san Juan otras confesiones de fe o adhesiones de personas a Jesucristo. Este trabajito le puede reportar mucho beneficio espiritual. Y lo invito a que se dé tiempo para repasar este capítulo 3 del primer libro de Samuel. En la primera lectura de hoy no se lee lo que le reveló Dios al pequeño Samuel, fue algo muy grave que afectaba duramente al sacerdote Elí. Cuando Samuel le comunicó lo que le había dicho Yahveh, la respuesta de éste es escalofriante: "Él es Yahveh, que haga lo que bien le parezca”.

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