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JESÚS SALE A LEVANTAR ENFERMOS
Domingo 5 de febrero del 2012
Comentario a Marcos 1,29-39.
Carlos Pérez Barrera, Pbro.


     Recordemos el pasaje evangélico del domingo pasado: Jesucristo acudió el sábado a la sinagoga de Cafarnaúm. Allí se enfrentó al espíritu de la impureza, esa impureza con la que los judíos habían marcado a los pobres galileos. Ahora nos dice san Marcos que saliendo de la sinagoga Jesús se fue a la casa de Simón y Andrés. Al llegar a casa se encuentran con la suegra de Simón enferma. Todavía era sábado, aún no se terminaba el día, sin embargo, Jesús la levanta sin temor a violar el descanso sabático. En el cap. 3 va a preguntar: "¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?” Él responde a esta pregunta con sus milagros, levantando a los enfermos así sea día de sábado.

     En cada milagro los invito a contemplar la acción y la persona de Jesús. De veras que es un gusto ver a Jesús desparramando salud por dondequiera que anda. Los gestos de Jesús no son una mera redacción del evangelista, sino que son altamente significativos. Imagínense los movimientos de Jesús: "Se le acercó, y tomándola de la mano, la levantó”. Sorprende por su sencillez y su calidez humana. No parece Jesús un mago, sino alguien que comunica ternura y amor. Marcos no pone atención al bienestar que ella adquiere en su salud, sino al resultado: "y se puso a servirles”. El servicio es propio de Cristo, y será eso una de sus enseñanzas más fuertes, nos lo dirá san Marcos en 10,43: "el que quiera ser grande entre ustedes, será su servidor… el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir”.

     "Cuando el sol se ponía”, continúa diciéndonos el evangelista. Es una nota de suma importancia para este pueblo mucho más religioso que nosotros. Cuando el sol se mete, es en ese momento que se termina el sábado. El pueblo, tan escrupuloso en el cumplimiento de la ley de Moisés, no acudió a Jesús sino hasta que se terminó el día de descanso sagrado. Y le llevan a todos los enfermos y endemoniados. La enfermedad de tantos es la imagen más expresiva de la pobreza de esta comunidad de Cafarnaúm. Para abundar en esto, la Iglesia nos acompaña el evangelio con un pasaje de Job, el sufriente. En aquellos tiempos y lugares algunas enfermedades, al no tener explicación ninguna, se les personificaba con el nombre de demonios. Aquí lo vemos un poco con la fiebre de la suegra de Simón: "la fiebre la dejó”, como si fuera algo que se le salió de su cuerpo, cuando es solamente que le bajó la temperatura.

     San Marcos nos había advertido desde el primer versículo que su escrito (evangelio) trataba de una buena noticia, de la buena noticia de Jesucristo Hijo de Dios. Ya lo estamos comprobando en Cafarnaúm. Para el pueblo está siendo sin lugar a dudas una buena noticia. No lo será, aparentemente, para los magistrados judíos, que no serán capaces de entrar en el entusiasmo del pueblo. Ya lo veremos más adelante, a partir del cap. 2º.

     Muy de madrugada estando aún oscuro, Jesús sale de la casa de Simón, a un lugar solitario para hacer oración. No nos transcribe el evangelista los rezos de Jesús. Seguramente no los hubo. Nosotros pensamos que la oración de Jesús era en silencio, una oración de contemplación, de discernimiento. Y esta oración, la de Jesús, es la que nos hace tanta falta a los católicos. No llenemos de rezos nuestra oración. Busquemos un lugar o un espacio, un momento para estar en silencio. Son tantos los ruidos que nos atosigan que no nos dejan echar raíces en Dios. Pongamos quietos nuestros sentidos para que sea Dios el que se haga presente y sea él el que hable. Esta es la mejor oración.

     Finalmente, san Marcos nos ofrece una nota más en este breve pasaje: la misión. Los discípulos salen a buscar a Jesús. Lo quieren regresar a casa porque aún hay mucho trabajo pendiente, la gente de Cafarnaúm seguía requiriendo a Jesús. Pero Jesucristo decide seguir adelante, en los pueblos vecinos, para predicar, porque a eso había "salido”. San Marcos podría haber utilizado el verbo venir, porque de hecho vino a este mundo. Ese verbo viene en el Misal Anual, tomado del Leccionario. Pero el verbo griego que puso san Marcos es "salir”. Y con toda intención usa mejor ese verbo, para dejarnos clara la nota del dinamismo misionero de Jesús. Precisamente, en la segunda lectura, escuchamos de san Pablo: "ay de mí si no anuncio el evangelio".

     ¿Qué nos dice Jesús con esto? A sacerdotes y al resto de los cristianos: que no nos encerremos en círculos estrechos, ya sea de la familia, donde siempre tenemos mucho que hacer, o de nuestro trabajo, o de nuestros grupos parroquiales, o de nuestras ceremonias religiosas. Nuestra misión es salir a los más alejados, salir a los que más necesitan de Jesús. Estamos precisamente en nuestro continente latinoamericano en Misión Permanente.

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