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EL ESPÍRITU LO EMPUJÓ AL DESIERTO
Domingo 26 de febrero del 2012
Comentario a Marcos 1,12-15.
Carlos Pérez Barrera, Pbro.


     El primer domingo de cuaresma proclamamos el pasaje de las tentaciones de Jesucristo en el desierto. Un año lo hacemos en Lucas, el siguiente en Mateo, ahora en Marcos. En Marcos el pasaje es muy breve, en la brevedad tan propia de este evangelista. Ustedes habrán notado que no nos habla de las piedras que el diablo le proponía que convirtiera en panes, ni de que lo llevó a lo más alto del templo o a aquel monte elevado para mostrarle todos los reinos del mundo. San Marcos sólo nos dice que fue el Espíritu el que lo empujó al desierto y que ahí permaneció cuarenta días. No nos habla el evangelista del ayuno de Jesús, sólo de su permanencia y de que fue tentado por Satanás.

     Si san Marcos no nos explicita en qué consistieron las tentaciones en el desierto, es la oportunidad que tenemos de fijar nuestra atención simplemente en este tiempo de desierto de Jesús. El pueblo de Dios de la antigüedad había permanecido 40 años a su salida de la esclavitud de Egipto antes de ingresar en la tierra prometida. ¿Con qué finalidad Dios hizo caminar a su pueblo por el desierto? Lo podemos ver en el libro del Deuteronomio: "Acuérdate de todo el camino que Yahveh tu Dios te ha hecho andar durante estos cuarenta años en el desierto para humillarte, probarte y conocer lo que había en tu corazón: si ibas o no a guardar sus mandamientos. Te humilló, te hizo pasar hambre… guarda los mandamientos de Yahveh tu Dios siguiendo sus caminos y temiéndole” (Dt 8,2-6).

     El desierto es lugar y tiempo de prueba, de privación, de hambre, de renuncia, y por lo mismo, de oración, de discernimiento, de escucha de Dios, de abandono y confianza en él, de sintonía con su voluntad, de armonía con la naturaleza. Pensemos en todo eso para nosotros, de cara a nuestra propia vivencia de la cuaresma. Las renuncias y las privaciones de estos cuarenta días llevan la finalidad de concentrarnos espiritualmente en los planes de Dios, y entrar de lleno en ellos, comprometidamente, activamente. Seamos en nuestras personas una convocatoria viviente para que todos los demás vivan intensamente esta cuaresma, como de hecho debe ser toda nuestra vida cristiana.

     Como en Marcos no se hace mención del ayuno de Jesús, cosa que en los otros evangelistas restringe la estancia de Jesús a estrictos 40 días, podemos pensar que el número 40 en este evangelio se usa en sentido bíblico, es decir, como un tiempo prolongado. En este caso,  Jesucristo habría podido pasar años de desierto, curtiéndose en una espiritualidad profunda, en la renuncia a sí mismo, en el tomar distancia de las cosas materiales, en la oración en silencio, en la meditación de la Palabra, en la obediencia. Este tiempo prolongado de desierto lo insinúa este evangelista cuando, en el capítulo 6, al presentarnos a Jesús en la sinagoga de Nazaret, da a entender que sus paisanos nazaretanos tenían mucho tiempo que no lo veían por ahí. De ser así, Jesucristo salió fortalecido de su estancia en el desierto para sobrellevar su conflicto, no sólo con Satanás, sino con los demás adversarios de Dios, que eran los principales de los judíos, y para ser el Maestro de sus discípulos y de las gentes.

     Así pues, Jesús empieza su ministerio en Galilea, una vez que Juan Bautista es entregado. En el capítulo 6º nos dirá san Marcos cuál fue la entrega de Juan Bautista.

     San Marcos nos ofrece un resumen de la proclamación de Jesucristo: "Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio”. El mensaje de Jesús es una Buena Noticia. No ha aparecido en este pueblo pecador para condenarlo, sino para convocarlo al Reino que Dios tiene para él. Y ese Reino tendrá su cabal cumplimiento en la persona de Jesucristo. "Está cerca”, dice en san Marcos, lo que significa que aún le falta poco, y ese poco es la conversión de las gentes y la adhesión plena a esa Buena Noticia o Evangelio. No es por tanto una llegada mágica, sino cuestión de abrir el corazón y toda la existencia a ese Reino, y comprometerse activamente con él. "Conviértanse", es el llamado de Jesús. La conversión es un cambio radical de vida, de pensamiento, de actitudes, de comportamientos, de rumbo, un cambio de estructuras. Todo esto es la cuaresma.

     Pero sobretodo, no perdamos de vista que Jesucristo anuncia la cercanía del Reino, ésa es la meta de nuestra cuaresma, y la conversión nos conduce a disponernos plenamente a acoger este proyecto de Dios que se cumple cabalmente en Jesucristo, en su entrega de la vida, en su pasión, muerte y resurrección, en su entrega del Espíritu de Dios.

 

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