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LA VIDA NUEVA DE JES√öS SE TRADUCE EN UN PROYECTO NUEVO DE HUMANIDAD
2¬ļ Domingo de pascua, 15 de abril del 2012
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 

     Celebramos hoy y toda la vida a Jesucristo resucitado; celebramos al Dios de la vida en Jesucristo; de manera especial lo celebramos cada domingo, y de manera mucho m√°s especial en este tiempo lit√ļrgico de la pascua. Un modo de celebrarlo, bastante limitado por cierto, es reducirnos a los cantos, a las expresiones de gozo de nuestra liturgia, a los colores y signos que nos hablan de la vida. Esto se limita a la hora que permanecemos reunidos en el templo.

     Los primeros cristianos, que ten√≠an m√°s fresca la memoria del Crucificado que hab√≠a resucitado, celebraban su vida nueva de manera m√°s integral. San Juan el evangelista nos habla del encuentro que viv√≠an como comunidad de disc√≠pulos domingo tras domingo. Y san Lucas, en el libro de los Hechos de los ap√≥stoles, nos ofrece un resumen de la vida de aquella primera comunidad cristiana. El testimonio de esta comunidad era integral, con toda la vida, con la vida personal y la vida comunitaria, la vida de Iglesia. Esta manera de vivir la vida nueva del Resucitado estaba en plena sinton√≠a con el proyecto del Reino que Jes√ļs hab√≠a predicado en Galilea y hab√≠a hecho realidad por medio de tantos signos. Por si acaso no comprendimos lo suficiente en qué consist√≠a ese proyecto del reinado de Dios cuando Jes√ļs reparti√≥ panes entre las multitudes, cuando incluy√≥ a los excluidos, cuando declar√≥ que todos éramos hermanos y ten√≠amos un solo Padre, el del cielo, cuando lo explic√≥ y nos convoc√≥ a él por medio de tantas par√°bolas... si acaso no le entendimos lo suficiente, ahora esta primera comunidad nos ofrece un testimonio de vida que nos provoca positivamente escalofr√≠os. ¬ŅC√≥mo viv√≠an aquellos primeros cristianos? Repasemos estos breves cuatro vers√≠culos de la primera lectura de hoy: "La multitud de los que hab√≠an cre√≠do ten√≠a un solo coraz√≥n y una sola alma; todo lo pose√≠an en com√ļn y nadie consideraba suyo nada de lo que ten√≠a. Con grandes muestras de poder, los ap√≥stoles daban testimonio de la resurrecci√≥n del Se√Īor y todos gozaban de gran estimaci√≥n entre el pueblo. Ninguno pasaba necesidad, pues los que pose√≠an terrenos o casas, los vend√≠an, llevaban el dinero y lo pon√≠an a disposici√≥n de los ap√≥stoles, y luego se distribu√≠a seg√ļn lo que necesitaba cada uno‚ÄĚ. Repasémoslos despacio porque se trata  un programa de vida de iglesia y un proyecto de sociedad. Esto es el reino de Dios, y por él, estamos dispuestos a dar hasta la vida, como el Maestro.

     Si me preguntaran qué le pedir√≠a yo a los candidatos y partidos que contienden por el gobierno del pa√≠s, yo les cuestionar√≠a que c√≥mo van a favorecer el crear una sociedad m√°s igualitaria, con oportunidades especialmente para los m√°s pobres. El hacer realidad un nuevo proyecto de pa√≠s, est√° en sinton√≠a con nuestra fe cristiana. Nuestro estilo de vida fraterno y comunitario es nuestro mejor servicio para el mundo, ah√≠ precisamente se expresa también la sinton√≠a con los planes de la salvaci√≥n que Dios quiere para este mundo. M√°s que promesas de bienestar, m√°s que ofrecimiento de servicios, lo que necesitamos es un pa√≠s m√°s igualitario, un pa√≠s donde sus riquezas naturales se canalicen para el bien de todos, no s√≥lo de unos cuantos. Si trabajamos todos, ciudadanos y gobernantes, por un pa√≠s m√°s igualitario en oportunidades para todos, la seguridad p√ļblica, la paz, el bienestar, el empleo, la educaci√≥n, la justicia, etc., vendr√°n de manera m√°s eficaz. Nuestra fe, vista desde este texto de los Hechos de los ap√≥stoles, tiene mucho o tiene todo que ver con la sociedad y con la pol√≠tica. Y para a√Īadirle m√°s fuerza a esta convicci√≥n, el ap√≥stol Juan, fiel a las ense√Īanzas del Maestro, nos dice en la segunda lectura que creer en el Mes√≠as y amar a Dios consiste, no en un acto meramente mental, sino en cumplir de manera efectiva sus mandamientos, y este proyecto de iglesia y de sociedad es un precepto de Dios.

     Desde luego que este precepto de Dios de crear una sociedad nueva m√°s igualitaria para todos no es un precepto que nos llega de fuera, como un mandamiento pesado. No. Para nosotros los creyentes es simplemente una consecuencia de nuestra fe y nuestro amor por Jesucristo. Lo contemplamos en el pasaje evangélico de hoy que corresponde igualmente a lo que vivi√≥ aquella comunidad de disc√≠pulos el domingo que Jes√ļs resucit√≥, a los ocho d√≠as y as√≠ sucesivamente domingo tras domingo. La diferencia entre un proyecto meramente social de un mundo m√°s igualitario y un proyecto creyente, es que en este √ļltimo caso la fuerza nos viene del Resucitado. No se trata de un imperativo moral, o de una obligaci√≥n que sentimos por nuestra naturaleza humana superior (porque el ego√≠smo y el individualismo es una etapa inferior en nuestra evoluci√≥n humana), sino de una fuerza que brota de nuestro interior: repito, es la fuerza del Resucitado en nosotros, es la fuerza de su vitalidad, la fuerza de su vida nueva.

 

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