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¿CUÁNTAS VECES NOS TIENE QUE REPETIR JESÚS QUE PERMANEZCAMOS EN ÉL?
Comentario a Juan 15,1-8. 5º domingo de pascua. 6 mayo 2012.
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     El domingo pasado nos exponía Jesús la parábola del buen pastor y sus ovejas. Con ello nos expresaba la comunicación de afecto que existía entre él y los suyos… y aquellos otros a los que él quería atraer a su rebaño.

     Ahora nos propone una parábola que expresa la íntima comunión que él quiere establecer con nosotros: como la sabia que recorre desde la raíz, pasando por el tronco hasta las ramas, así su vitalidad pasa de él a sus discípulos.

     Jesús nos habla de permanecer. Si tienen a la mano su Biblia o su misal anual, repasen este texto evangélico y cuenten las veces que Jesucristo repite el verbo "permanecer”. Yo cuento siete, o diez veces si prolongamos la lectura hasta el versículo 10. Es una fuerte insistencia de nuestro Maestro. Se ve que él temía que fuera a suceder lo que de hecho sucedió con el paso del tiempo: que sus discípulos, individual o colectivamente, fueran a hacerse su propia religión. Veamos la realidad religiosa que vivimos desde los laicos hasta las altas jerarquías de nuestra Iglesia:

     Los católicos fuimos bautizados de pequeños, y seguimos bautizando a nuestros hijos; y a la gran mayoría eso les basta. Parece que no tienen necesidad de alimentarse constantemente de la sabia de Jesucristo, es decir, estudiar su Palabra, ni de alimentarse de él en la Misa dominical, ni de encontrarse con Jesús de alguna otra manera o en algunos otros espacios. Como que basta llevar el sello del católico con la unción en la frente. Es claro que a esta clase de religión o religiosidad no podría llamarle Jesucristo permanencia sino distanciamiento de él.

     Otros católicos, los menos, sí asisten a Misa los domingos, quizá más de un 10%... pero más de la mitad de ellos no se acerca a comulgar. Y lo mismo, como que todavía no logramos convencerlos de que alimenten su vida cristiana con el estudio constante de los evangelios, y con su oración personal a lo largo del día, y desde luego, en otros lugares donde el cristiano se encuentra con Jesucristo.

     Los sacerdotes, ¿podemos afirmar que nuestra vida y nuestro ministerio es una real permanencia en Jesucristo? No se palpa mucho. Lo podemos decir quienes andamos en este ambiente. No se siente el amor por la Palabra de Jesús, por ser fiel a ella. No los veo con la Biblia en las mesas de nuestras reuniones, ni en la homilía se ve que la manejen con soltura. Tampoco se palpa un afán por ser como Jesucristo, por vivir nuestro sacerdocio lo más parecido al sacerdocio de él: que caminaba por los pueblos de Galilea, que derrochaba amor y compasión por aquellas gentes miserables, que, con esa seguridad en sí mismo y en su Padre, entraba en conflicto con los dirigentes del pueblo sin dejarse llevar por el falso respeto humano, que vivía la pobreza tan confiadamente en el Padre, que no era un personaje humanamente importante, que vivía la obediencia extrema a la voluntad del Padre y, en consecuencia, la desobediencia a las leyes y autoridades humanas, incluida la autoridad de la ley de Moisés; que se entregó a sí mismo tan enteramente por la salvación de la humanidad.

     Así es que, el llamado insistente de nuestro Señor a permanecer en él es especialmente dirigido a nosotros los sacerdotes, que ya encontramos un estilo o una rutina de ser sacerdotes al margen del Jesucristo de los evangelios. Yo quisiera verme a mí mismo y a mis hermanos sacerdotes haciendo estudio de evangelio, cada día, con valentía.

     Nuestras altas jerarquías. A mucha gente no le gusta que se mencione a las altas jerarquías. Pero la verdad es que el llamado de Jesús está dirigido también a ellas. Y hace tanta falta que se pongan a estudiar los santos evangelios, las santas palabras de Jesucristo, su santo estilo de vida, para que se propongan parecerse cada vez más a él, no sólo exteriormente, sino evangélicamente, ser más fieles a él en su vida y en sus enseñanzas de jerarquía, en su mentalidad. La verdad es que yo veo, como lo ve la gente de la base, que nuestras altas jerarquías viven muy diferente y muy distantes de nuestro Señor.

     Esta enseñanza, según el evangelista san Juan, Jesucristo la pronunció en el ambiente de la última cena. Es como parte de sus palabras de despedida, porque al día siguiente lo iban a ejecutar en una cruz y ya no iba a estar con ellos de la misma manera. Después de esta cena, ellos tendrían que salir a la misión. ¡Qué importante llamado tenía Jesucristo que hacerles con este verbo tan repetido: "permanezcan en mí”! Para que no vayan a fundar su propia religión o su propio estilo religioso: ¡permanezcan en mí! Para que no vayan a hacerse una iglesia a su propio gusto o medida: ¡permanezcan en mí! Para que no se vayan a constituir en un poder humano y mundano entre los otros: ¡permanezcan en mí! Para que no vayan a vivir un catolicismo a su manera: ¡permanezcan en mí!

     ¿Cómo hacerle para permanecer unidos a la vid? Yo veo estos lugares especiales de encuentro con Jesucristo:

     El estudio de los evangelios y de la Persona de Jesucristo.- Clérigos y laicos, estudiemos constantemente los santos evangelios. No los estudiemos académicamente, sino existencialmente. Enamorémonos en ese estudio de Jesucristo.

     Vivamos los sacramentos como encuentros personales con Jesucristo. Si un sacramento lo convertimos en un evento social, es que nos hemos distanciado de Jesús.

     La oración personal.- No nos afanemos tanto, aunque también nos traigan provecho, por las oraciones que son repeticiones de fórmulas. Vivamos sobre todo esa comunicación de seres que se aman con Jesucristo, a lo largo del día.

     La fraternidad.- Bien lo dice el evangelista san Juan en una de sus cartas: no se puede amar a Dios a quien no vemos, si no amamos a nuestros hermanos a quienes sí vemos (vean 1 Juan 4,20). La comunidad reunida es un sacramento de Jesús para el mundo, y para nosotros esa reunión es una manera de permanecer en él: "donde están dos o tres reunidos en mi nombre” (Mt 18,18).

     La caridad con el más necesitado.- Jesucristo se identifica con el más pobre y necesitado. ¿Quieres encontrarte con él para permanecer en él? No batalles, ya sabes dónde encontrarlo (lea Mateo 25,35).
     El servicio humilde a la salvación de este mundo.- Jesucristo nos lo enseñó y es un lugar privilegiado para permanecer en él y en su santa voluntad: dar la vida por el mundo. Él lo hizo y nosotros juntamente con él. 
                               

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