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(Los artículos de esta sección pueden ser reproducidos por cualquier medio, citando la fuente)
 
ASÍ VOTA UN CRISTIANO
Martes 26 de junio del 2012
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     Al usar la palabra "cristiano” me estoy refiriendo a todos aquellos que tenemos como norma fundamental de nuestra vida el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, la buena nueva que él encarna en su persona.
 
     En realidad, más que votar, de lo que se trata es de participar en la vida pública. Se equivocan quienes nos quieren hacer pensar que la democracia se reduce al mero acto de votar. La democracia, como valor, no como un simple sistema político, se vive cada día, todos los días del año y de la vida, en todos los ámbitos: el familiar, laboral, social, económico y sobre todo religioso, no como poder del pueblo, que eso significa la palabra democracia, sino como convicción de que el Espíritu de Dios actúa en todos los seres humanos, y ese poder del Espíritu es el que tenemos que discernir todos en conjunto.

     Un cristiano vive a partir de la Palabra, de la Persona de Jesucristo. Sus convicciones políticas y sociales le vienen ciertamente como ideas y vivencias de la sociedad, de la comunidad humana, de la historia, de la ciencia, pero para que lleguen a ser las convicciones de un cristiano, las tiene que pasar por el filtro, por la óptica de los santos Evangelios y del resto de la Sagrada Escritura.

     Quiero poner solamente un ejemplo de una honda convicción que nos viene del evangelio, para que cada quien haga su propio trabajo de escucha, de discernimiento evangélico, tanto a la hora de votar como para participar plenamente en las cosas públicas.

     El Papa, los obispos nos recuerdan constantemente que el Evangelio de Jesús es el Evangelio de la Vida. La obra del Padre es la vida. A eso vino Jesucristo al mundo, para que tengamos vida y la tengamos en plenitud. "Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Juan 3,16). "Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Juan 10,10). La muerte es obra de los adversarios de Dios. Esto está muy bien plasmado en la cruz de nuestro Señor: él está por la vida, sus enemigos son partidarios de la muerte. Así es que este criterio hay que aplicarlo a candidatos y partidos, pero no de una manera simplona, sino integral. Entre los signos de muerte que distinguen a nuestro quehacer social, y especialmente a la actividad política, están:
 
-          El aborto y la muerte infantil.- ¿Qué candidatos y partidos defienden realmente la vida de todo ser humano desde el seno materno? ¿Quiénes están realmente dispuestos a defender a los que vienen a la vida con programas sociales que beneficien a los más pobres?

-          La condena de las pobres mujeres que han abortado (como los fariseos que condenaron a la mujer adúltera a quien Jesucristo despidió en paz (vean Juan 8,11).- ¿Cuáles son los candidatos y partidos que condenan con facilidad a las mujeres sin pronunciar sentencia sobre los hombres y sobre otros factores que nos conducen al aborto? ¿Quiénes están dispuestos a defender a las mujeres que son la parte más débil?

-          La represión y la guerra sucia.- Hay partidos que han sido parte fundamental en la guerra sucia que todavía hoy padecemos, de persecución de líderes sociales, defensores de derechos humanos, etc. ¿Quiénes han sido cómplices o espectadores pasivos ante la represión? ¿Qué candidatos y partidos están tomando distancia de la represión y se están solidarizando con los movimientos ciudadanos?

-          La desintegración de familias y personas por causa de un sistema económico que coloca al dinero y al progreso material de unos cuantos por encima y a expensas de las personas más desprotegidas.- ¿Qué partidos y candidatos sólo proponen progreso de los grupos económicamente fuertes sin detenerse por el deterioro de personas y familias?

-          La destrucción de nuestro entorno natural.- ¿Quiénes nos ofrecen la explotación de los recursos naturales como norma máxima del progreso?
 
     Es preciso reconocer que también nosotros, como Iglesia, hemos sido parte de este sistema de muerte; ejemplos se los podemos pedir a nuestros detractores: pederastia, corrupción, traición, afán de poder, etc.

     Quizá sea difícil encontrar algún candidato o partido que esté decididamente por la vida. En realidad todos ellos están por el poder, y el poder corrompe, como lo hemos experimentado tantas veces al interior de nuestra amada Iglesia. ¿Quiénes están, de palabra y de obra, a favor de la justicia, de la convivencia fraterna, de la dignidad de las personas, de una sociedad más igualitaria, de la utilización de los recursos naturales con más sustentabilidad y con una justa distribución de los mismos?

     Por lo que se ve, no deberíamos votar por nadie, aunque desde luego que consideramos que el abstencionismo es la peor de las acciones políticas de un cristiano, a no ser en algún caso muy extremo. Pero más bien hay que decir, que el voto es una acción menor, porque de lo que se trata es de involucrarnos más de lleno en los programas de acción de las diversas corrientes o movimientos de nuestra sociedad que buscan la paz, la seguridad, el bienestar, la educación, el respeto a los derechos humanos, la justicia social, etc.


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