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(Los artículos de esta sección pueden ser reproducidos por cualquier medio, citando la fuente)
 
SEGUNDA VUELTA ELECTORAL
Martes 3 de julio del 2012
Carlos Pérez B., Pbro.


     En 1994 Zedillo obtuvo la presidencia de la república con apenas poco más del 50% de los votos válidos, según las cuestionadas cifras oficiales. Ya desde entonces nuestros diputados debieron ponerse a pensar que nos iba a hacer falta, en un futuro muy próximo, la segunda vuelta electoral en nuestro país.

     En el año 2000, Fox ganó la presidencia con apenas el 42%. En otros países eso hubiera ameritado esa segunda vuelta entre los dos candidatos más votados.

     El 2006 nos hubiera hecho mucho bien haber contado con ese recurso electoral: 35% que obtuvieron tanto el primero como el segundo de los candidatos más votados, separados por muy estrecho margen. Ambos lejanos por un 15% de esa mitad que legitima en un mínimo grado a una autoridad electa. Pero como la ley no lo contemplaba, pues nos quedamos con la duda, hasta la fecha. Nos hubiéramos ahorrado tantas movilizaciones y protestas. Pero ni porque las cosas nos dejaron con tantas inconformidades, nuestros ocupadísimos diputados en tantas cosas sin importancia, no aprobaron una reforma electoral que incluyera esa segunda vuelta.

     Ahora, en este 2012, el candidato supuestamente ganador obtuvo, según las siempre cuestionadas cifras oficiales, un 38% de los votos válidos. En otros países un candidato que obtiene en una primera vuelta el 49% llevaría a los electores a una segunda ronda, cuanto más lo harían con uno que ni siquiera obtuvo el 40%.

     En Brasil, hace casi dos años, Dilma Rouseff tuvo que irse a una segunda vuelta, después de que en la primera ganó con un 46%. En Perú, el año pasado Ollanta Humala y Keiko Fujimori tuvieron que irse a una segunda vuelta, en la que finalmente ganó el primero con el 51.5%. Y más recientemente, hace dos meses, Sarkozy y Hollande en Francia se fueron a una segunda vuelta al no superar ninguno de los dos el 50% más uno de los votos.
 
     En una primera vuelta cada partido obtendría sus propios votos, y en la segunda se daría el acomodo de fuerzas, los votantes que no quisieran que se volviera al antiguo régimen.

     ¿Por qué no se ponen las pilas nuestros diputados? ¿A quién beneficia el que nos quedemos a medias? Seguramente a quienes saben bien que eso no les conviene porque cuentan con el rechazo generalizado de la población, y además, porque con sus mayoriteos, controlan ambas cámaras y evitan que se apruebe esa reforma.

     Otra cosa: los partidos no deberían tener una sobre representación en el Congreso por encima de los votos obtenidos. Las curules plurinominales deberían servir para equilibrar esas representaciones. Por ejemplo, si un partido obtiene un 40% de los votos válidos, entonces que no tenga más curules que ese porcentaje, o al menos que se le acerque. Algunos quieren hacerse de más del 50% porque se sienten con derecho a la llamada "gobernabilidad”.

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