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LA SEÑAL DE LOS PANES
Comentario a Juan 6,1-15.
Domingo 17º ordinario
29 de julio del 2012
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
 
     En nuestra lectura continuada del evangelio de san Marcos, los domingos del tiempo ordinario de este año, hemos llegado, en el capítulo 6, al milagro de los panes. Pero en vez de leerlo en el evangelio de san Marcos, la Iglesia quiere aprovechar para que le echemos un vistazo el capítulo 6 de san Juan, donde además de la señal de los panes, encontramos toda una reflexión amplia de Jesucristo sobre el Pan de vida.

     Yo quiero hacer mención de ambos pasajes evangélicos. Vean en su Biblia Marcos 6,35. Jesucristo y sus discípulos habían sido alcanzados por tierra por la muchedumbre en su desembarco del mar de Galilea. Como Jesús vio a esa muchedumbre como ovejas sin pastor, se puso a enseñarles muchas cosas, tantas que hasta se le hizo tarde. Según Marcos, son los discípulos los que se le acercan para pedirle que ya despida a la gente "para que vayan a las aldeas y pueblos de los alrededores a comprarse de comer”. Esa palabra es la que usan los discípulos, "comprar”. Sorprendentemente, Jesús les cambia la palabra y les manda que ellos le den de comer a la multitud. Los discípulos continúan pensando en dinero y le responden con esta pregunta: "¿Vamos nosotros a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?” Ellos insisten en el verbo comprar y Jesús por su parte continúa pensando en el alimento, no en el dinero: "¿cuántos panes tienen?”, les pregunta. Son dos mentalidades. ¿En cuál mentalidad nos colocamos nosotros? Para alimentar a la población, ¿qué se necesita, pan o dinero? La respuesta es obvia, y sin embargo, nuestra preocupación no es igual. Este mundo nos ha mentalizado y metalizado. Pensamos, a nivel personal, familiar, social, mundial, que el dinero es la solución a todos nuestros problemas. Por eso el mundo habla de la bolsa de valores, de la cotización del peso o del dólar, del precio del petróleo, de las ganancias de las empresas. Todas estas cosas nos producen dolores de cabeza, y no nos ponemos a darle un giro a nuestra economía, para hacerla más justa, más igualitaria, donde todos, absolutamente todos, podamos tener acceso a los bienes, ya no digamos de consumo suntuario, sino a los que precisamos para una vida más digna.

     Esta es la enseñanza que nos brinda Jesús a orillas del lago de Galilea, en su papel de Maestro de los discípulos y de las multitudes. El evangelista san Juan le llama "señal” a este milagro de los panes, porque como señal nos remite a otra realidad que es la significada.

     En Marcos son los discípulos los portadores de los panes. En Juan, en cambio, es un muchachito el que trae cinco panes de cebada, el pan de los pobres, y los dos pescados, y los pone a disposición de Jesús. Ni se los vendió ni los retuvo para sí mismo. ¡Qué gran ejemplo nos da este pequeño!

     Jesucristo tomó los cinco panes y los dos peces y dio gracias a Dios. ¿Acostumbramos dar gracias a Dios cuando nos sentamos a comer? ¿Enseñamos a nuestros hijos a hacer lo mismo? No se trata de decir oraciones elegantes, sino sólo de dar gracias con toda sencillez, y sobre todo con el corazón. San Marcos nos dice que Jesús levantó los ojos al cielo para la bendición. Es una actitud de reconocimiento de que es Dios el que nos da de comer, el que nos brinda la vida y la salud y todo lo que somos, todo lo que tenemos y todo lo que nos rodea. Dios es el creador y por eso le damos las gracias.

     Dios le da de comer, no a cinco mil gentes, sino a toda la humanidad, y a todos los seres vivientes. Este milagro que se da día tras día como que no nos llama mucho la atención, y sin embargo es un milagro inmenso. Y dicen los científicos que la vida tiene miles de millones de años en esta bolita perdida en el inmenso universo, que hasta el momento parece que es la única que está llena de vida. Dice bellamente el salmo: "el hervidero innumerable de animales, grandes y pequeños… Todos ellos de ti están esperando que les des a su tiempo su alimento…  abres tu mano y se sacian de bienes” (Salmo 104,25-28).

     Esa mano pródiga es de Dios que se ocupa de alimentar a sus criaturas, especialmente a sus hijos. En el sermón de la montaña Jesús nos había enseñado a mirar la mano providente de Dios (vean Mateo 6). Jesucristo quiere comunicarnos esa preocupación a nosotros. Jesucristo nos enseña a mirar la necesidad de la población. Su religión no consiste solamente en devociones, sino en crear como él un mundo que se aplique a atender las necesidades de todos. Más aún, la propuesta de Jesús es un proyecto de nueva sociedad, lo decía renglones más arriba, donde todos tengan acceso al alimento, y a cubrir todas sus necesidades. La necesidad de la gente no es solamente comer, sino también vestir, trabajar, educarse, y en el caso de los niños, jugar. Esta señal de los panes es la convocatoria de Dios para construir una sociedad diferente, que será perfecta en el Reino de Dios.

     Esta señal de los panes es además el signo de una realidad mucho muy superior al mero alimento material: Dios mismo se hace alimento en su Hijo para darle de comer a toda la humanidad, saciar su necesidad de Vida Plena, así con mayúscula. Y esa será la reflexión que nos ofrezca Jesucristo en los siguientes versículos del capítulo 6 de san Juan que proclamaremos los próximos cuatro domingos. Invito a ustedes a que lean todo el capítulo 6 de san Juan.


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