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VIERON AL NIÑO CON MARÍA SU MADRE
Comentario a Mateo 2,1-12.
Evangelio de la Epifanía del Señor
Domingo 6 de enero del 2013
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     De san Lucas en la Noche Buena, y de san Juan en Navidad, nos pasamos ahora al relato del nacimiento de Jesús en el evangelio según san Mateo. Celebramos la Epifanía de Jesucristo, que en griego significa "manifestación”.

     Ninguno de los evangelistas se detiene en el hecho mismo del nacimiento de Jesús: quiénes asistieron a María, cómo era la casa o el portal, ¿había animalitos, qué hora era, qué fecha?, nada. Sólo nos dicen que nació. A los evangelistas y a los primeros cristianos lo que les interesó era el hecho de la encarnación del Hijo de Dios y las actitudes de las personas que rodearon a Jesús: cómo lo recibieron, con qué corazón. Lucas nos habla de los pastores, Mateo, en cambio, de los magos y de los habitantes de Jerusalén. Qué bueno que ustedes vayan conociendo cada evangelio, su diversidad.

     "Jesús nació en Belén de Judá, en tiempos del rey Herodes. Unos magos de Oriente llegaron entonces a Jerusalén”. No dice san Mateo que fueran reyes ni que fueran tres, ni nos dice sus nombres. La piedad popular, muchos años después, completó el relato de Mateo con todos esos detalles. El evangelista nos dice que eran magos. ¿Qué significa eso? No eran ciertamente gente que se dedicaba a la magia, como la entendemos y se practica hoy día. Al parecer eran personas que buscaban conocer la historia de los hombres a través del estudio de las estrellas. Es una inquietud permanente del género humano conocer el futuro, conocer las raíces de los hombres, ligar el nacimiento de los grandes personajes con la aparición de algún astro en el firmamento.

     Los antiguos, que no contaban con alumbrado público, conocían muy bien el cielo estrellado, les llamaba la atención cualquier movimiento o novedad estelar. Nosotros entendemos, ésa es la intención el evangelista, que estos estudiosos de las estrellas eran unos buscadores de la verdad y de la sabiduría, a fin de cuentas, eran unos buscadores de Dios. Nosotros los seres humanos modernos, conocemos el ciber espacio, estamos muy comunicados mediante la tecnología electrónica, pero no conocemos nuestro mundo, nuestro espacio. Ya ni siquiera la luna nos invita a la canción romántica y la poesía. Pregúntese cada uno de ustedes cuántos nombres de estrellas y constelaciones conocen.

     Estos misteriosos personajes del oriente llegan, conducidos por la estrella (esto es redacción de la comunidad de Mateo con bastante ingenuidad), no al pequeño y desconocido poblado de Belén sino a la gran ciudad de Jerusalén, donde se asientan los poderes romanos y judíos. Toda la ciudad se sobresaltó, nos dice san Mateo. ¿Con qué actitud reciben los habitantes de esta ciudad asentada en el sagrado monte Sión la noticia del nacimiento del prometido rey de los judíos? Se sobresaltan pero no se movilizan. El único que se mueve bastante preocupado es Herodes. Tenía buenas razones para preocuparse: el pueblo judío esperaba la intervención de Dios enviándoles un verdadero rey, como el antepasado David, que los librara del poder opresor de los romanos, del cual era representante Herodes.

     ¿Cuántas cosas hace Herodes? Convoca a los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo para preguntarles que dónde tenía que nacer el Ungido. Ellos le hablan de un pasaje del profeta Miqueas que dice que debe nacer en Belén. Estas gentes tan religiosas, que seguramente tuvieron noticia de la presencia de los magos, no se mueven, se quedan en su saber, no salen al encuentro de Dios. No se toman la molestia de al menos investigar. Y más tarde vendría el genocidio a cargo del personaje del poder.

     Con este dato Herodes manda llamar a los magos para enviarlos a Belén. Y como siempre les digo, el rey pone su cara de muy religioso: "yo también quiero ir a adorarlo”. Esta mezcla de religión y de política no debe de dejar de llamarnos la atención. La religión de la comunidad de san Mateo y la religión de Jesucristo no es intimista, no busca el poder humano, pero tampoco es ajena a las tramas de los poderosos.

     Y enseguida viene el punto fuerte de este evangelio, lo que encuentran los magos: "vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron. Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos”. No se encuentran con un rey lujosamente vestido y forrado de poder. Habría que preguntarles a los magos lo que varios años después preguntaría el mismo Jesucristo: "¿Qué salieron a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué salieron a ver, si no? ¿Un hombre elegantemente vestido? ¡No! Los que visten con elegancia están en los palacios de los reyes. Entonces ¿a qué salieron? ¿A ver un profeta? Sí, les digo, y más que un profeta” (Mateo 11,7-9). Los magos del oriente se encontraron con mucho más que un profeta. Se encontraron con un niño envuelto en la pobreza, despojado, tan sólo amparado en los brazos de su madre. En estos magos nos reconocemos a nosotros mismos, los que hemos encontrado a Jesucristo, el pobre, el crucificado, la salvación de la humanidad.

     Nuestra espiritualidad cristiana que nos viene de los evangelios no repara en el origen pagano de los magos. Son ellos los verdaderos adoradores del que ha nacido en Belén. Y lo hemos repetido infinidad de veces: la navidad es este Niño en brazos de su madre, en él se debe poner toda nuestra atención; no sólo en navidad, sino a lo largo de nuestra vida. Ser cristiano es centrar toda la vida en Jesucristo.
  

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