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CÓMO VIVIR LA FE EN CONDICIONES ADVERSAS
Comentario a Marcos 13,24-32.
Evangelio del Domingo 33º ordinario
18 de noviembre de 2012
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
 
      Hoy es el penúltimo domingo del tiempo ordinario. Hemos llegado al final de nuestra lectura continuada del evangelio según san Marcos. No es el final de evangelio, porque desde luego que los capítulos 14 y 15 los proclamamos en semana santa, y el 16 en el tiempo de la pascua. Pero este capítulo 13 es el discurso o reflexión final de Jesucristo para sus discípulos, justo antes de pasar a su pasión, muerte y resurrección.

     En este capítulo 13 (hoy leemos sólo un fragmento) nos encontramos
con un mensaje fuerte que a muchos católicos asusta, porque pareciera
que Jesús anuncia el fin del mundo, algo a lo que todos le tenemos miedo, a cada uno de los acontecimientos que lo preceden. Pero eso de los terremotos, guerras, usurpadores del nombre de Jesús, persecuciones, muerte de los discípulos, traiciones, comparecencias ante tribunales, señales cósmicas, catástrofes celestes, etc., son cosas que suceden en el presente, como han sucedido en el pasado.

       Lo que nos está diciendo Jesús es cómo tiene que vivir el creyente su fe en medio de esas circunstancias tan adversas. En san Marcos encontramos la visión del mundo que tenían esas gentes de hace dos mil años. Hoy tenemos que expresar de otra manera las condiciones en las que tenemos que vivir nuestra fe, sobre todo en lo que se refiere a la astronomía. La ciencia nos ha actualizado el conocimiento que tenemos de la realidad.

      Yo lo quiero entender así: ¿Cómo vivir la fe en una situación adversa, o sumamente adversa? Ciertamente no con un sentido mágico o ingenuo, sino maduro, puesta la fe en Jesucristo.

     Por ejemplo, un enfermo de cáncer. Una persona débilmente creyente se la pasará pidiendo, cosa muy legítima, que Dios lo sane de la enfermedad casi como con un acto de magia. Pero en la base debe haber una aceptación de la enfermedad, y vivir en ella la esperanza depositada en Dios. Si no me alivio del cáncer, debo vivir mi fe bien cimentada. Simplemente soy un creyente con cáncer y ahí soy fuerte.

       Un creyente que vive en medio de este mundo de violencia. ¿Debemos escaparnos de ella, o sacarle la vuelta como si la fe fuera una evasión? Desde luego que no. El creyente debe vivir con firmeza aún en un medio de tanta violencia depositando todo su ser en Jesús.

     O en medio de guerras, o en medio de esta sociedad de consumo, o de tantas adversidades.

     Este mundo, lo sabemos ahora, tienen millones de años con continuas transformaciones, incluso todo el universo, tan inmenso, que es un cúmulo de energía que sufre también colosales transformaciones. El creyente es una persona madura que vive su fe bien puesta en Dios, aún ante la amenaza de sorpresivos terremotos, que tienen millones de años sucediendo, o ante la amenaza de algún meteoro que nos caiga del cielo como el que cayó hace 65 millones de años y que casi hizo desaparecer la vida en este pequeño planeta.

     La creación de Dios es maravillosa, y él la va conduciendo con infinita sabiduría. No le echemos la culpa de las catástrofes, no las veamos ingenuamente sino a sabiendas que estamos en un planeta en continua transformación.

     Eso de las guerras, persecuciones y traiciones, eso sí está en nuestras manos, de la humanidad, el evitarlas. Pero nuestros corazones se resisten a convertir
se.

 

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