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EL QUE TIENE LA PLENITUD DEL ESP√ćRITU
Comentario a Lucas 3,15-16.21-22.
Evangelio del domingo del Bautismo del Se√Īor
13 de enero del 2013
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
      El evangelista san Lucas nos platica que el Hijo de Dios se hizo carne en las entra√Īas de una muchacha humilde de un pueblito desconocido en aquellos tiempos y lugares llamado Nazaret, pueblito de artesanos y jornaleros. Los due√Īos de las fincas en las que ellos trabajaban no viv√≠an en ese poblado.

      Luego pasa san Lucas a presentarnos el nacimiento del Salvador del mundo. No naci√≥ en cuna de oro, sino todo lo contrario, en un pesebre, sobre las pajas de las que se alimentan los animales, seguramente en un establo entre el caser√≠o de otro pueblito humilde e insignificante llamado Belén.

      Y le seguimos la pista al Hijo de Dios. Al llegar al momento indicado, a sus 30 y tantos a√Īos de vida, Jesucristo, en lugar de ir al templo de Jerusalén para recibir la bendici√≥n de los sumos sacerdotes y del resto de la crema y nata de la religi√≥n jud√≠a, mejor baja al Jord√°n para mezclarse entre los pecadores. A Jesucristo no le importaba lo que pudiera decir la gente o los principales del pueblo, que lo fueran a tachar y a rechazar como a un pecador. Andar entre los pecadores, salir a buscarlos ser√≠a su misi√≥n. Por eso inicia su ministerio recibiendo el bautismo de Juan como si fuera uno m√°s de ellos, para los cuales vivir√≠a y entregar√≠a toda su vida. Jes√ļs no era un pecador, nosotros lo sabemos y nos lo aclara Juan. No. Lejos de ser un pecador es uno mucho m√°s grande que Juan y que cualquiera de nosotros. Hay una gran distancia entre Jes√ļs y Juan, y lo mismo diremos de nosotros. El pueblo ve√≠a en Juan a uno de los grandes profetas. Su palabra, como lo podemos leer vers√≠culos antes, era una palabra fuerte que conmocionaba, tanto al pueblo como a los publicanos, a los soldados, y hasta el mismo Herodes Antipas, quien se sent√≠a sacudido por sus mensajes, pero al mismo tiempo, a pesar de estar forrado de poder, el rey le ten√≠a mucho respeto al profeta. No obstante su grande estatura profética, Juan sabe bien que él no es el Mes√≠as. En estas fiestas navide√Īas nos hac√≠a falta que todos los personajes tomaran y tom√°ramos conciencia de que la navidad era una fiesta de Jes√ļs, ni una mera fiesta de la familia, ni la fiesta del pavo, ni de santo Cl√≥s o los santos reyes magos. Juan nos invita a poner nuestra mirada en Jesucristo, a ponernos a su servicio.

     El precursor bautizaba al pueblo con agua, como una se√Īal de conversi√≥n y de purificaci√≥n. Con ese bautismo bautiz√≥ a Jesucristo. Pero estando Jes√ļs en oraci√≥n, el Esp√≠ritu Santo descendi√≥ sobre él, no por primera vez, sino para patentizar que el Hijo de Dios ten√≠a la plenitud del Esp√≠ritu Santo. Recordemos que su carne fue concebida en el seno de Mar√≠a por el poder del Esp√≠ritu. El bautismo de Jes√ļs ser√° por ello m√°s profundo y m√°s eficaz. En el Jord√°n no vemos que Jes√ļs tome la palabra, m√°s bien deja que hable Juan, que se exprese el Esp√≠ritu Santo, que se oiga la Palabra del Padre eterno.

     Después de su bautismo, Jes√ļs se ir√° a un tiempo de desierto para probarse en los caminos del Esp√≠ritu, y luego volver√° para desempe√Īar su ministerio del Esp√≠ritu.

     Ahora que celebramos el bautismo de Jes√ļs es preciso que contemplemos el bautismo con que nosotros fuimos bautizados, y que nos contemplemos a nosotros mismos como bautizados. Nuestro bautismo, ¬Ņes de agua o es de Esp√≠ritu? El nuestro es el bautismo de Jes√ļs. Pero, ¬Ņsomos conscientes de que hemos sido bautizados en Esp√≠ritu y fuego?

     Uno piensa que a la inmensa mayor√≠a de los cat√≥licos nos hace falta fuerza espiritual, m√°s a√ļn, la fuerza del Esp√≠ritu. El Esp√≠ritu nos fue dado, el Esp√≠ritu est√° ah√≠, queriendo actuar en nosotros, pero es preciso darse el espacio, ponerse en silencio, estar a la escucha, disponerse, ser d√≥ciles a sus impulsos. Es necesario que aprendamos a entrar en oraci√≥n, oraci√≥n verdadera, que aprendamos a ir entrando en las profundidades del Esp√≠ritu, para discernir sus impulsos, sus luces. S√≥lo con esta calidad espiritual podremos movernos en el mundo como verdaderos cristianos. ¬ŅC√≥mo vive un bautizado con el Esp√≠ritu Santo? As√≠ como Jesucristo. Convendr√≠a repasar pausadamente las p√°ginas de los cuatro evangelios siguiéndole los pasos a Jes√ļs, para contemplar c√≥mo se deja llevar por el Esp√≠ritu de Dios, c√≥mo se acerca a los m√°s pobres, a los peque√Īos, c√≥mo ejerce la compasi√≥n que es propia de Dios, c√≥mo levanta a los ca√≠dos, c√≥mo incluye a los excluidos, c√≥mo derrocha vida por donde quiera que pasa. As√≠ es todo cristiano que deja actuar al Esp√≠ritu de Dios en él.


 

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