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ASÍ ES EL CORAZÓN DEL PADRE
Comentario a Lucas 15,1-3.11-32.
Evangelio del 4º domingo de cuaresma - C
10 de marzo del 2013
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 

    San Lucas es conocido como el evangelio de la misericordia. Los cuatro evangelistas nos hablan de la misericordia de Dios, pero san Lucas la acentúa mucho más a través de la actuación y de la enseñanza de Jesucristo, como lo comprobamos palpablemente en esta parábola que es exclusiva de este evangelista.

     En el capítulo 15, como lo escuchamos, san Lucas nos platica que los publicanos y los pecadores se le acercaban a Jesús para oírlo. Y se le acercaban precisamente porque él los recibía con alegría, tal como lo expresa en sus siguientes parábolas. La gente más religiosa: los escribas y fariseos se molestaban por eso, y lo criticaban diciendo: "éste acoge a los pecadores y come con ellos”. Les propone tres parábolas para describirles magistralmente cómo es el corazón del Padre cuando un hijo se le pierde al caer en situación de pecado, aún antes de que tome la decisión de retornar a él. Ahí tienen en su Biblia las tres parábolas. Hoy hemos proclamado solamente la tercera. Pero son bien parecidas: un hombre tenía 100 ovejas y pierde una; una mujer tenía diez monedas y pierde una; un padre tenía dos hijos y se le pierde uno. En las tres parábolas Jesucristo acentúa la alegría que se siente cuando se recupera algo o alguien que se ha perdido. Convendría que cada uno de nosotros hiciera un recuento de aquellas veces que hemos perdido algo y lo hemos recuperado. Revivir esta experiencia nos ayuda a comprender la actitud del Padre eterno. Cada uno de nosotros sufre cuando se le pierde una cosa, y cada uno de nosotros se alegra cuando la recupera, no se diga si lo que se pierde ha sido un hijo. Si esto último nosotros no lo hemos vivido en carne propia, los medios de comunicación nos ponen en contacto con aquellos encuentros tan emotivos de la familia que recupera a un hijo perdido.

     Así nos describe Jesucristo la experiencia del Padre de las misericordias. Vean en su Biblia los detalles de la emoción del Padre: son los versículos 20 y siguientes del capítulo 15:

     El Padre lo vio de lejos, a su hijo, y conmovido o enternecido profundamente corrió a su encuentro, se echó a su cuello y le besó efusivamente. Con prontitud le mandó vestir, calzar, poner anillo, y le organizó una carne asada y una fiesta en grande. Todavía más, tuvo corazón para invitar a su hijo mayor, el que no se le había perdido, para que participara de su fiesta, de la gran fiesta del corazón por haber recuperado a su hijo, el de sus entrañas. Este hermano se niega a llamarlo hermano, pero el Padre se lo recuerda.

     Traslademos esta parábola a nuestra vida, a nuestro entorno social y aprovechemos esta cuaresma, tanto para nuestra conversión personal, como sobre todo para nuestra reconciliación social. Nuestra sociedad se encuentra sumamente quebrada, destruida, es preciso que nosotros colaboremos en su reconstrucción profunda impregnando con el espíritu del Padre todas nuestras relaciones entre seres humanos.

 

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