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TAMPOCO YO TE CONDENO
Comentario a Juan 8,1-11.
Evangelio del 5º domingo de cuaresma - C
17 de marzo del 2013
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 

     Este pasaje que encontramos en el evangelio según san Juan tiene un fuerte sabor a san Lucas. Los estudiosos de la Biblia dicen, y es muy de creerse por su vocabulario, su narrativa, etc., y porque está claramente fuera de lugar en el capítulo 8 de san Juan, que bien podría colocarse al final del capitulo 21 de san Lucas. Así es que podemos decir que todos los domingos de esta cuaresma hemos estado escuchando a san Lucas. Y esta escena que es exclusiva de Lucas.

     Jesús estaba en los atrios del templo de Jerusalén, ahí había estado recibiendo a distintos grupos en un plan de polémica, pero también estaba enseñando a la gente. Es ahí donde le traen los escribas y fariseos a esta pobre mujer sorprendida en flagrante adulterio. Sus intenciones no eran consultar la sabiduría de un rabino o maestro en la ley de Moisés sino claramente ponerle una trampa. Si lograban que Jesús condenara a la mujer, lo harían aparecer en incoherencia con toda su praxis misericordiosa entre los pecadores. Pero si la absolvía de la pena que pesaba sobre ella, entonces podrían acusarlo de violar la ley de Moisés. Querían poner a Jesús entre la espada y la pared.

     Pero fijémonos bien: ¿qué dice la ley de Moisés? Leemos tanto en el libro del Levítico como en el Deuteronomio 22,22: "Si se sorprende a un hombre acostado con una mujer casada, morirán los dos: el hombre que se acostó con la mujer y la mujer misma. Así harás desaparecer de Israel el mal”.

     Hay que notar que los escribas y fariseos solamente hacen comparecer a la mujer. Aquí falta alguien en la escena. En esta sociedad machista se cargaba la culpa sobre las mujeres, como todavía se hace hoy en día. Ellos mismos están cayendo en contradicción porque al hombre lo han exculpado. Y nosotros también, porque todavía cargamos más la tinta sobre la mujer que sobre el hombre.

     Jesucristo no responde a su pregunta, o les responde con indiferencia a sus ansias de ponerle una trampa y se pone a escribir en el suelo con el dedo. No nos dice el evangelista qué significa esta actitud. Aquellos hombres no captaron el mensaje de Jesús, y continuaron insistiendo en su pregunta, no podían dejar ir esa oportunidad dorada para hacerlo caer.

     Y para sorpresa nuestra y de ellos les responde con una sabiduría que sólo el Hijo de Dios tiene: "el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. Con estas pocas palabras Jesucristo no sólo esquiva la trampa, sino sobre todo descubre el corazón de ellos, los pone frente a su propia conciencia, les pone un espejo para que se miren a sí mismos. Y el evangelista, con mucho tino, nos cuenta que se fueron retirando uno a uno empezando por los más viejos. Cuántos pecados se les vendrían encima a cada uno de ellos con esa frase tan breve de Jesús que se ha convertido ya en patrimonio de la humanidad, porque la repiten las canciones, las películas, los medios de comunicación, es parte de nuestro lenguaje y reflexión popular.

     Jesucristo nos enseña a no guardar en nuestro corazón una actitud condenatoria hacia ningún pecador. Los correctivos pueden ser necesarios, la protección hacia los más débiles debe ser nuestra primera preocupación, pero condenar por condenar, y sobre todo condenar a muerte, eso no es propio de los discípulos de Jesús. "No vuelvas a pecar”, ciertamente así la despide Jesús, porque el pecado no lo quiere Dios ya que nos destruye a todos. Jesucristo no quiere el pecado pero sí quiere a los pecadores.

      Además de que aprendamos a no condenar, en esta cuaresma aprovechemos la palabra de Jesucristo para mirarnos a nosotros mismos, mirar nuestros pecados. También a nosotros Jesucristo nos dice: "Yo no te condeno, pero en adelante, no vuelvas a pecar”. En esta sociedad aprendemos y fomentamos mucho la condenación de los demás. Aprendamos de Jesús su misericordia. Ejerzamos la misericordia aún para con nosotros mismos. Mucha gente muy herida en nuestra comunidad precisa de una palabra de consuelo: no te hundas en tu pecado debemos decirles y decirnos a nosotros mismos. No te condenes, mejor no vuelvas a pecar.

 

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