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EL QUE ME AMA, CUMPLIR√Ā MI PALABRA
Comentario a Juan 14,23-29, evangelio del 6¬ļ domingo de pascua
5 de mayo del 2013
 
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     Seg√ļn san Juan, Jesucristo toc√≥ muy diversos temas en la √ļltima cena que celebr√≥ con sus disc√≠pulos, aquella noche del jueves (vigilia del viernes) antes de su muerte en la cruz. Este evangelio le dedica cuatro cap√≠tulos a estas instrucciones (del 13 al 16, incluso la oraci√≥n del 17). Son cosas que se ve que esta comunidad apost√≥lica hab√≠a comprendido bien de Jesucristo al entrar espiritualmente tan hondo en su coraz√≥n de buen pastor. Jesucristo quer√≠a que todas estas ense√Īanzas se quedaran bien grabadas en sus disc√≠pulos: el servicio que les mand√≥ después de darles ejemplo lav√°ndoles los pies a ellos; el mandamiento del amor entre hermanos, como él mismo los hab√≠a amado; la unidad tan estrecha o comuni√≥n que él hab√≠a querido establecer con sus disc√≠pulos, como una vid y sus sarmientos.

     Hoy la Iglesia nos hace contemplar con obediencia estas ense√Īanzas y encargos del cap√≠tulo 14. Son como el testamento de un moribundo, porque eso era Jesucristo en ese momento, a unas horas de entregar su vida en una cruz.

     "El que me ama, cumplir√° mi palabra‚ÄĚ. M√°s claro ni el agua. Ésta es la imagen del auténtico creyente en Jesucristo, el que cumple su Palabra de Maestro, el que la cumple por amor. En la Iglesia cat√≥lica hablamos mucho de la Palabra de Dios, le hacemos mucha propaganda, al menos entre la jerarqu√≠a, pero nos quedamos en la mera propaganda. Todav√≠a no se llega el momento en que pongamos a la Palabra de Jes√ļs como la base de toda nuestra actividad pastoral, como el alma de toda pastoral; todav√≠a no se llega el momento en que la pastoral b√≠blica impregne nuestros planes pastorales diocesanos y parroquiales. Le hacemos mucha propaganda a la Biblia pero no se llega el momento en que, empezando por los mismos sacerdotes, no se diga los cat√≥licos de la base, nos pongamos a estudiarla con coraz√≥n de disc√≠pulos, a dedicarle tiempo a ese estudio, a poner esa Palabra en su justo lugar, como lo m√°s importante de toda nuestra religiosidad, de toda nuestra espiritualidad, muy por encima de cualquier otra devoci√≥n de las tantas que tenemos. No nos conviene, no nos ha favorecido el suponer que estamos cumpliendo su Palabra sin haberla estudiado. Pensamos que por el solo hecho de ser Iglesia cat√≥lica ya por eso estamos en sinton√≠a con su Palabra. Pero no. Hay que reconocer que hay un abismo enorme entre la Iglesia que nos hemos edificado, sobre nuestros propios criterios humanos, calcando muchas veces los esquemas de la sociedad y de los poderes humanos, y la Palabra o ense√Īanza evangélica tal como nos la transmiten los santos evangelios. Por ello es necesario e indispensable que nos pongamos a estudiar los santos evangelios y fincar sobre ellos toda nuestra vida de fe, y nos dispongamos con valent√≠a a cambiar toda esta estructura eclesi√°stica que nos hemos construido, e incluso toda nuestra liturgia, toda nuestra legislaci√≥n y todas nuestras costumbres cat√≥licas que tengamos que cambiar.

     M√°s todav√≠a, para reforzar este encargo de despedida, Jesucristo nos dice que si cumplimos su Palabra, el Padre nos amar√° y ambos har√°n su morada en cada uno de nosotros: hablemos de personas y de comunidades obedientes a su Palabra.

     Por experiencia sabemos que el s√≥lo decir "te amo‚ÄĚ no es suficiente. ¬°C√≥mo se usa en la tele, en las canciones, en el argot socialito el decir con tanta facilidad "te amo‚ÄĚ! Son los hechos los que acreditan el amor. Y Jesucristo, que tiene esa sabidur√≠a √ļnica de Maestro, no se deja llevar por las solas palabras, ni s√≥lo por los ritos externos, él nos pide una obediencia palpable a su Palabra como la verificaci√≥n del amor que le tenemos: "el que no me ama, no cumplir√° mis palabras‚ÄĚ. ¬ŅSe puede edificar una vida cat√≥lica prescindiendo de la Palabra de Jes√ļs? ¬ŅSe puede edificar una Iglesia cat√≥lica prescindiendo de la Palabra de Jesucristo?

     Jesucristo toca en esta √ļltima cena con sus disc√≠pulos, seg√ļn el evangelio de san Juan, un punto que es esencial en nuestra din√°mica cristiana: la Palabra unida a la inspiraci√≥n del Esp√≠ritu Santo. El cristiano debe de saber que es indispensable estudiar la Palabra de Jes√ļs, pero también que, sin la inspiraci√≥n del Esp√≠ritu Santo, nuestro estudio ser√≠a en vano, porque no es nuestra inteligencia humana la que nos hace comprender a fondo la Palabra de Jes√ļs, sino la inteligencia del Esp√≠ritu. Por ello es el Esp√≠ritu el que nos hace caminar por el sendero de Jes√ļs. Ni pensemos tampoco que no es necesario tomarnos la molestia de estudiar la Palabra del Maestro porque la sola oraci√≥n al Esp√≠ritu es suficiente para caminar como cristianos. Yo creo que algunos de nuestros grupos cayeron en ese enga√Īo, en el pasado, pensando que el Esp√≠ritu les hablaba lo que bien se le ocurr√≠a (no al Esp√≠ritu sino al que se pon√≠a en oraci√≥n), y la verdad que las cosas sal√≠an por todos lados, de una manera por dem√°s subjetivista. No. Aqu√≠ se deja ver que la intenci√≥n de Jesucristo es que el Esp√≠ritu sea el que nos haga comprender su Palabra que ya est√° escrita en los santos evangelios, y no tanto hacerlos a un lado a ellos, porque el Esp√≠ritu se pone al servicio de la Palabra.

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