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NO TENGAMOS MIEDO
Comentario al evangelio del domingo 19º ordinario, 11 de agosto del 2013
Lucas 12,32-48.
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     ¿Recuerdan que el domingo pasado Jesucristo le respondía a aquel hombre que se cuidaran de la codicia? Este hombre reclamaba su parte de la herencia ante su hermano. Jesús le decía a él y a la multitud una parábola: el hombre que tuvo una gran cosecha pero que esa misma noche iba a morir. La conclusión de nuestro Señor era: "así le pasa al que atesora para sí mismo y no para Dios”.

     Pues continúa Jesús ampliando su enseñanza sobre la pretensión sobre los bienes materiales. Los versículos 22 al 31 de este capítulo 12 de san Lucas no los leemos en el leccionario, la lectura de hoy comenzó en el v. 32. Se los repito para que entendamos mejor a qué se refiere esa frase de hoy: "No temas pequeño rebaño”.

     Antes nos dice Jesús: "No anden preocupados por su vida, qué comerán, ni por su cuerpo, con qué se vestirán: porque la vida vale más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido; fíjense en los cuervos: ni siembran, ni cosechan; no tienen bodega ni granero, y Dios los alimenta... Fíjense en los lirios, cómo ni hilan ni tejen. Pero yo les digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba que hoy está en el campo y mañana se echa al horno, Dios así la viste ¡cuánto más a ustdes, hombres de poca fe! Así pues, ustedes no anden buscando qué comer ni qué beber, y no estén inquietos. Que por todas esas cosas se afanan los gentiles del mundo; y ya sabe su Padre que tienen la necesidad de eso. Busquen más bien su Reino, y esas cosas se les darán por añadidura”. (Lucas 12,22-31).

     Es continuando con esa invitación a la confianza extrema en Dios nuestro Padre como Jesús nos dice: "No temas pequeño rebaño”. Son unas palabras llenas de ternura, así las sentimos: por lo de no temas, por lo de pequeño, por lo de rebaño. En aquel tiempo los seguidores y seguidoras de Jesús eran pocos. Cuando se escribió el evangelio según san Lucas igualmente seguían siendo unas comunidades pequeñas, muchas pero dispersas, eran una Iglesia pobre y despojada de poder humano, como Jesús ha querido siempre a su Iglesia. ¿Por qué no debemos tener miedo? "Porque tu Padre ha tenido a bien darte el Reino”. Si comprendiéramos lo que es el Reino del Padre, en verdad que no temeríamos a nada, ni a quedarnos sin nada, porque en el Reino lo tenemos todo: la vida, la felicidad, la paz, a Dios mismo.

     Por eso la consecuencia es ésta: "Vendan sus bienes y den limosnas. Consíganse unas bolsas que no se destruyan y acumulen en el cielo un tesoro que no se acaba, allá donde no llega el ladrón, ni carcome la polilla". Los católicos de seguro no estamos dispuestos a hacer eso. La razón es que todavía no estamos tan seguros del Reino de Dios. Pero podemos estarlo poco a poco. Para Jesucristo resultó muy fácil decirlo y vivirlo pero a nosotros no, sobre todo en estos tiempos en que se nos presentan tantos satisfactores, pero también tantas necesidades fundamentales y creadas. Sin embargo, no debemos desechar las palabras de Jesucristo. Queremos colocarnos a la obediencia de sus enseñanzas, para eso nos habíamos sentado a sus pies, como María, para escucharlo con cariño, porque él es nuestro Maestro y nosotros sus discípulos. Jesucristo primero vivió lo que nos enseña, y no se equivocó.

     Ésa es la manera de vivir de los cristianos. Antes de deshacernos de nuestros bienes materiales, podemos empezar por acumular bienes espirituales: estudio de la Palabra de Jesús en los santos evangelios, la misa dominical, momentos cada vez más intensos de oración, servicio gratuito a la Iglesia y a la sociedad, caridad para con los más necesitados, apostolado, etc. Hacer todo eso gratuitamente, sin pensar que estoy perdiendo dinero, o que ese tiempo lo podría utilizar en alguna actividad remunerada. Y así, poco a poco, iremos entrando en el itinerario de Jesucristo, viviendo como él mismo vivió su vida.

     Si Jesucristo en este pasaje nos habla de vigilancia, es ésta la vigilancia a la que se refiere, una vida permanentemente puesta en el Reino de Dios que viene con su persona.

     La pregunta de Pedro es sólo la ocasión para que Jesucristo nos hable de la responsabilidad con que se debe conducir la Iglesia, sobre todo de parte de sus líderes. Así es que pongamos atención los obispos, los sacerdotes, los catequistas, celebradores. Debemos administrar las cosas de la Iglesia con cuidado y responsabilidad, dándole a cada quien lo que le toca.
 

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