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¿CREEN QUE HE VENIDO A TRAER PAZ A LA TIERRA?
Comentario al evangelio del domingo 20º ordinario, 18 de agosto del 2013
Lucas 12,49-53.
Carlos Pérez Barrera, Pbro.

     Estas palabras de nuestro señor Jesucristo que acabamos de escuchar en el evangelio deben de sorprendernos fuertemente hasta dejarnos confundidos. ¿No es así? Pareciera como si estuviéramos oyendo a un guerrillero que nos invita a la violencia. ¿Pensábamos nosotros que Jesucristo había venido a traer paz a este mundo? Pues eso seguimos pensando pero ahora él nos dice que no, que no ha venido a traer paz sino división, que vino a prenderle fuego a este mundo.

     San Lucas es el evangelista que nos presenta a Jesucristo, desde un principio, como el que viene a traer la paz al mundo, al menos así lo cantaban los ángeles que fueron a convocar a los pastores por el nacimiento del niño Jesús. ¿Cómo nos dice ahora el mismo Jesucristo que si acaso pensamos que él ha venido a traer la paz a la tierra? ¿Ustedes qué piensan?

     Ante estas palabras de nuestro Señor, lo que debemos hacer es, primero, escucharlas con el corazón abierto, tratar de entenderlas, preguntarnos qué es lo que nos quiere decir el Maestro. Esto es lo primero. Segundo, acogerlas con obediencia. Para eso es él el Maestro y nosotros los discípulos, no para que nosotros le digamos lo que tiene que decir sino al contrario, él tiene la palabra autorizada. Nosotros no le vamos a disponer a qué tiene que venir a este mundo.

     En los versículos que siguen, que no leímos hoy, Jesucristo nos pide que hagamos ejercicio de discernimiento. Lo dice con estas palabras: "Ustedes saben explorar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no exploran, pues, este tiempo?” (Lucas 12,56). Ante el mensaje tan golpeante que escuchamos hoy, no demos respuestas simplistas, mejor tratemos de discernir lo que Jesús nos enseña y lo que el tiempo, nuestro tiempo, nos va diciendo.

     Así es que, echémosle una mirada a todo el evangelio de san Lucas para tratar de entender un poco la enseñanza de Jesús. Por un lado, el evangelista san Lucas nos ofrece estos pasajes donde nos presenta a Jesucristo como el que viene a traer la paz a este mundo:

-    Lucas 1,79.- La luz que viene de lo alto viene a guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

-    Lucas 2,14.- Los ángeles, en el nacimiento, cantaban gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres.

-    Lucas 7,50; 8,48.- Jesucristo despide a las personas diciéndoles: "vete en paz”.

-    Lucas 10,5.- Jesucristo envía a sus discípulos con el saludo de la paz a las casas donde lleguen.

-    Lucas 19,38.- Sus discípulos lo introdujeron a la ciudad de Jerusalén con esta aclamación: "paz en el cielo y gloria en las alturas”.

-    Lucas 19,42.- Jesucristo llora por Jerusalén diciendo: "¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz!”

-    Lucas 24,36.- Finalmente, la paz es el saludo del Resucitado, nos dice el evangelista, cuando se presentó Jesús ante los Once.

     Pero en cambio, la vida de Jesucristo no fue tan pacífica. Desde pequeño de brazos, Simeón profetizaba: "Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción”.

     Y así lo vemos, en conflicto constante con los fariseos, los escribas, los sumos sacerdotes. Un primer conflicto lo vivió Jesucristo en Nazaret, su patria, donde sus paisanos lo sacaron de la sinagoga y querían despeñarlo (Lc 4,28).

     Vinieron luego discusiones sobre el ayuno, el perdón de los pecados, el sábado. Hasta que finalmente se enfrentó con los sumos sacerdotes, en los atrios del templo de Jerusalén. Y este conflicto final lo condujo a la muerte en la cruz. Si contemplamos a Jesucristo crucificado, no nos extraña que nos diga ahora que no viene a traer la paz a este mundo, sino la división. Él mismo vivió la división especialmente con gente muy religiosa.

     ¿Y qué le ha seguido a Jesucristo crucificado? Una larga lista de mártires. ¿Acaso le podremos llamar paz al derramamiento de sangre que han sufrido tantos cristianos por causa de Jesús? Entonces sí le entendemos a qué se refieren sus palabras. Dios quiere la paz, la verdadera paz, la paz de Dios para esta pobre humanidad, pero son nuestras limitaciones, nuestros pecados, odios, egoísmos, lo que provoca la división y tantas desgracias.

     Podemos decir en conclusión que Jesucristo no nos envía a hacer la guerra y la división a este mundo, sino que nos vamos a encontrar, en nuestro envío al mundo, con la guerra, la violencia y la división, y nos va a tocar padecerlas por el nombre de él.

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