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LLEVEMOS AL MUNDO LA BUENA NOTICIA DE JESUCRISTO
Comentario al evangelio del domingo mundial de las misiones, 20 de octubre del 2013
Marcos 16,15-20.
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
 

(Nota.- El Leccionario litúrgico ofrece varias opciones de lecturas para este domingo mundial de las misiones. En nuestras misas se puede escoger cualquiera de esos conjuntos de lecturas. Yo comento el evangelio que Buena Prensa ha colocado en el Misal Anual y en el Misal Mensual, por ser la lectura que muchas personas tienen a la mano).

 

     Hoy celebra la Iglesia el domingo mundial de las misiones, ¿qué sentido tiene esta celebración? Hoy y siempre la Iglesia quiere recordarnos y recordarse a sí misma que somos Iglesia misionera o no somos Iglesia; que cada uno de nosotros es un discípulo misionero de Jesucristo. No existe una Iglesia para sí misma ni un cristiano para sí mismo. Un católico que sólo se preocupa por su propia salvación, no es en definitiva discípulo de Jesucristo. Esto lo aprendemos de la persona de Cristo: él no vino para acreditarse a sí mismo, vino a este mundo para acreditar los planes de salvación de Dios Padre, se puso enteramente al servicio de la Obra del Padre. Jesucristo tuvo siempre la conciencia clarísima de ser un enviado, el Enviado del Padre.

     La palabra "misionero” es sinónimo de "enviado”, es alguien que va a cumplir un encargo que le da otra persona. Actualmente los católicos hemos formado una iglesia y una religiosidad estancada, estática, estacionada, como una mera membresía a la que se pertenece de nombre. Hemos hecho de nuestra Iglesia como un club social. La inmensa mayoría de nuestros católicos son católicos eventuales, de eventos: viven su catolicismo con la ocasión de un funeral, una boda, unos quince años.

     Pero no se trata de eso. Vayamos al comienzo del evangelio de san Marcos. Jesucristo apareció a orillas del lago de Galilea y comenzó a llamar a personas en su seguimiento. "Sígueme”, era su llamado. Y desde el principio les dijo a aquellos pescadores para qué les pedía que lo siguieran, para hacerlos pescadores de hombres, de personas. Vean el capítulo 1 de san Marcos.

     Esto de la pesca de personas hay que entenderlo en el mismo pensamiento de Jesucristo. No se trata de una labor proselitista, es decir, simplemente conseguir gente para agradar nuestro club social. Jesucristo no hizo labor proselitista. Jesucristo le hizo llegar a las gentes una buena noticia, especialmente a los pobres, a los enfermos, a los sufrientes y excluidos de la sociedad, y a partir de ellos a todos los demás: les hizo llegar la buena noticia de que tienen un lugar de privilegio en el corazón de Dios Padre, que él los ama, que no quiere que padezcan ninguna clase de exclusión o de sufrimiento, que Dios Padre tiene un proyecto, y ya está caminando en el mismo Jesucristo, de hacer un nuevo reino con toda esa gente, un mundo nuevo, una nueva sociedad, donde reinen su amor y su justicia, la igualdad, la fraternidad, la inclusión de toda persona, quiere el Padre un mundo de felicidad, de alegría, de plena realización de cada persona. Esta buena noticia se encarna en el mismo Jesucristo. Él es todo para nosotros, por eso hemos recibido su llamado y estamos dispuestos a dejar todo lo necesario para seguirlo.

     Páginas más delante en su evangelio, en el capítulo 6, san Marcos nos platica que Jesucristo envió a sus discípulos a misionar, les dio poder sobre los espíritus malos, los envió a curar a los enfermos y a predicar la conversión. Ésta es la Iglesia que Jesucristo quiere para sí. Nos llama en su seguimiento para enviarnos a proclamar su buena noticia como él quiere.

     Todos los católicos debemos tener esa clara conciencia de que somos enviados de Jesucristo. En la última página de este evangelio, y lo acabamos de escuchar, la comunidad de san Marcos nos cuenta que Jesucristo nos envía a todas las gentes con estas palabras: "Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura”. Ésta es la conciencia que debemos retomar como Iglesia y cada quien en lo personal. Jesucristo nos ha llamado para que colaboremos en su obra. No debemos dejar de ser discípulos suyos, como tampoco debemos dejar de ser sus enviados. Debemos estudiar la persona de Jesucristo en los santos evangelios para así llevarlo a todas las gentes de nuestro mundo, porque estamos superconvencidos de que él es la Buena Noticia del Padre para este mundo.

     Así debemos presentar a todas las gentes que Jesucristo es la buena noticia de la salvación y de la salud, la buena noticia del amor del Padre para todos los seres humanos, que Jesucristo es la alegría y la verdadera felicidad, que debemos convertirnos, es decir, cambiar radicalmente, para que se realice ese mundo nuevo en Jesucristo que el Padre quiere para todos. Habría que preguntarnos si de veras estamos convencidos de la novedad y de la bondad de Jesucristo.

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